La obra del pintor dominicano Iván Tovar (1942-2020) volvió a Venecia el pasado 9 de mayo, más de medio siglo después de su primera aparición en la Bienal. La exposición "Iván Tovar: Le Retour", inaugurada como evento colateral oficial de la 61ª Exposición Internacional de Arte, convierte al maestro del surrealismo biomórfico en uno de los nombres dominicanos más visibles en el circuito del arte contemporáneo global —y plantea, de paso, una pregunta incómoda: ¿por qué la República Dominicana sigue llegando a Venecia por la puerta lateral?
Un retorno que es también una reivindicación
La muestra se exhibe en el Ex Istituto Idrografico del Museo Storico Navale, frente al histórico Arsenale veneciano, y estará abierta al público hasta el 22 de noviembre de 2026. Curada por el crítico cubano-estadounidense Christian Viveros-Fauné, la propuesta sitúa la trayectoria transatlántica de Tovar —su formación en Santo Domingo, dos décadas de trabajo en París y su regreso definitivo al Caribe— como un capítulo central, y hasta ahora subvalorado, de la historia global del surrealismo.
El contexto no es menor: la 61ª Bienal, titulada "In Minor Keys", fue concebida por la curadora camerunesa Koyo Kouoh —fallecida en mayo de 2025— y se realiza de forma póstuma en homenaje a su visión. La edición reivindica precisamente las voces periféricas, las tonalidades que el canon occidental ha silenciado. En ese marco, la obra de Tovar no es un invitado de cortesía: es una respuesta estética a la pregunta central de la Bienal.








París, 1963: el origen de un lenguaje propio
Iván Tovar llegó a París en 1963 con 21 años. Allí encontró las puertas del surrealismo y, según quienes lo conocieron, también un sentido de pertenencia que su tierra natal tardó en reconocerle. Su lenguaje pictórico —cuerpos biomórficos, formas que oscilan entre lo orgánico y lo onírico, una paleta que dialoga con el inconsciente— lo llevó a participar en la Bienal de Venecia de 1972, hito que durante décadas quedó como una nota al pie en la historia del arte dominicano.
"’Le Retour' representa ese regreso a un territorio que también fue origen", expresó Héctor José Rizek Sued, mecenas y directivo de la Fundación Iván Tovar, durante el acto inaugural. Rizek subrayó además el valor del coleccionismo como acto de responsabilidad cultural, en un país donde la preservación del patrimonio artístico sigue siendo una deuda pendiente del Estado.
La preservación del padre
La exposición es, en buena medida, el resultado de un esfuerzo privado sostenido. La Fundación Iván Tovar, creada en 2021 por iniciativa de Daniela Tovar Castillo —hija del artista y presidenta de la institución—, ha asumido la tarea de preservar, investigar y proyectar internacionalmente un legado.
María Castillo, vicepresidenta de la Fundación y asesora artística del proyecto, describió la inauguración como "la materialización de una visión iniciada hace exactamente un año, cuando el proyecto parecía todavía una aspiración lejana". La afirmación revela tanto el logro como la fragilidad estructural detrás de él: una exposición de esta envergadura no debería depender de la voluntad y el bolsillo de particulares.
Un equipo de largo aliento
Detrás de "Le Retour" hay un andamiaje institucional notable para un proyecto de origen privado: curaduría de Viveros-Fauné, museografía de Raúl Morilla, investigación académica de Lilian Carrasco, catalogación de Simona Cappelli, gestión de producción de CS Art Management bajo Carlotta Scarpa, y relaciones públicas coordinadas por Hunter Braithwaite. La edición del catálogo monográfico —que publicará Turner Press— estará a cargo de Omar-Pascual Castillo, con ensayos de Suset Sánchez Sánchez, Iván de la Nuez y el propio Viveros-Fauné.
El financiamiento corrió por cuenta de empresas privadas dominicanas: KahKow, Banco Popular Dominicano, Banreservas, Grupo Puntacana, Grupo SID, Casa Brugal y Altice, con el apoyo del Ministerio de Turismo y la Embajada dominicana en Italia.
El surrealismo dominicano en el centro del debate global
La propuesta curatorial de Viveros-Fauné no se limita a celebrar la obra de Tovar: la inscribe en las discusiones contemporáneas sobre identidad, modernidad latinoamericana y los límites del canon surrealista europeo. El centenario del Manifiesto Surrealista de André Breton —publicado en 1924— ha generado en los últimos dos años una revisión global del movimiento que, por primera vez con esta profundidad, incluye las voces del Caribe y América Latina.
En ese sentido, "Le Retour" llega en el momento justo. La inauguración reunió a coleccionistas, curadores y representantes de instituciones como la Fundación Mellon, Independent Curators International, el Instituto Italo-Latinoamericano y el Museo de Arte Pérez de Miami —señal de que el interés por la obra de Tovar trasciende el orgullo nacional y responde a una demanda real del mercado y la academia internacionales.
La pregunta que la celebración no puede silenciar
El éxito de "Le Retour" merece ser celebrado sin reservas. Pero también obliga a una reflexión que el propio columnista Joaquín Fernando Taveras Pérez planteó en estas páginas en abril: ¿por qué la República Dominicana sigue llegando a Venecia como evento colateral y no con un pabellón nacional permanente?
La obra de Tovar es, como escribió Taveras Pérez, "el fósforo": la ignición que ilumina lo que podría ser una presencia sostenida, institucional y soberana del arte dominicano en el escenario global. Que esa llama dependa de fundaciones privadas y mecenas individuales dice más sobre las prioridades del Estado dominicano que sobre el talento de sus artistas.
"Iván Tovar: Le Retour" permanece abierta en Venecia hasta el 22 de noviembre de 2026.
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