Siempre estuvo presente desde los inicios de la humanidad y bien explícita en la emblemática tradición de la cultura griega la relación entre poesía y filosofía, el sentir y el pensar, la emoción y la reflexión, antes de lo escritural ya estaba impregnado del decir y el escuchar, pero con la llegada de la escritura va a ser más visible ese aspecto de la cultura, cuyas bases fueron un paso de la oralidad con Sócrates y su recreación por Platón, poeta el mismo y filósofo, aunque decantado por esta última, lo que signará la incursión en este tema para asomarnos a esa realidad en nuestra historia cultural.
Desde muy temprano a través de los estudios, tanto secundarios como universitarios, la filosofía estuvo presente, en gran parte interactuando con los aspectos teológicos y en otras separándose con la llegada del positivismo y su convicción del laicismo. Generando una contradicción que signó décadas de diálogos y debates que influyeron en todo el proceso educativo de millones de estudiantes que han pasado por las aulas y en artículos y libros que podrían llenar una biblioteca acerca de estos temas. En los cambios introducidos en los planes de estudio de las últimas décadas, el pensar parece haber sido sustituido por el memorizar y con esto, fue desapareciendo la filosofía en la enseñanza.
En el caso de la poesía esta ha vivido siempre en el área creativa en lo que es hoy la República Dominicana. Desde que Leonor de Ovando escribiera el primer poema en lengua española, no solo en nuestro país, sino en toda América. Hasta nuestros días somos en realidad una nación de poetas y desde Meso Mónica hay una interacción: poesía y filosofía. Este humilde zapatero de gran talento escuchó las cátedras de la Universidad de Santo Tomás de Aquino, a través de formas relacionadas con la poesía popular expresado en décimas, tocó algunos aspectos que podría considerarse como las primeras menciones filosóficas, a través de alguien que la leyenda ha convertido en un referente de la creatividad expresada en esta isla y que nos dice que a través de la oralidad y que por medio de lo escrito hemos sido un espacio para la lírica.
La interacción de una disciplina que privilegia el pensar y un arte que da prioridad al sentimiento es el nudo de nuestra exposición. Muchos de nuestros autores han preferido alejarse de la reflexión y poner su estro solo al servicio de lo subjetivo sin rigor y otros a favor de una causa social o política que privilegia la comunicación directa con el supuesto de que eso va a contribuir a elevar la conciencia popular. Lo que devino en el primer caso en una poesía sensiblera y en el segundo, en una estructura más cercana al panfleto que a la auténtica obra artística.
Aunque el aspecto central de mi exposición es poesía y filosofía en la literatura dominicana, pongo como ejemplo tres casos excepcionales que son: Andrés Avelino García, Antonio Fernández Spencer y José Mármol. Avelino, teórico por excelencia de un movimiento de significación permanente que fue el postumismo y cuyo decálogo es fundamentalmente de su autoría, relacionando las bases de poesía y filosofía, tanto en los conceptos teóricos que traslucen la visión lírica que en términos radicales decidían asumir.
Este manifiesto, como otros de su estirpe que surgieron en Europa y América postuló aspectos considerados extremos que por asentarse en lo local parecían negar grandes aportes de autores ya consagrados en el canon occidental.
Este autor (Montecristi 1900-Santo Domingo, 1974), estudió matemáticas e ingeniería y se doctoró en filosofía. Participó en importantes congresos sobre filosofía tanto, de Suramérica como Europa. Entre sus libros están: Metafísica Categorial (1940), Existencia del ser y de la nada (1944), Una letra a Maritain (1945), La filosofía del conocimiento (1950), El problema antinómico de la fundamentación de una lógica pura (1951), Los problemas antinómicos de la esencia de lo ético (1971). En el ámbito de la poesía su obra no es muy extensa, podemos mencionar: Fantaseos, Manifiesto postumista, Canto a mi muerta viva y Raíz enésima del postumismo: poesía matemática.
El segundo autor es Antonio Fernández Spencer (Santo Domingo 1922-Santo Domingo 1995), cuya relación entre poesía y filosofía abarcó toda su vida, fortaleciendo con su llegada a la poesía sorprendida en los aspectos teóricos de la segunda etapa de este movimiento (para algunos el más importante de nuestro país), a través de varios ensayos. La poesía sorprendida por su dimensión universalista y por mantener 21 números de una revista que es excelencia en el rigor y que debe ser siempre un referente para las actuales y futuras generaciones.
