"Si yo no hubiese existido, alguna otra persona me habría escrito". William Faulkner

En el libro "La ficción histórica", el cual lleva por subtítulo "El arte literario de la fabulación", Archivo General De la Nación, volumen DIX, Santo Domingo, 2024, el doctor Bruno Rosario Candelier (Moca, 1941), afirma lo siguiente: “El proceso de la creación de una novela, un cuento o un relato, o de cualquier obra de ficción, implica inventar una historia y plasmarla con los procedimientos literarios, las técnicas de composición y los recursos de la palabra, para darle vida a lo que se llama ficción”. Y agrega: “Hay principios que debe aplicar un novelista. Por ejemplo, comenzar la narración con una acción, no con una descripción. Otro principio es la caracterización de los personajes que actúan en la novela y, en tal virtud, esos personajes deben caracterizarse”. La novela "Aurorita: La víspera del miedo", Editorial Santillana, colección Loqueleo, 2026, del poeta, escritor, dramaturgo, abogado, Premio Biblioteca Nacional De Literatura Infantil 2026, César Sánchez Beras, tiene todos los elementos, principios y leyes para ser lo que es: Una gran novela.

En ella se hallan todas las características que hace de una novela una obra de arte: La lascivia psicopatológica  de "Lolita" del escritor ruso estadounidense Vladímir Nabokov (1899-1977);  la ruralidad asfixiante de "Pedro Páramo", del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986); el desasosiego y la esperanza desmedida de "El coronel no tiene quien le escriba", del Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014); el abuso de poder  perverso de " La fiesta del chivo", del también Premio Nobel De Literatura peruano, con nacionalidad española y dominicana, Mario Vargas Llosa (1936-2025); la diferencia y lucha de clases de "La casa de los espíritus" de la escritora chilena Isabel Allende (1942); la denuncia social de "Rebelión en la granja" del escritor británico George Orwell (1903-1950), y lo fascinante es que toda esta red de eslabones se desarrolla en apenas 119 páginas.

"El no sentir la ficción…", escribía Mariano Baquero Goyanes (España, 1923-1984),"… como tal es el gran secreto y hasta la esencia misma de la novela, poseedora de ese mágico poder, que Ortega llamaba ´hermetismo´, capaz de hacernos olvidar momentáneamente nuestro mundo real, para dejarnos apresado en otro ficticio, tan denso y apasionante que no nos permite escapar". "Aurorita, la víspera del miedo" resulta ser indudablemente una gran novela atrapante.

Con un lenguaje sencillo, pensado para llegar hasta las mentes más jóvenes  y primeros lectores pero con la complejidad suficiente para satisfacer al leyente más experimentado y exigente, "Aurorita" nos conmina a realizar un viaje de doble vía en el cual nos encontramos en un punto chocante donde la decadencia frustrante de un alma arrogante y la prominencia de otra inocente y frágil se entrecruzan para hacernos testigos de una realidad que aún, en los tiempos actuales, afectas a miles de niñas en nuestro país:

"-Todavía es una niña- se dijo.

Procedió a humedecer la navaja en el agua enjabonada que tenía dispuesta en la palangana de cristal que había sido de su madre y se dispuso asentar el filo del instrumento en la lengüeta de piel que colgaba a un lado de la mesita. Tenía una barba escasa, de día y medio a lo sumo, la cual sobresalía en el terreno yermo de la cara por la ausencia de bigotes y la calva incipiente. Un asomo de pelillos blanquinegros  casi imperceptibles, era todo lo que había que rasurar; pero él sentía que atentaban contra su vieja costumbre de estar totalmente lampiño". (Pág.13).

Don César, nos permiten penetrar  la psiquis de los personajes, con una narración omnipotente y sin sobresaltos. Con oraciones cortas y activas aborda temas y estampas sociales con la facilidad de todo un maestro de las letras:

"El cura pensaba que don Victoriano era demasiado libidinoso para su edad, que ya rondaba los setenta. Por su parte, Victoriano pensaba que Jesús María era demasiado hombre para ser cura. La rencilla secreta entre aquellos dos seres venía de lejos. Haría cosa de diez años cuando el párroco se negó a casarlo. Para esa fecha, Don Vitoriano se las arregló para hacerse imprescindible en la familia de la que quería que fuera su esposa ante los ojos de Dios. Trataba con afabilidad desmedida a los padres. Estaba al pendiente por si les faltaba comprar una medicina o si necesitaban algunos enseres para la casa. Le prestaba dinero sin cobrar el por ciento de interés sobre la deuda, cooperaba con fiestas de cumpleaños, apadrinaba sobrinos, repartía víveres y frutas traídos desde su finca, y compraba uniformes escolares. Si la niña estaba rodeado de familiares y amigos, pronunciaba el nombre a secas; pero, en cualquier descuido, se pegaba de su oído y le decía: lindura, reina, niña hermosa. A veces solo la miraba fijamente y le adelantaba una amenaza velada:

-Tú no sabes cuánto te quiero". (Págs.19 y 20).

En "Aurorita", el autor describe situaciones que el cerebro del lector retrata y recrea tiempo después de su lectura, un engrama inolvidable que sella la experiencia sensorial en lo más profundo de nuestro sistema nervioso. Descripciones como las contempladas en el siguiente párrafo, define el drama como un movimiento perpetuo que permanece ondulante en el  sentir inviolable de las emociones somáticas y psíquicas:

"Hasta el mismo Emiliano, una vez la vio desnuda en la casita que ocupaban, sintió un ventarrón de lástima por aquel cuerpecito escuálido, con el pechito despoblado de mamas, sin caderas y con los ojos llenos de pavor, como un animalito atrapado en una jaula para el sacrificio. El padre de Adalgisa no hablo mucho del asunto. Se limitó a pensar que esa unión aligeraría la carga económica en que se había transformado la hija y vio la partida de la muchachita como un mal necesario. La madre simplemente la dejó ir, con dolor, como si fuera otro eslabón que se rompía de una cadena tortuosa e interminable de la que ella misma formaba parte". (Pág.28).

