Ya lo decíamos desde décadas atrás, y se fue haciendo oficial en los distintos informes de PISA, 2015, 2018, 2022 y, de nuevo, este año 2026: el nivel de comprensión lectora para la República Dominicana refleja un persistente estancamiento en el desarrollo de habilidades del lenguaje. Pues la inmensa mayoría de los estudiantes de quince años muestra serias dificultades para superar el nivel básico de alfabetización funcional, lo que limita su capacidad para identificar ideas principales o realizar inferencias en textos sencillos. Y aunque el alumnado destaca el acompañamiento constante de sus profesores y, supuestamente, existe un buen clima en las aulas, lo cierto es que, a la fecha, persisten distracciones ligadas al uso de dispositivos digitales. Y todo conduce a que el principal reto educativo del país continúa siendo el tránsito de la simple descodificación mecánica hacia la lectura crítica, reflexiva y analítica.
Es por ello que, consciente de la coyuntura crítica en que se encuentra nuestro país, en general, y la educación dominicana, en particular, con todos estos resultados negativos que venimos arrastrando como sociedad en evaluaciones tanto nacionales como internacionales, quisiera compartir con las autoridades y los docentes esta inquietud: ¿Cómo podrían mejorar los indicadores de lectura que plantea PISA, o cualquier entidad o buen ciudadano del mundo, sin el papel protagónico que debería dársele a la enseñanza y aprendizaje de la alfabetización y de la literatura?
Desde mi punto de vista, no hay lugar a dudas, la respuesta simple y directa es esta: Para mejorar los resultados en las evaluaciones de competencia lectora que proponen los distintos programas que evalúan el aprendizaje de los estudiantes, la alfabetización eficaz y la enseñanza de la literatura deberían ser obligatorias y enfocarse como un entrenamiento teórico-práctico, crítico y conceptual de alto nivel.
PISA, por ejemplo, mide fundamentalmente tres procesos cognitivos en lectura: localizar información; comprender e interpretar (inferir, resumir, relacionar); y evaluar y reflexionar sobre la forma y el contenido del texto. Entonces, digámoslo sin temor a dudas: La enseñanza de la literatura —concebida como una construcción racional objetivada en el texto escrito— es el vehículo más completo para potenciar estos indicadores. Y nuestra propuesta al respecto es la siguiente:
1) A nivel de currículo, es estrictamente necesario redefinir el programa de alfabetización para garantizar que nuestros niños y niñas aprendan a leer en el tiempo más prudente posible. Y aquí dejémonos de teorías bonitas pero sin fundamentos, pues los estudios científicos y las revisiones rigurosas sobre el desarrollo del lenguaje (englobados en lo que la comunidad investigadora denomina la ciencia de la lectura) coinciden de manera abrumadora en que el enfoque más eficaz para enseñar a leer y escribir es la enseñanza estructurada de la lectura, fundamentada en el método fónico explícito y sistemático.
2) Se hace necesario el fortalecimiento del nivel de reflexión y evaluación (análisis de la forma y la estructura). PISA exige que el estudiante analice cómo el autor construye el sentido a través de la forma, la intención y los recursos del texto. Entonces, desde la literatura, en lugar de limitar la lectura a la trama (el qué), la enseñanza literaria ha de instruir sobre el cómo: el análisis del punto de vista narrativo, la estructura de la trama, las figuras de pensamiento y los mecanismos de coherencia y cohesión. La idea es que, poco a poco, se desarrolle la capacidad de distanciamiento crítico, de modo que permita que el alumno no solo "consuma" el contenido, sino que juzgue la credibilidad, la estructura lógica y la efectividad del discurso.
3) Se debe desarrollar la inferencia compleja e intertextualidad, esto es, la capacidad de interpretación y comprensión. Puesto que los textos de mayor complejidad en PISA no entregan la información de forma explícita, sino que exigen inferencias pragmáticas y conceptuales. Y la literatura es, por naturaleza, un espacio de sentidos implícitos y presuposiciones. Por lo que el trabajo sistemático con figuras como la ironía, la alegoría o la polisemia habitúa al estudiante a leer entre líneas. Asimismo, el análisis intertextual (como conectar un poema del siglo XIX con un ensayo contemporáneo o un mito clásico) entrena la capacidad de relacionar textos diversos. De manera que el alumno adquiere fluidez para sintetizar ideas principales en textos extensos, para integrar información contradictoria y deducir la postura explícita o implícita del autor.