Antonio Fernández Spencer obtuvo una Licenciatura en Filosofía por la Universidad de Santo Domingo y también se diplomó en Filología Hispánica en Salamanca, España. La diversidad de asunción del conocimiento le dio la condición de poeta, crítico literario, ensayista, educador y filósofo. Fundó y presidió la Tertulia de Poesía Hispanoamericana. Nunca olvido los juicios de valoración que recibí acerca de él, por parte de su amigo y compañero de tertulia el gran poeta español José Hierro, en el Congreso Mundial de Literatura efectuada en Valencia, España, en mayo de 1999.
En poesía obtuvo los importantes premios Adonais y Leopoldo Panero en España, país que lo catapultó en su condición de escritor. Entre sus obras ensayísticas se destaca su antología Nueva Poesía Dominicana (1953), que dio a conocer algunos de los poetas fundamentales de nuestro país en el exigente mundo literario español, además asistió a las clases de filosofía y estética, a cargo de José Ortega y Gasset, Julián Marías y Carlos Bousoño. Como poeta se destacan sus obras Vendaval interior, Bajo la luz del día, Los testigos, Noche infinita, Diario del mundo, El regreso del mundo, Poemas y misterios, y Cantos a Nurys, y sobre todo su libro Obras poéticas (1937-1975), entre otros. Recibió el Premio Nacional de Ensayo en 1964 por su obra Caminando por la literatura hispánica y el jurado del Premio Nacional de Literatura lo seleccionó a unanimidad en el año 1995 para otorgarle el Premio Nacional de Literatura, máxima distinción que se concede a un escritor dominicano.
En el área de filosofía se conoce su libro A orillas del filosofar, sin embargo, es a través de su columna De un diario nonato, donde expresa diversos aspectos de su concepción teórica y que son recogidos con el auspicio del escritor Cándido Gerón y publicado por el Archivo General de la Nación en dos tomos con el título Antonio Fernández Spencer Fragmentos de un Diario Nonato, su lectura ―que recomiendo―, permitirá conocer con más amplitud sus reflexiones filosóficas y literarias que ameritan un estudio particular.
El tercero es José Mármol (Santo Domingo 1960), en una publicación que hice hace alrededor de 40 años acerca del Taller Literario César Vallejo y que dediqué al autor de El ojo del arúspice con el título: A José Mármol, de puño y letra, expresé el impacto que habrían causado en mí sus primeros textos y les confieso que cuando confirmé la edad en que los realizó pasaron por mi mente el Neruda de los primeros libros, Marinero en tierra de Alberti, Los Cantos a Maldoror de Lautréamont, La rebelión solitaria de Carlos Martínez Rivas y las obras de John Keats y de Rimbaud. Como pueden observar, de ahí el subtítulo José Mármol: un caso singular como trataré de demostrar más adelante y precisamente en esta feria lo expreso como parte de una trayectoria de premios y reconocimientos que desbordan la configuración geográfica nacional para trasladarse al espacio iberoamericano y más allá. Es un caso singular, pues entre su obra poética figuran El ojo del arúspice (1984); Encuentro con las mismas otredades 1 (1985) y Encuentro con las mismas otredades 2 (1989); La invención del día (1989 y edición de Bartleby Editores, Madrid, 2000); Lengua de paraíso (1992); Deus ex machina (1994); Lengua de paraíso y otros poemas (1997); Voz reunida 1984-1994 (1999); Criatura del aire (1999); Deus ex machina y otros poemas (Visor Libros, 2001); Torrente sanguíneo (2007); Miradas paralelas (con fotografías de Ángel A. Martínez, 2009); Lenguaje del mar (Visor Libros, Madrid, 2012); El amor, ese quebranto. Antología personal (2012); Pensamiento, palabra y omisión. Antología poética personal 1984-2009 (2012); Casa de sombras (con fotografías de Herminio Alberti León, 2013); A través de mis ojos (con fotografías de Herminio Alberti León, 2014); Yo, la isla dividida (Visor Libros, Madrid 2019 y 2021); Esquicio del vuelo. Antología poética personal 2019-1984 (con traducción al inglés de Rhina P. Espaillat, Sketch of Flight, 2022); Celebración de la imagen (2021); Invitación al vuelo. Antología poética (Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2023); Encuentro con las mismas otredades 1 y 2 (Editorial Cielonaranja, Berlín-Santo Domingo, 2025), y Donde todo triste ruido hace su habitación. Poesía 1984-2019 (Visor Libros, Madrid, 2025).
