Un día como hoy, 11 de mayo de 1946, murió a bordo de un tren en Argentina el más grande e ilustre dominicano de la cultura y el pensamiento humanista: Pedro Henríquez Ureña.

Y, sin embargo, el silencio resulta doloroso.

Ni el Ministerio de Cultura, ni gran parte de nuestros intelectuales, académicos o medios han recordado con la dimensión debida la fecha de la muerte de quien elevó el nombre de la República Dominicana a la cima del pensamiento hispanoamericano. Tampoco yo había advertido hasta hoy el peso histórico y moral de este 11 de mayo.

Pedro Henríquez Ureña no fue solamente un brillante filólogo o ensayista. Fue la conciencia crítica de una América que buscaba identidad, dignidad y profundidad cultural. Un hombre que entendió que la cultura no era ornamento, sino fundamento moral de los pueblos.

En 1931 regresó al país movido por el amor a su patria y el deseo de transformar la educación dominicana. Pero chocó con la estrechez y el autoritarismo de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. No aceptó someter su pensamiento ni convertir la educación en instrumento de obediencia política. Prefirió marcharse antes que claudicar.

Abandonó el país en 1933 y nunca regresó mientras existiera la tiranía. Incluso, según diversos testimonios, dejó expresado que sus restos no debían volver a la República Dominicana mientras Trujillo gobernara.

Pedro Henríquez Ureña, su esposa Isabel Lombardo Toledano de Henríquez, y sus hijas, Sonia y Natacha.

Murió como vivió: trabajando, enseñando, pensando. Cayó en un tren rumbo a sus clases universitarias en La Plata, Argentina, entregado hasta el último instante al conocimiento y a la enseñanza.

Tal vez una de las tragedias silenciosas de nuestra sociedad es que muchas veces olvidamos a quienes verdaderamente construyeron la grandeza espiritual e intelectual de la nación. Recordamos más el ruido que la profundidad; más el espectáculo que el pensamiento.

Hoy debería ser un día de reflexión nacional.

Porque mientras un país no honra plenamente a sus grandes maestros, también corre el riesgo de perder el rumbo de su memoria, de su cultura y de su conciencia.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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