4) Gestionar el dominio de la diversidad tipológica y de formatos (textos continuos, discontinuos y mixtos), pues, aunque la literatura suele asociarse al texto continuo (narrativa, ensayo, poesía), la edición y el análisis literario moderno abarcan una pluralidad de soportes. En efecto, la inclusión en el aula de drama (teatro), narrativa experimental, poesía visual, literatura en medios digitales y textos narrativos acompañados de elementos paratextuales (notas al pie, prólogos, índices, mapas) acostumbra al estudiante a transitar entre diferentes planos de lectura. Así, con este tipo de experiencias, se transfiere destrezas directas para resolver ítems basados en textos discontinuos o múltiples (gráficos, esquemas, tablas articuladas con texto expositivo o argumentativo.
5) Se debe realizar la transición de la lectura egocéntrica a la lectura crítica y objetiva, pues uno de los mayores obstáculos en los indicadores de PISA es que los estudiantes suelen responder a las preguntas de reflexión basándose en sus opiniones personales o prejuicios, en lugar de apoyarse en la evidencia interna del texto. El caso es que la enseñanza de la literatura bajo criterios rigurosos conlleva a deslindar la vivencia psicológica del lector de las estructuras objetivas del texto (el significado inmanente del escrito). De manera que el estudiante aprende a justificar sus juicios mediante citas, evidencia textual y análisis conceptual. Con lo cual mejora sustancialmente las puntuaciones en las preguntas abiertas de «evaluación y reflexión», donde la clave de corrección exige argumentación fundada exclusivamente en el texto presentado.
6) Se debe conducir a la ampliación del léxico y la densidad conceptual, puesto que la competencia lectora está directamente correlacionada con el volumen del vocabulario y el dominio del metalenguaje (y porque, como dice Ludwig Wittgestein, “los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”). En efecto, la literatura es el ámbito de máxima riqueza y precisión léxica de una lengua. El contacto guiado con textos de alta calidad estética expone al alumno a términos abstractos, conectores supraoracionales complejos y estructuras sintácticas elaboradas. A partir de la experiencia literaria, aumenta la velocidad de procesamiento lector y la comprensión de textos informativos o científicos densos que emplean vocabulario académico.
Proclama final…
En fin, señoras y señores, puntualicemos… Que necesitamos volver a tener maestras y maestros vocacionales, especializados en alfabetización en el aula; planificadores y sistematizadores del proceso y, sobre todo, garantistas de resultados. Que necesitamos volver a tener la literatura en el aula; pero no de manera ocasional ni cualquierizada ni fragmentaria, como se la maltrata hace tiempo desde el currículo: La idea es llevar siempre literatura al aula, llevar literatura de alta calidad al aula y llevar obras literarias completas al aula. Usar la literatura para estimular a nuestras niñas y niños a interesarse por leer en la etapa prealfabética; leerles en voz alta y dramatizarles para estimular sus sentidos y la imaginación. Más claro aún: usar la literatura en el aula para acompañar y motivar a leer a nuestra niñez durante el proceso de alfabetización; programar este proceso sistemáticamente para garantizar que sigan leyendo las obras literarias que dan sentido al mundo que les rodea. Usar la literatura en el aula para que nuestros niños y adolescentes encuentren en ella saberes, ideas, emociones, diversidades y mundos posibles. Poesía para ser y estar y compartir. Poesía para pensar y sentir y dialogar. Poesía para aprender y aprehender. Poesía para resistir y proponer. Usar la literatura en el aula, hoy más que nunca, para que nuestra juventud busque de ella fuera del aula y se encuentre en ella reflejada, y encuentre el reflejo de toda la condición humana de la que somos parte, y a la que le debemos comprensión y solidaridad, en este mundo complejo que necesita lucidez, valentía, creatividad y amor que lo hagan humanamente habitable.
21 de septiembre de 2026
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