En prosa Ética del poeta (1997); Las pestes del lenguaje y otros ensayos (2004); El placer de lo nimio (2004); Cansancio del trópico (Bartleby Editores, Madrid, 2005); Defensa de la poesía: defensa de la vida (2012); Posmodernidad, identidad y poder digital (Bartleby Editores, Madrid, 2019); Identidad en la modernidad líquida globalizada. Una lectura de Zygmunt Bauman (Visor Libros, Madrid, 2020); El concepto de poder en Nietzsche (2021); Paradoja identitaria y escritura poética. Conferencias (2021); Decir es hacer. Entrevistas sobre literatura y pensamiento (2021); Angustias posmodernas. Identidad y poder en la era digital (2025) y Otras angustias de la posmodernidad. Aceleración, descontento y luchas identitarias (Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2025) y El alma de las cosas (con fotografías de Herminio Alberti León, 2025).
A lo que hay que sumar las publicaciones sobre sus obras como José Mármol, antología poética (Médar Serrata, 2004); Anatomía de un poeta. Aproximaciones críticas a José Mármol (Carlos X. Ardavín Trabanco, 2005); El búho y la luna. Entrevistas a José Mármol (Basilio Belliard, 2005); Viaje hacia el arúspice. Relectura de la obra de José Mármol (Mateo Morrison, 2015); La creación poética de José Mármol. Intuición y reflexión sobre pensar y poetizar (Bruno Rosario Candelier, 2021) y Archivos José Mármol (Carlos X. Ardavín Trabanco, Cielonaranja, Berlín-Santo Domingo, 2024).
Pasados 25 años de ese escrito he estado al tanto de todas sus publicaciones, ya sea en poesía, ensayos o aforismos hasta el día de hoy donde he leído y releído la edición de la prestigiosa Colección Visor de Poesía, titulada Donde todo triste ruido hace su habitación Poesía (1984-2019), Madrid, 2025, en esta colección se han publicado como consta muchos de los textos de poesía que han conformado el corpus de una de las más exigentes apuestas escriturales de este género, con esto doy continuidad a lo que reiteré en mi libro Viaje hacia el arúspice, relectura de José Mármol.
Los inicios de mi primer acercamiento ocurrieron cuando un joven después de haber leído un anuncio, en el cual se informaba acerca de la creación de un taller literario, se acercó a la Dirección de Cultura de la UASD, preguntó quién era Mateo Morrison, y después de un breve diálogo donde emergieron los nombres de Miguel Hernández y Federico García Lorca él formalizó su inscripción. Se trataba de la primera vez donde a los poetas dominicanos (sobre todo muy jóvenes), adquirían la condición de valoración y reconocimiento a sus esfuerzos oficializados a través de la Universidad Primada de América, que le otorgaba facilidad de inscripción y un estipendio para sus gastos básicos, igualándolos con los mismos derechos de los ya existentes: coro, rondalla, teatro, ballet folklórico y poesía coreada. Pues hay que reconocer que existían desde hace bastante tiempo círculos literarios, tanto en la capital como en algunos lugares del interior del país, miembros de esos grupos se integraron al nuevo espacio escritural juvenil, emergiendo generaciones que conforman una legión de jóvenes autores, cuya calidad literaria es ya reconocida y que llega hasta nuestros días cumpliendo en enero del 2027 48 años de fundado, pero lo del taller literario era algo nuevo. Trataba de emular las experiencias emblemáticas de México, donde tanto a nivel federal, local y universitario se otorgan becas que han permitido el desarrollo de muchos talentos que conforman la gran literatura de ese país. Otro ejemplo de esto son los talleres literarios de Solentiname, fundado por el gran poeta Ernesto Cardenal en Nicaragua o la Institución Juvenil Hermanos Saínz de Cuba, entre otras experiencias latinoamericanas exitosas.
Durante los primeros 6 meses asumí la dirección y después advertí que ya había quienes dieran continuidad a esta dirección, cuyo primer responsable fue Juan Brijan y el segundo José Mármol, quien ejerció esta función en dos ocasiones, la segunda a solicitud nuestra después de haber egresado de nuestra universidad con el aval del rector de ese entonces.
