Pensando en los jóvenes, como incluso en los no tan jóvenes, pero ambos con el deseo de desarrollar un hábito de lectura, me dispongo a escribir algunas ideas que puedan contribuir con tal propósito. Leer ensancha el pensamiento, ofrece la posibilidad de florecer en el amplio sentido de esta palabra y, por supuesto, contribuye con el aumento de nuestro léxico.
En un mundo en que la disposición de información se ha ensanchado considerablemente y, por tanto, el material disponible para leer, desarrollar este hábito en los jóvenes plantea retos importantes. No basta con “mandar a leer”, que de alguna manera supone un cierto mandato, hay que diseñar experiencias lectoras que jueguen una función significativa.
Veamos algunas estrategias.
En primer lugar, cambiemos el punto de partida del deber al sentido. Esto parte de la idea de que el comportamiento de no leer no viene por la falta de capacidad para hacerlo, pero si de la falta de conexión con el acto de leer. Así, una primera estrategia para fomentar la lectura, es conectarla con la vida.
En el mundo de la literatura disponible existen muchas opciones y posibilidades que conecten con nuestra identidad, nuestras emociones, así como los conflictos que enfrentamos y la perspectiva que tengamos del mundo porvenir, entre otras cuestiones importantes. En la universidad me he encontrado con jóvenes a quienes les inquieta el sentido de su vida.
Entre los muchos autores disponibles les sugiero leer a Viktor Frankl, el creador de la logoterapia. Sus libros están disponibles en las librerías como incluso en la web. El hombre en busca del sentido, que además de que puede ofrecer caminos a su interés, resulta un texto interesante que nace de su propia experiencia en los campos de concentración nazi.
Otros me han pedido que le sugiera un texto sencillo y hasta cierto punto divertido. A algunos les he sugerido leer Desde el jardín, una novela satírica y breve escrita por Jerzy Kosinski en el 1971, en la que un simple jardinero, sin proponérselo, se convierte en un experto político muy solicitado por sus comentarios simples, pero atinados, sobre el mundo de la política.
Se trata de conectar la lectura con aquello que les interesa, con situaciones por las que ha pasado o está pasando y que les permita reflexionar acerca de él mismo en la situación desarrollada en el texto en cuestión. Como el sugerido hay muchos otros dependiendo de los gustos.
A los estudiantes de psicología con frecuencia les digo si quieres conocer la psicología de un ludópata, es decir, del jugador empedernido y las consecuencias de este comportamiento, léanse El Jugador de Dostoyevski, que nos adentra en el mundo existencial de aquellos que encuentran en el juego su vida misma.
A final de cuenta, se trata de ofrecer una opción de lectura lo más cercana a su interés y deseo del momento, bajo el principio de que la motivación precede al hábito y no al revés.
Otra opción posible es crear experiencias lectoras compartidas. Los círculos de lectura dan respuesta a esta inquietud. Entrar en contacto con otras personas que compartan el deseo por leer y compartir las experiencias de lectura se convierte en una oportunidad altamente motivadora y generadora de un hábito fuerte. He visto que en el país hay experiencias interesantes al respecto.
Otras maneras que bien pueden ser muy útiles, además de los círculos de lectura, es la lectura en voz alta con pausas reflexivas que permitan el compartir interpretaciones lo que nos hace lectores activos y no pasivos. Claro, que esta lectura no interfiera con la vida de otras personas y sus hábitos.
Otra estrategia es partir de lo que ya se lee, aun fuera de forma fragmentada, como es el caso de la lectura de textos breves en las redes. El siguiente paso sería ir del texto corto de las redes, como de los videos, a la crónica más amplia, al cuento, la novela, como textos explicativos y ensayos cortos. Se trata de desarrollar una perspectiva más pedagógica que vaya de lo simple a lo más complejo: educar la transición.
Un problema más complejo es el que tiene que ver con la comprensión lectora. Esto supone estrategias igualmente más complejas, como es el subrayado con propósito, las notas reflexivas en el texto, la generación de mapas conceptuales en los que se pueda sintetizar, de forma esquemática, la interpretación de un texto leído. Además, resumir párrafos, buscar el significado de las palabras nuevas, etc. Es un proceso cognitivo y metacognitivo de mayor nivel.
Si se trata de generar el hábito de la lectura, no inicie por lo más complejo ni en tiempo ni en profundidad. Minutos breves de lectura diaria, 10 o 15 minutos todos los días, preferiblemente a la misma hora y en el mismo lugar, cómodo e iluminado, puede ir convirtiendo la lectura en pasión por leer. Los rituales son importantes.
En una época y un contexto donde prima la lectura fragmentada, el desafío educativo es formar lectores capaces de sostener la atención, de encontrar en la lectura una motivación intrínseca, de atreverse a interpretar críticamente lo que lee y descubrir en los textos una oportunidad de crecimiento personal, poniéndose en contacto con otras personas en otros contextos.
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