Se deben dar las gracias a Cristóbal Colón, Pedro Mártir de Anglería, Fray Bartolomé de las Casas y Fray Ramon Pané, si hoy en día se tienen noticias de cuáles son los mitos y las ceremonias de los primitivos moradores de las Antillas y, en específico, de los habitantes de la isla Española, que antes se llamaba Haití.
Centrándose en lo que se sabe sobre la isla que hoy está dividida entre República Dominicana y Haití, las primeras noticias acerca de las creencias de los taínos proceden del propio descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal Colón. El Almirante redacta un diario de bitácora en el que documenta su primer viaje a las Indias Occidentales, un pedido específico de los Reyes Católicos que desean una prueba incontestable de este viaje. El de Cristóbal Colón es un trabajo de notario y el resultado es un simple informe descriptivo, el cual, sin embargo, permite al lector penetrar en la mente del navegante y descubrir algunos rasgos de su personalidad. Además, las descripciones que él hace de la isla Española y de los taínos permiten averiguar algo sobre los ritos y las costumbres de los habitantes de la isla que el Almirante acababa de descubrir.
Cristóbal Colón da algunos detalles no mencionados en otras fuentes, como en las de Fray Bartolomé de las Casas o de Pedro Mártir de Anglería, pero la percepción que tiene el Almirante de los taínos está muy prevenida. Al narrar, el navegante se apodera del mar y de la isla, describiéndolos como si fueran una extensión de España – de ahí el nombre Española – y la descripción que hace de sus habitantes está marcada por cierto prejuicio y falta de interés en las costumbres de los pobladores de la isla. Cristóbal Colón se centra sobre todo en la desnudez de los taínos, símbolo de la humanidad primitiva, lo que hace que él y su tripulación piensen que no conozcan las armas, que sean pacíficos por esencia y fáciles de engañar y subyugar. Además, el Almirante no quiere reconocer ninguna huella de religión entre los insulares, así como no quiere aceptar la existencia de una sociedad compleja. Él mismo afirma que “esta gente no tiene secta ninguna ni son idólatras, salvo muy mansos … y crédulos”, razón por la que “se harán cristianos, que se inclinan al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuran de ayudar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia”. Se trata de descripciones dudosas y esto se debe tanto a la falta de curiosidad de Cristóbal Colón (su único objetivo es redactar un informe de lo que va encontrando durante su viaje), como a la necesidad de dar cierta imagen de los nativos de la isla Española y de las otras islas del Nuevo Mundo a los Reyes Católicos.
Mucho más veraces son los testigos de Fray Bartolomé de las Casas y de Pedro Mártir de Anglería acerca de los indios de la isla Española. El primero destaca por su compromiso en conseguir que se trate humanitariamente a los naturales y así puede familiarizarse con los hábitos y las costumbres de los taínos; el segundo, aunque nunca pone pies en la isla, tiene el importante papel de recoger abundante acopio de noticias que llegan a Europa del Nuevo Mundo. Sin embargo, la única fuente directa sobre los mitos y ceremonias sobre los nativos de la isla Española es la de Fray Ramón Pané. Él toma parte en el segundo viaje de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, en 1494, y vive durante dos años con el cacique Guarionex y otros tres con el cacique Mabiatué, razón por la que es encargado por el propio Almirante de averiguar cuanto pueda sobre los taínos y sobre su religión, cultura y sociedad.

Así lo hace Fray Ramón Pané y en la Relación acerca de las antigüedades de los indios, escrita entre 1496 y 1498, da a conocer los mitos y las ceremonias de los taínos. Él es el primer misionero, antes de Fray Bartolomé de las Casas, en romper con la barrera idiomática que hay: aprende la lengua e indaga las creencias de los habitantes de la isla, pasándolo todo al español, razón por la que su obra representa la piedra angular de los estudios etnológicos en este hemisferio y una de las obras clásicas de la antropología americana. Fray Ramón Pané escribe lo que ha podido aprender y saber de las creencias e idolatrías de los indios y de cómo veneran a sus dioses. Lo hace “así como lo narran ellos, como entiende de los del país”, razón por la que la narración de vez en cuando aparece desordenada y confusa. Pese a esto, las informaciones que ofrece sobre los taínos sirven para confirmar que esta comunidad tiene una identidad bien definida y contrastar con los juicios dados por Cristóbal Colón al llegar a la isla. Él cuenta cuáles son sus supersticiones y sus ídolos, de que parte han venido los taínos y en qué modo, como se han separado los hombres de las mujeres y como han surgido las mujeres otra vez, de la forma que tienen, según ellos, los muertos y de sus observaciones acerca de la medicina, entre otras muchas cosas, y siempre lo hace a través de elementos tangentes y comprobables como puntos geográficos y topográficos y elementos naturales. Sin embargo, la obra no está exenta de la visión cristiana de su escritor: Fray Ramón Pané no tiene solo el deber de averiguar lo más posible sobre la cultura, la religión y la sociedad de los taínos, sino que también de evangelizar y de someter a los indígenas de la isla Española. Siendo él misionero, tiene la obligación de iluminar con la luz de la santa fe católica las casas habitadas por los taínos: cuenta que el primero que recibe el agua del santo bautismo es un taíno llamado Guatícaba, que después recibe el nombre de Juan Mateo y que además sufre una muerte cruel, de mártir, y que, en su obra de evangelización, siempre va de casa en casa enseñando la santa fe católica y las costumbres de los cristianos, hasta que los nativos no se convierten. Pese a este patente intento de indoctrinar los taínos al cristianismo, que también emerge en la obra de Fray Ramón Pané, la Relación acerca de las antigüedades de los indios permite, a través la recopilación de historias y de mitos, que el lector entienda mejor la cosmovisión de los habitantes de la isla Española, hasta aquel momento ignorada de propósito. La obra de Fray Ramón Pané funciona como testimonio de una civilización que casi se ha perdido para siempre y gracias a su compromiso, su esfuerzo de aprender la lengua y de indagar las creencias de los taínos, hoy en día hay un registro detallado de la vida de los primeros pobladores de la isla Española, con sus mitos y costumbres, que, si no fuera por él, posiblemente se hubieran perdido para siempre.
Bibliografía
Fray Ramon Pané, Relación acerca de las antigüedades de los indios, Siglo XXI Editores, 1974
Cristóbal Colón, Diario de a bordo, Taurus, 2016
Ángeles Concepción, Francisco Javier, La mitología en la cultura taína: «relación de las antigüedades de los indios» de Fray Ramón Pané, Universidad Complutense de Madrid, 2007
https://produccioncientifica.ucm.es/documentos/5d1df63c29995204f76657f3
Ángel Rodríguez Álvarez, Mitología Taína o Eyeri. Ramón Pané y la Relación sobre las Antigüedades de los Indios: El primer tratado etnográfico hecho en América, Periferia, 2008
https://ddd.uab.cat/pub/periferia/periferia_a2008n9/periferia_a2008n9a10.pdf
Neihel Josué Lorenzo, Un análisis acerca de las antigüedades de los indios de Fray Ramon Pane, Listín Diario, 2024
Regina Jiménez Aquino, ‘Relación acerca de las antigüedades de los indios', de Fray Ramón Pané, Acento, 2024
Luissaury Peña, La voz de los taínos en: 'Acerca de las antigüedades de los indios' de Fray Ramón Pané, Acento, 2024
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