Desde sus primeras publicaciones en los suplementos y su libro inaugural me convertí en su lector y luego advertí en un breve ensayo que resultó un manifiesto, que precedió sus libros La poética del pensar, Ética del poeta, Las pestes del lenguaje y El placer de lo nimio, conformando el entramado teórico de una nueva búsqueda, yo diría hallazgo, producto de reflexiones que fueron conformando un nuevo tránsito de la poesía y la filosofía en nuestro país, que ese estudiante de la Facultad de Humanidades, quien instó a sus compañeros de generación a decir adiós al viejo discurso y anunciaba el advenimiento de una nueva sensibilidad estética que parecía provenir de grandes maestros en el plano internacional y quizás de una mirada hacia la poesía sorprendida, sin desdeñar el postumismo, claramente expresaba en su poema Sistema referido a Moreno Jiménes y naturalmente de su creatividad y juvenil visión.
Tomando en cuenta su ascendente carrera Mármol fue entrevistado en el periódico Listín Diario y me preguntaron qué opinaba de él y su obra, expresé que el autor de La invención del día, es un caso de madurez anticipada, y en la misma publicación al preguntarle a uno de los emblemáticos autores de su misma generación Plinio Chahín, este dijo: "Para mí nació maduro".
Para entender los aportes del autor del Placer de lo nimio solo hay que leer dos textos esenciales, su tesis de grado sobre Federico Nietzsche en la UASD que luego fue publicada en el 2021 con el título El concepto de poder en Nietzsche y la tesis doctoral titulada Identidad en la modernidad líquida globalizada. Una lectura de Zygmunt Bauman, Visor Libros, España, 2020. Además de la decena de conferencias y artículos sobre las más variadas vertientes de la filosofía, están ahí en esa cúspide que ha construido pieza a pieza con su obra. Tendríamos que agregar ese género singular que son los aforismos para confirmar su íntima relación entre los dos hemisferios a los que hemos venido refiriéndonos.
Habría que escribir un libro acerca de los poetas dominicanos que además son filósofos, pero también sería necesario algún texto que se refiera a los poetas que sin ser filósofos, han hecho reflexiones filosóficas en sus obras, es el caso de Franklin Mieses Burgos, con textos donde reflexiona acerca del lenguaje. Ahí encontramos: Monólogo del hombre interior y Zorababel, entre otros. O en Domingo Moreno Jimenes quien se asoma en algunas de sus obras a lo que llamaríamos filosofía oriental, y para poner un ejemplo más está el caso de Juan Manuel Glas Mejía, profesor de lógica de la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), miembro de la poesía sorprendida. Naturalmente que volveremos más adelante al tema central de nuestra exposición por qué José Mármol es un caso singular.
Relación poesía y filosofía
Desde la antigüedad, la relación entre poesía y filosofía ha generado múltiples debates entre estudiosos del lenguaje, filósofos y poetas.
La poesía y la filosofía tienen como terreno común el lenguaje. La razón y lo artístico, la verdad y la ficción serán en la historia, por los menos de la cultura occidental, hemisferios que no podrán separarse en forma plena y que compartirán, en un mismo terreno, la visión de crear, en términos literarios, y de razonar con fines teóricos.
Pero la filosofía no debe considerarse un estudio uniforme; la diversidad de escuelas y teorías lo demuestran. La poesía, tampoco ha caminado por una sola senda ya que, históricamente, algunos movimientos estético-literarios priorizaron lo subjetivo; mientras que otros, lo objetivo e incluso existe la antipoesía.
Se pueden encontrar textos filosóficos que utilizan sutil o abiertamente formas tradicionales poéticas y hay poemas que asumen criterios relacionados con el pensar, acercándose a visiones donde prima el pensamiento.
Es una opinión bastante generalizada y repetida aunque discutible, que la llegada de la filosofía propiamente dicha, con Sócrates, Platón y Aristóteles, (sin dejar de reconocer los aportes de los presocráticos), puso en cuestionamiento todo el pasado. En ese tiempo en el que vivieron se veía al poeta como un poseso motivado por un dios, un demiurgo, orientado por las musas.
En la antigüedad, se dudaba de los poetas; pues se suponía que pretendían saberlo todo, por lo que se justificaba más la valoración de los artesanos, cuyo trabajo era considerado más productivo y modesto. La deformación de la realidad ocasionada por los artistas, en términos generales, les dificultaba su acceso a la lógica del Estado, fundamentándose así la visión de Platón con respecto a los poetas y su exclusión de la República.
Es con Aristóteles, cuyas ideas difieren de su maestro, cuando se retomarán las bases de la poesía homérica, casi sepultadas en su valoración; pues ya el desarrollo institucional daba paso a los legisladores y a criterios más objetivos que los que provenían de las obras literarias antiguas.