Ese movimiento constante, donde los personajes dialogan con ellos mismos, nos hacen participes de sus pensamientos y sentimientos. César Sánchez Beras,  como decía William Faulkner, se nutre de las alegorías de la conciencia moral, porque, al decir del Nobel de 1949, "las alegorías son incomparables" y es esa conciencia inconmensurable que hace del personaje actuante un manojo de emociones, dudas existenciales y respuestas imperfectas que se pueden ver plasmadas en todo ser humano:

"Al doctor No le hacía gracia la visita de don Victoriano. Detestaba  la prepotencia que encierran sus palabras. Con cada  llegada  suya a la clínica, Humberto Céspedes tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no mandarlo al carajo. Respiraba hondo y ejercitaba la virtud de la tolerancia. Sabía que hasta podía quedarse sin trabajo si cometía cualquier desliz por falta de tacto. Venía a su mente el refrán de su progenitora: el mal paso hay que caminarlo rápido". (Pág.32).

Los colores, esos de tonos grises que pintan las primeras horas de una mañana adusta, están presentes cinematográficamente en la narración de "Aurorita. La víspera del miedo". El autor encuadra las escenas con un paneo virtuoso, haciendo de los detalles los grandes protagonistas de una narrativa que destaca por su sencillez, pero con un cuidado perfecto de las técnicas novelísticas:

"Como de costumbre, las primeras dianas que entonaban las aves del rejón encontraron a don Victoriano despierto. Tenía un aspecto deprimente, como si un vendaval lo hubiese zarandeado, dejándolo a la vera del camino, desanimado y maltrecho. La barba de varios días atestiguaba su falta de interés para consigo mismo. Necesitaba con urgencia visitar el al barbero; pues, a medida que el pelo iba creciendo, las canas se hacían más notorias y el poco cabello que le quedaba adquiría un tono berrendo, como el de plumas con tinta tintes cenizos.

Estaba a medio vestir, calzando unas chancletas sin resguardo para el talón, y con dos correas cruzadas en forma de equis. Los tirantes sempiternos sujetaban el pantalón al cuerpo sin necesidad de usar el cinturón que le asfixiaba el estómago. La franela sin mangas le restaba lo poco de dignidad que tenía su indumentaria". (Pág.37).

Sánchez Beras, de quien el escritor y poeta Luesmil Castor Paniagua destaca: "…en su literatura ha surcado casi todos los géneros, si no todos y un poco más, su límpida poética lo hace poseedor de ganados galardones y lauros, tanto en el terruño como en el extranjero y por demás, dueño de varios libros publicados, tanto en el género de la novela, poesías, ensayos y el cuento", explora la condición humana  desde un punto de vista axiomático, donde todas las verdades estan presentes en el accionar de los personajes, pero que por coerción, sujeción o presión son pasivos de aceptarlas:

"Cuando Adalgisa se levantó a preparar el café para que el marido empezara el día,  ya él hacía unas horas que estaba sentado en una silla de guano mirando las primeras luces del amanecer. En lo que ella preparaba el café y atizaba unas brasas de carbón que calientan el agua para hervir unos guineos, Emiliano retoca el filo del machete y corta una rama que servirá de garabato para quitar los matojos del conuco que tiene que limpiar para que la tierra esté en condiciones para la nueva siembra.

Él sabe que se aproximan tiempos difíciles. Los pobres nunca la han llevado fácil, pero esta vez las cosas se pintan mucho más complejas que de costumbre. No ha llovido en cuatro meses y lo poco que se ha salvado en la cosecha se agotó hace una semana. Nadie ofrece trabajo fijo; en toda la semana lo único que ha conseguido es un trabajo ocasional para atisbar un camión de carga y a echar dos días de desyerbo, por lo cual pagaron algo menos que una miseria. Y ahora le llega la otra contrariedad. Al encuero todo le llega menos ropa》, se dice a sí mismo, mientras analiza la situación que de seguro enfrentará". (Pág.49).

Las situaciones sociales y económicas de cada uno de los actores que habitan la novela de nuestro galardonado escritor, son construidas con una precisión milimétrica, tal como apunta nuestro  citado Premio Nacional de Literatura, Rosario Candelier, al referirse al arte de la escritura de ficción que " La sociedad se manifiesta en la novela, porque el novelista, cuando narra una historia, tiene que ubicarla un ambiente social, mediante unos personajes con atributos de su mentalidad, sus condiciones sociales y su cosmovisión. Estos personajes responden a una lengua, a una manera de sentir,  de pensar y de actuar, es decir, a un comportamiento peculiar, a un espacio ambiental y a una herencia cultural". Sánchez  Beras es todo un arquitecto ante el diseño y ejecución de las mejores prácticas del arte de novelar:

"Más que comer, se atraganta. Parece que algo en su garganta no permite el trasiego del alimento, y se aleja del plato sin llegar a consumir la mitad de la porción que le han servido. Va a la tinaja, se sirve un jarro de agua y endulza el resto del café que ha quedado del que hicieron en la mañana. Luego va al patio y trae la piedra de amolar para asentar el filo del machete, y después sale hacia el camino igual como había llegado". (Pág.98)

"Igual como había llegado". De eso se trata la novela "Aurorita. La víspera del miedo" de un viaje en círculo interminable, donde la sucesión del miedo y la aprensión irremediable son legadas al nacer.

Recomiendo leer esta impactante joya. Claro, si de grandes novelas se trata.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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