A:

El pequeño grupo que elegimos estar allí.

Elegir. Todo en la vida es una elección, aunque a veces parezca que el destino lo haga por nosotros: Libertad o cautiverio, soledad o compañía, dulce o amargo, "ser o no ser", vino tinto o blanco. Elegimos hasta cuando no nos toca hacerlo.

Es "En el palacio de la esquizofrenia", Zona de Tolerancia Editores, primera edición, Santo Domingo, 2026, del poeta, ensayista y doctor en Literatura Hispánica de la Universidad de Texas, Médar Serrata (Santo Domingo, 1964), donde esa elección prima en la obra poética, en el lector y en el poeta mismo.

¿Tinto o blanco? 'En el palacio de la esquizofrenia' de Médar Serrata

Médar elige, dentro de la complejidad sinérgica del lenguaje, la maceración pelicular de la palabra. Serrata extrae el ritmo y la armonía del mundo exterior que lo rodea y lo extiende por todo el papel donde se exhibe el texto. Elige ser un poeta:

"A cada cual su día, a cada cual su rabia,
a cada cual su ruta espada enmohecida,
a cada cual su terco ser que se desangra,
su lengua atravesada por una púa inmensa,
la boca que ha cocido meticulosamente
con un hilo más fuerte
que el recuerdo incesante de la primera huida,
ciudad que es ya vestigio de tierra y río, aire,
paisaje atroz, tendido
frente a ese extenso mar de azules encrespados
que aprendieron a amar un día mis ojos,
con todo y su oleaje
cargado de impureza,
ciudad donde el futuro es siempre un lienzo en blanco,
y donde en cada cosa hay sólo incertidumbre
y donde cada día trae consigo
una esperanza que se cierra
como un viejo paraguas sin prodigios. (Pág.59)

En esa eutrofia del buen escribir, donde se nutren las palabras elegidas para el quehacer poético en "En el palacio de la esquizofrenia", la otredad “inspiracional” que embarga al autor hace del poema un racimo de nostalgia que acompaña cada verso plasmado:

"Hoy anda buscando mi libertad su altura.

La memoria
reclama su derecho a los sitios familiares,
los patios de una niñez que a la distancia de cien años
no parece tan terrible,
y pisa el viejo puente, corre entre las cañas,
sube riendo al campanario.
Yo, que nací dormido,
desnudo como un árbol
plantado en la oquedad de vagas abstracciones.
yo que crecí soñando la concreción del árbol
frondoso del lenguaje,
que me ofrece sus ramas
cargada de frutos imprevistos. ("10″) Fragmento. Pág.69

El autor de "Rapsodia para tontos", elige regresar a sus orígenes a una ciudad "[…] ovillada como un ciempiés herido, / como un monstruoso insecto / con cien zapatos enormes, / su población exhausta de rodar todo el día / por vías imposibles / sabiendo que al final de la jornada espera / el légamo verdoso de una noche sin luz, / el calor insoportable, / la nube de mosquitos que se ceban en la piel / y ese embriagante olor a Agua de Florida / que nos trae el recuerdo de algún cuerpo desnudo, / un cuerpo de negrura en incandescente, / entre sábanas raídas e imágenes de santos, / de seres que caminan / sobre esquirla de vidrio sin cortarse / y beben a pico de botella / largos sorbos de ron / y se pasan antorchas de cuaba por las plantas de los pies". (Pág.57); es ese sentir micorrícico de la  memoria lo que hace del poema una simbiosis entre el ayer y el ahora, entre lo fortuito y la burda elección coyuntural del tiempo:

"Y, sin embargo,
¿no está el árbol surgiendo sigiloso de la grieta,
aferrándose con fuerza a los escombros
de las viejas murallas,
de las casas de piedra
cubiertas de musgo verde,
a punto de caer en el estruendo
de una bandeja llena de cristales?
¿No está la rama cimbreando al viento en las alturas,
desatando el ala de su impaciente brío,
su ambición de espacio y de altitud,
su ansia?
¿No estamos nosotros recorriendo estas calles
como hace cinco siglos? (Poema 6). Fragmento. Pág.61.

Médar Serrata.

Y sin cortapisas, Serrata realiza un viaje hasta el centro mismo de lo adverso. Su poesía, como máquina del tiempo, traslada al lector a momentos de la historia que yacían  olvidados y que hace revivir desde las cenizas acumuladas en el recuerdo:" Durante casi veinte años, / despertó angustiado junto al mismo cuerpo; / un día se propuso borrarlo por completo". (Pág.31)." Cuando los perros de Drake subieron a sus barcos, / ninguno de nosotros existía todavía, / pero la Calle El Conde / ya conocía nuestros pasos, / la catedral los nombres de todos nuestros hijos, / todos los libros ya estaban escritos / y ninguno de nosotros era / ni más desgraciado ni más feliz por eso".(Pág.51)

José Mármol (Santo Domingo, 1960) Premio Nacional de Literatura 2013, apunta que, en "Nietzsche y el phatos de la modernidad", de su tesis de grado de la licenciatura en Filosofía (1984), recogido recientemente, en el libro "Metáforas del tiempo. Ensayos escogidos y tres diálogos filosóficos", Editora Nacional, 2026:" El hombre prefiere las utopías antes que lo inconmensurable de la oscuridad y la nada […] Se trata siempre de una elección voluntaria como medida que atribuye resistencia cierto sentido: aún en el peor de los casos, elección consciente de 《lo absurdo》, en cuanto confrontación del deseo, de la voluntad humana del infinito en medio de la delimitación finita del mundo". Y es esa elección poetizante de nuestro poeta Médar Serrata la que logra la concreción metafórica de iones cargados positivamente de una poesía que convive con el arte complejo de narrar:

"[..] Treinta días y treinta noches sus antorchas
lamieron estas piedras.
Treinta días y treinta noches de espanto.
Ni un almacén, ni un árbol,
ni un palacio
cuyas espléndidas cortinas
no fueran consumidas por el fuego.
Ninguno de nosotros existía todavía,
pero los muros de la vieja ciudad
nos vieron pasar alucinando,
cantando a viva voz por las calles vacías
ebrios de verdad y de belleza. (Fragmento). Pág.52

La voz de Médar se abre paso en el libre espacio del tiempo. Su poética abraza la riqueza varietal del producto imaginativo que habita " En el palacio de la esquizofrenia". En sus tres partes, el libro pasa de "sumar hechizos", "un goce perverso" hasta "una percha enorme donde colgar la piel". La variación diastrática de los versos de Serrata está presente, aunque parezca un solo conjunto estilístico.

Este libro ha de ser,  para las futuras generaciones, un referente idiomático donde se construye el lenguaje. El lenguaje que prefiere la indudable elección de la poesía.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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