El estagirista organizó a partir de investigaciones acerca de dramaturgos que habían triunfado en las olimpíadas, verdaderos estudios, y formuló el criterio de que era necesario dominar la técnica de la composición literaria. Así nació su obra La poética.
Filosofía, creación literaria y su interacción, a veces, con lo científico constituirán, una de las más ricas aventuras que se expresan en diversos momentos, dando como resultado dos visiones contrapuestas: La ciencia y la creación no-concreta de mundos:
“La creación literaria está, en efecto, vinculada al pensamiento; pero pertenece, ante todo, a la vida, las ideas que las originan solo expresan intenciones, generalmente superadas por la excelencia de la realización” (Gourinat, 2004, p.60).
La relación entre poesía y filosofía ha sido estudiada ampliamente, produciendo textos de gran calidad; un ejemplo de ello es el conjunto de teorías planteadas por la escritora española María Zambrano (1993) en su libro Filosofía y poesía; piedra angular de cualquier estudio sobre este tema, el cual fue impreso por primera vez en 1939, dato que constata el tiempo que tiene sirviendo de base para el estudio de la interacción entre el logos filosófico y el poético.
En este sentido, George Steiner (2005) estableció en su texto La poesía del pensamiento: del helenismo a Celán, elementos sobre el desacuerdo poético-filosófico, precisando finalmente el común origen, desde el cual el pensamiento y la literatura comulgan en la capilla del lenguaje.
Desde otra perspectiva, George Santayana (1995) trabajó la esencia que caracterizó las obras de Lucrecio, Rerum natura, Dante, La divina comedia y Goethe, Fausto, estableciéndolos en su obra como poetas-filósofos.
La poesía y la filosofía han recorrido un camino problemático de cercanía y alejamiento; como plantea María Zambrano (1997) “en algunos pocos momentos de fortuna, ambos han podido fundirse en una sola forma expresiva, pero la verdad es que el pensamiento y poesía se enfrentan con toda gravedad a lo largo de nuestra cultura”.
En este sentido, para que sean establecidos de forma objetiva los nexos y puntos suspensivos que se encuentran entre la poesía y la filosofía, es importante describir los conceptos y definiciones sobre ambas:
“La filosofía nos aparece ante todo como una parte de la literatura. Junto a las formas meramente orales de su trasmisión y su enseñanza, es accesible a través de conjunto de escritos distribuidos en géneros, reconocidos y fijados: poemas, máximas, diálogos, diatribas, sermones, lecciones, conferencias, tratados, comentarios, meditaciones, aforismos, ensayos, manuales” (p.13). Gourinat
El poeta Claudio Rodríguez en “Marco Campos” (2001), además de intentar definir la filosofía, la compara con la poesía y asevera que se encuentran en contacto, pues eso del pensamiento o del intelecto no tiene por qué estar muy explícito:
“Nadie puede hacer una teoría de lo que piensa Shakespeare ¿Cuál es su filosofía? ¿Cuál es la de Dostoievski?, pueden contradecirse en la misma página. La vida puede ser maravillosa u horrible y no pasa nada. El pensamiento tiene siempre que actuar o vivir dentro del canto, pero no haciendo ecuaciones ni lógicas. En el campo del hombre están sus hechos vitales, pero también su intelecto” (p.257).
Los abordajes sobre la filosofía, si son acercados a la poesía y a las artes, expresan la estrecha relación con la literatura en general; viéndolo como parte de ella, dando un claro sentido a su existencia y, precisamente, iniciando el conjunto de géneros a través de los cuales se puede expresar la filosofía por medio de poemas.
“Si se comienza a leer el gran libro del pensamiento occidental desde sus orígenes se queda uno particularmente impresionado tanto por el sólido empleo como por el papel esencial que la metáfora despliega en el interior del orden especulativo del discurso filosófico” (Sevilla y Barrios, 2000, p.186).
Y para confirmar aún más este aserto, en el ensayo Filosofía en forma. Escritura estilo y metáfora en filosofía de Giuseppe Patella:
“Mucho más allá del ámbito meramente ornamental, la cuestión de la forma en filosofía y, más en general, de la forma de la filosofía, representa hoy en día un relevante nudo teórico de la reflexión contemporánea. Ello resulta evidente, por ejemplo, en el amplio debate sobre la metáfora – que los últimos decenios han investido disciplinas y sectores del conocimiento muy distantes entre sí, desde la lingüística a la antropología, desde las ciencias sociales a la filosofía que excede toda sectorización y se sitúa más allá de cualquier definición de tipo meramente lingüístico, en la cual parece estar ahora en juego una parte importante de la actual reflexión filosófica”
En lo referente a la poesía, Octavio Paz, establece, “el poema no muestra imágenes ni figuras, es un conjuro verbal que provoca en el lector o en el oyente un surtidor de imágenes mentales” (p.73).
