Hay voluntades que organizan… y hay espíritus que encienden procesos. Este acto nace, precisamente, de una chispa: la convicción profunda de que la palabra joven necesita espacio, estímulo y fe. En esa génesis, es justo reconocer la inspiración, la entrega y la visión del maestro Jesús María de los Santos, cuya motivación ha sido semilla y sostén de este esfuerzo.
Lo que hoy contemplamos no es únicamente un programa articulado con rigor; es la expresión viva de una certeza: que la literatura transforma, que la juventud piensa y que el Sur también escribe su destino.
Desde la ambientación inicial —donde música e imagen disponen el ánimo— hasta la irrupción de esa voz joven que abre el escenario sin preámbulos, todo responde a una intención clara: despertar. Porque la creación no se anuncia; se revela.
La presentación de organizadores e invitados trasciende el protocolo: es reconocimiento a quienes han tejido este espacio común. Y la bienvenida ofrecida por la dirección de la UASD Centro Baní adquiere un sentido mayor: abrir las puertas no solo de una institución, sino de un territorio donde pensar y sentir constituyen un acto de compromiso.
En este entramado humano y organizativo, merece una mención especial la valiosa coordinación de Yuni Ramírez, quien ha acompañado con dedicación cada etapa del proceso: el diálogo constante, la motivación a los participantes, la recepción de las obras y la cuidadosa tramitación de las mismas ante el jurado. Su labor, silenciosa pero esencial, ha sido puente y garantía de que cada voz encontrara su cauce.
Hablar de este concurso es hablar de futuro. El ensayo como herramienta crítica, la poesía como respiración del alma, el cuento como arquitectura de nuestras realidades. Tres caminos distintos que convergen en una misma urgencia: decir.
En ese decir, los jurados —como el maestro Rafael Báez Bisonó, el escritor Gustavo Olivo Peña, el poeta José Enrique García y el crítico literario y poeta Julio Cuevas— no solo evalúan textos: acompañan procesos, validan búsquedas y reconocen voces en formación.
Cada premiación es, en sí misma, un acto simbólico. No se galardona únicamente un texto, sino la persistencia, la disciplina silenciosa y el atrevimiento de pensar distinto.
Las palabras de agradecimiento de la bachiller Katherine Peralta nos recuerdan que este logro es colectivo, que la juventud organizada también es motor cultural.
Y al llegar al cierre, cuando el maestro Jesús María de los Santos tome la palabra, no escucharemos una despedida, sino la reafirmación de un propósito: seguir creando espacios donde la literatura no sea un lujo, sino una necesidad.
Porque si algo define este acto es, precisamente, eso:
la inspiración convertida en acción,
la motivación hecha camino,
la palabra sembrada en tierra fértil.
Desde este Sur que siente y escribe, confirmamos que la canción sigue en construcción… y que siempre habrá quienes —como Jesús María de los Santos— se atrevan a iniciarla.
La palabra joven del Sur tiene algo que decir, y ha decidido hacerlo con valentía.
Porque nadie construye cultura en soledad. Es en esa comunión donde cobra sentido cada gesto, cada voz, cada intento. Y cuando llegue el momento final, sabremos que no se trata de un cierre, sino de una siembra.
Felicitaciones al Maestro Jesús María de los Santos
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