La felicidad no es sino la satisfacción duradera y placentera que da sentido a la existencia humana más allá de la realidad concrecional y sus engorrosas circunstancias.

Como se ha de saber, la realidad está constituida por múltiples aspectos, relaciones, propiedades, elementos y características intrínsecas.

La razón, facultad principal del conocimiento, por más que lo quisiese, no podría aprehender la realidad en su conjunto porque varía constantemente y, además, es diversa e infinita.

De ahí la permanente insatisfacción y la felicidad infeliz que, muy a menudo, afecta drásticamente a los ilusos que viven engañados, con muchos deseos no cumplidos y necesidades interminables que no podrían encarar.

En vez de prolongada, sus instantes de felicidad son fugaces, mientras la infelicidad y la desazón le producen un vacío existencial duradero.

La causa esencial de esa infelicidad se debe a los muchos deseos insatisfechos que les impiden tener tranquilidad y estabilidad emocional.

No obstante, pretende, en todo momento, aparentar una felicidad que, en realidad, no tiene.

Y prefiere el desasosiego desgarrador y la desdicha de consumirse consumiendo.

Consciente de eso y de la invariable infinitud de la realidad, Vargas Llosa haría su apuesta por la ficción, los rejuegos creativos de la imaginación y el pensamiento.

Según su parecer, la ficción completa la realidad, en tanto satisface las insatisfacciones que genera en el interior del sujeto.

Significa, entonces, que la ficción ofrece lo que a la realidad le falta.

Ahora bien, cabría recordar que no sería posible la pura ficción, ya que siempre tiene como punto de partida una determinada porción de realidad.

Y no podría ser de otro modo.

Sin embargo, muy a pesar de eso, el sujeto escritor logra alcanzar, mediante el buen uso de la ficción, una felicidad imaginaria y, a la vez, real y duradera, exenta, como se habría de suponer, de infelicidad y vaciedad de sentido.

Debido a la ficción, Vargas Llosa viviría prolongados momentos de felicidad, sin prestar la más mínima atención a las estrategias mercadológicas y publicitarias del mercado consumista.

Por eso, no se consumió consumiendo.

La disciplina, la intensa vocación de leer, pensar y escribir ficciones, le permitieron ser sí mismo y disfrutar una felicidad material y subjetiva cien por ciento duradera.

Joseph Mendoza

Joseph Mendoza. Comunicador social y filósofo con postgrado en Educación Superior, obtenidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Magister en filosofía en un Mundo Global en la Universidad del País Vasco (UPU) y la UASD. Además, es profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene varios libros, artículos y ensayos publicados y dictados conferencias en la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

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