Esta definición es abarcadora; en ella, se percibe la interrelación del conjuro verbal; es decir, el vínculo entre las palabras con la imaginación que produce imágenes mentales.
El sentido de oír y de ver con el entendimiento, el logos sintetizado en sus vertientes, los contrastes que justifican las riquezas de ideas, llevará a Reverdí a decir:
“La poesía no es un simple juego del espíritu, el poeta no escribe para distraerse o para distraer a un público, lo que le preocupa es su alma y las relaciones que la unen, a pesar de todos los obstáculos, con el mundo visible exterior. El poeta, es un buceador, que va a buscar en las profundidades más íntimas de su conciencia los materiales sublimes que cristalizarán cuando sus manos la saquen a la luz”
El carácter lúdico de un poema no necesariamente forma parte de sus características formales; sin embargo, hay textos que privilegian este aspecto. Lo racional se relaciona con el mundo en una característica de ciertos poemas esenciales; donde la cosmovisión, aprehende lo exterior y su conexión con la subjetividad, le dan sentido al resultado textual. Como por ejemplo: en el importante texto Muerte sin fin de José Gorostiza.
El poeta griego, Iannis Ritsos, sobre esta problemática, asevera:
“La poesía es una especie de puente entre el conflicto del lenguaje y la emoción interior y existencia del ser sin palabras, frente a lo trágico de su condición en la tierra. De lo oscuro, de lo más profundo de ese sentimiento. Del fondo existencial de la naturaleza, del ser frente al sentimiento de la muerte, que trata de alguna manera de expresar ese abismo entre el lenguaje y ser, nace la poesía” (p. 182).
Hay coincidencia en la contradicción del autor de la República, en su condición de filósofo que también poetiza. Su drama particular lo lleva a tener que decidirse por la razón y alejarse de sus dotes líricas; dejando huellas imborrables en sus libros. Esta conocida contradicción para Steiner (Steiner, 2012) resulta favorable:
“[…] esto hace que sea fascinante y fundamental para nuestro tema la famosa disputa de Platón con los poetas y la poesía, una disputa anticipada, como hemos visto, por Heráclito pero notable también en Genofanes y en la crítica de Homero que hace Hesíodo” (p.59)
En su texto “Ensayos al vapor” (2014), el escritor dominicano Miguel Aníbal Perdomo expresa:
“La actitud del filósofo puede entenderse como una censura por razones de estado y no hay que confundirla con su visión general del poeta a quien eleva a un rango de Semidiós en otros libros. Como señalan muchos estudios, parece haber en la expulsión del poeta mucho de divertimento filosófico, de juguetona ironía” (p.177).
Cada posición asumida sobre esta particular relación, denota la amplitud y variedad de las visiones sobre esta relación que nos remite el tema que tratamos de tres poetas y filósofos dominicanos (Avelino, Spencer y Mármol), develando sus complejidades y sus consecuencias. En verdad, parece firme la exclusión de los poetas de la República, pero hay otros criterios: muchos ilustres abanderados de la poesía aceptaron el reto, como el romántico inglés Persy B. Shelley y Federico Nietzsche, cuyo texto “El Origen de la Tragedia”, es una defensa no menos apasionada que el rechazo de Platón.
En el importante libro Metáfora y discurso filosófico, de los editores José Sevilla Fernández y Manuel Barrios Casares, encontramos la continuidad de nuestras reflexiones sobre el tema. Andrea Battistini, expresa:
Desde esta óptica filosófica, la metáfora parece tener en el ámbito epistemológico una importancia concreta, porque puede expresar también un significado metodológico, una valencia heurística, una actitud investigadora de la ciencia, especialmente en las ocasiones en que al paradigma <<normal>> lo está sustituyendo un momento revolucionario.
Entonces Borges, en “Historia de la eternidad”, nos podría conducir a una comprensión mejor de nuestro aserto y podríamos también recurrir a la terminología de Roman Jakobson acerca del emisor, el mensaje y su código de comunicación:
La filosofía está escrita en este grandísimo libro que permanece continuamente abierto ante nuestros ojos (yo lo llamo el universo), pero que no puede entenderse si antes no se aprende a entender la lengua, y a conocer los caracteres, en los que está escrito. Está escrito en lengua matemática, y los caracteres son triángulos, círculos, y otras figuras geométricas, sin cuyos medios es imposible humanamente entender una palabra suya; sin estos es un enredarse vanamente dentro de un oscuro laberinto.
Hay un momento de relación entre poesía y filosofía que es constante en todos los estudios más exigentes sobre el tema y que no quisiera obviar en esta exposición. Se trata de la relación entre el poeta Hölderlin y el filósofo Heidegger, en el momento en que confluyeron el Romanticismo y la filosofía alemana; aspecto que trata con profundidad Manuel Barrios Casares en su texto El signo indescifrado y Apuntes sobre metáfora y traslación del tiempo en Hölderlin. La práctica poética que va a producir, no solo versos, sino la novela Hiperión, va a constituirse en un estadío esencial del pensamiento occidental.
La reivindicación de la importancia filosófica de la obra del poeta Friedrich Hölderlin (1770-1843) ha experimentado a lo largo del tiempo un dilatado proceso, dentro del cual, a modo orientativo ―cabe destacar al menos dos jalones fundamentales―, en primer lugar, las dilucidaciones de su poesía realizadas desde mediados de los años treinta por Martin Heidegger, quien, centrándose casi exclusivamente en los grandes himnos de madurez, vino ya a poner de relieve los fuertes vínculos del pensar poetizante hölderliniano con el planteamiento ontológico-existenciario del problema hermenéutico de la comprensión, e incluso con la elaboración de la idea misma de mundo como horizonte interpretativo; y, en segundo lugar, ya en el seno de las investigaciones sobre la filosofía clásica alemana desarrolladas posteriormente en centros e instituciones tales como la Hölderlin-Gesellschaft o el Hegel-Archiv, con una fuerte impronta filosófica e historiográfica, el estudio de su papel en la génesis y desenvolvimiento del idealismo alemán en general y de la filosofía hegeliana en particular.
Podemos hacer diversas lecturas de poemas considerados filosóficos como hizo Steiner en su libro Tres poetas filósofos o referirnos a la concepción del mundo en las obras de autores como Octavio Paz, Thomas S. Eliot, Ezra Pound, José Gorostiza o Domingo Moreno Jimenes. Los dos grandes movimientos poéticos del siglo XX literario dominicano, el postumismo y la poesía sorprendida, tuvieron entre sus autores fundamentales a dos poetas-filósofos, Andrés Avelino en el postumismo y Antonio Fernández Spencer en la poesía sorprendida.
Y decimos que el tercer autor es José Mármol, quien para la Generación de los 80 asume en sus textos ya citados el papel que jugaron los dos poetas y filósofos anteriores (Avelino y Spencer).
Sabemos que se pueden hacer lecturas que circundan lo filosófico en grandes poetas como: Juan Ramón Jiménez (Espacio y tiempo), Pablo Neruda (Residencia en la tierra), algunos textos de César Vallejo, Federico García Lorca, Roberto Juarroz, León Felipe, Luis Cernuda, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, José Lezama Lima, Antonio Machado, Ezra Pound y Thomas S. Eliot, entre otros.
Volviendo a nuestro tema central me adentro de inmediato en un juicio del libro Ética del poeta: escritos sobre literatura y arte de José Mármol, leemos:
La ética de la forma despierta en el poeta la autoexigencia de imprimir un máximo de tensión lúdica a las propiedades estéticas del lenguaje, y de la lengua en particular; dotarles de una fuerza supramundana que subsume al creador de una poderosa lucha consigo mismo, sin que importen los probables efectos de su obra en el público, pues que esto solo entrará en juego (probablemente otro juego) mucho más tarde.
La relación de la poesía con la filosofía se expresa con frecuencia en la obra de nuestro autor, veamos el poema Hegel:
Stuttgart lugar que desconozco me ulcera las sienes
a mí llega el concepto en forma de as de trébol
el esclavo lanza dados para el azar del amo
(el señor tiene su sino en las cartas del siervo)
lejos de la conjura
dejar de amarlo para hacerse Dios es darse al bien
lejos de la razón
para el Espíritu solo el poema es edificante
O este otro poema titulado Kant:
la duda el eco de la esfera la densidad vacía del
postiempo
la razón despertaba en mí el revés del silencio color
miedo
en lo que parece fuera del cuerpo solo puedo descubrir
lo que he puesto
entre los techos entre pájaro y canto hay un muro de
sombra infranqueable
con las manos hago el tiempo y las formas que pienso
en lo sublime mi querer se resigna a su deber
así la norma de lograr clarifica la soledad sagrada de
los templos
Asumo como válida la reflexión de Plinio Chahín en su ensayo José Mármol: un apasionado de la literatura:
Para José Mármol todo problema ―poético o filosófico, pero también el más cotidiano― se vuelve un problema lingüístico, un problema ontológico. Si el lenguaje, por una parte, pierde su fundamentación, se convierte, por la otra, en la fundamentación de todo. En el pensamiento moderno ―podría decirse―, el lenguaje sustituye la verdad. De igual modo, en la poesía moderna, el lenguaje sustituye a la realidad. (Página 129).
Los invito a leer además En la senda de Kierkegaard, Pensamiento y El último sofisma de Protágoras el mago. En fin, a degustar toda su obra que trata desde los aspectos del arte poético, la naturaleza, el mar, la vida, la muerte, el amor, Dios, los ríos, (su bienamado Río Ozama), el tiempo, las nubes, la luna, el aire, el pecado y se encontrará con un universo que se inició con los cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra. Si queremos caracterizar uno de sus aspectos que lo hacen singular es su respuesta cuando le preguntaron qué estaba escribiendo y dijo: Bueno, hay un nuevo libro, no estoy seguro cuál será el título, pero lo que puedo adelantar es que será distinto al anterior y esa sin duda es una de sus características. Cada libro en particular adquiere una nueva dimensión y por eso el subtítulo José Mármol: un caso singular. Para explicar su singularidad en el campo de la filosofía, escuchemos sus reflexiones “Luego de una lectura juvenil de Nietzsche, ahora me sentí en las manos de un segundo gran maestro. Podríamos encontrar multitud de juicios críticos que avalen y ensalcen su obra en muchos de los grandes pensadores de nuestro tiempo. Sin embargo, en las palabras del joven periodista italiano y estudioso de la posmodernidad, Thomas Leoncini, quien sostuvo la última e inconclusa conversación con Bauman, es donde encuentro la más lograda y humana definición, la grandeza de este hombre solo estaba a la altura de su humildad. Hasta los últimos días que vivió entre nosotros los dedicó a su misión: hacernos conocer el mundo” y continúa el autor de la Modernidad líquida globalizada, “¿Por qué Zygmunt Bauman? Porque quise adentrarme en las complejidades de mi propio tiempo y mi propio mundo. ¿Qué mejor forma de hacerlo que llevado de la mano de uno de los pensadores “más radicalmente originales” que ha producido el pensamiento social de final del siglo XX e inicios del XXI? ” y continuo “para Beilharz (Beilharz, 2000. P.51), Bauman es el sociólogo de la posmodernidad, al definirla como un estado mental del descontento, la criticidad y la insaciabilidad”.
Hacer dos investigaciones acerca de Nietzsche y de Bauman sumados a sus grandes aportes en la poesía nos conducen a lo siguiente: para todo esto es necesario contar con lucidez, precisión, rigor ―y yo añadiría, aunque podría resultar extraliterario,―: responsabilidad, solidaridad y calidad humana, aspectos que no siempre comulgan con la excelencia literaria, pero que en este caso forman parte de una unidad que ha sido inquebrantable. Quienes aún no han leído su obra, los invito a hacerlo. En mi caso, al conocer su trayectoria literaria y estar tan cercanos a proyectos comunes, concédanme por favor, cierta autoridad para decir a viva voz:
José Mármol: un caso singular
Y si fuese necesario (y me parece que sí), y ya en el ámbito estrictamente poético les comento que el gran ensayista y crítico Julio Ortega nos cuenta en el prólogo de su libro Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, el turno y la transición y se preguntaba hace más de 30 años, ¿cómo leer la poesía que vendrá (y añadía) Por alguna razón, no del todo evidente, la lectura de poesía es siempre un acto de fe.
Después de leer y estudiar a poetas muy jóvenes de todo el continente el connotado intelectual seleccionó varios autores de nuestra América apostando a que el tiempo, (ese exigente crítico del que hablaba Borges), era el que le podría dar la razón y en la página 318 de esa importante obra publicó Poema 24 al Ozama: acuarela, el cual puede ser incluido en cualquier antología en el día de hoy en cualquier lengua y esto quiere decir que ciertamente como se ha demostrado ya a lo largo de décadas, José Mármol: un caso singular. Muchas gracias.
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