A César Sánchez,
laureado escritor en diversas disciplinas literarias, amigo entrañable y hombre de sensibilidad y pensamiento.

A ti, que has hecho de la palabra una forma de creación, de reflexión y de encuentro con los demás.

Con admiración, afecto y gratitud por la amistad compartida y por tu permanente compromiso con la literatura.

La Feria comienza; la pregunta también

Ayer se inauguró la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.

Durante los próximos días celebraremos los libros, los autores, las ideas y el encuentro alrededor de la palabra escrita. Escritores, lectores, editoriales, maestros, estudiantes y familias volverán a encontrarse en uno de los acontecimientos culturales más importantes de la República Dominicana.

Esta edición está dedicada al destacado poeta, ensayista y crítico literario dominicano José Mármol, como reconocimiento a su trayectoria y a sus aportes a las letras nacionales. Panamá participa como país invitado de honor, sumándose a ese diálogo cultural que, año tras año, busca proyectar a la República Dominicana hacia el mundo.

Y está bien que así sea.

Una ciudad que durante varios días se llena de libros, conversaciones, presentaciones y encuentros alrededor de la cultura está celebrando algo esencial: la posibilidad de conocer, imaginar, aprender y pensar a través de la palabra.

Pero precisamente ahora, cuando la celebración acaba de comenzar, quisiera detenerme en una pregunta que mira mucho más allá de la clausura:

¿Qué queda en el país cuando termina la Feria?

No me refiero solamente a las fotografías, las estadísticas, las actividades realizadas o los miles de visitantes que podamos contabilizar.

Me refiero a algo más profundo.

¿Cuántos nuevos lectores deja la Feria?

¿Cuántos niños descubren por primera vez el placer de leer?

¿Cuántos adolescentes encuentran un libro que despierta su curiosidad?

¿Cuántos estudiantes comprenden mejor aquello que leen?

¿Cuántas familias regresan a sus hogares con el propósito de continuar leyendo?

¿Cuántos maestros encuentran nuevas herramientas para estimular la lectura?

¿Cuántas bibliotecas quedan activadas?

¿Cuántos clubes de lectura comienzan?

¿Cuántos autores dominicanos llegan a nuevos lectores?

Y, sobre todo:

¿Podemos demostrar que después de la Feria tenemos una sociedad que lee más y comprende mejor?

La pregunta puede resultar incómoda precisamente cuando estamos celebrando el libro.

Pero creo que debemos formularla.

Porque una cosa es organizar una gran Feria Internacional del Libro y otra, mucho más difícil, es construir una sociedad lectora.

Una Feria puede durar unos días.

El hábito de leer tiene que durar toda la vida.

El verdadero tamaño de la Feria

Estamos acostumbrados a medir la grandeza de los acontecimientos por su capacidad de convocatoria.

Y, naturalmente, la asistencia importa.

Una Feria vacía sería una mala señal.

Pero una Feria llena tampoco constituye, por sí misma, la prueba de que estamos formando lectores.

Podemos contabilizar visitantes, actividades, conferencias, presentaciones, talleres y espectáculos. Podemos anunciar cuántos escritores participaron, cuántos países estuvieron representados, cuánto se invirtió y cuánto se vendió.

Todo eso es importante.

Pero falta una pregunta esencial:

¿Qué impacto produjo la Feria sobre la lectura?

Ahí comienza, a mi juicio, la discusión que debemos tener.

Porque si cada año celebramos el crecimiento de la Feria y, al mismo tiempo, nuestros indicadores de lectura y comprensión continúan siendo preocupantes, algo debería inquietarnos.

No podemos conformarnos con declarar que la Feria fue un éxito porque asistieron miles de personas.

El verdadero éxito debería medirse también por lo que ocurre después:

por los libros que se siguen leyendo;

por los niños que continúan leyendo;

por los jóvenes que descubren nuevos autores;

por los estudiantes que comprenden mejor;

por las familias que incorporan el libro a su vida cotidiana;

y por una ciudadanía con mayor capacidad para pensar, interpretar y cuestionar.

Ese es el desafío que quisiera plantear en estas páginas.

No para desconocer lo que se ha construido.

Todo lo contrario.

Precisamente porque hemos construido una Feria de dimensión internacional, debemos atrevernos a preguntarnos cuál debe ser su próximo gran salto.

Una historia que también debemos recordar

Hay algo más que debemos celebrar.

La Feria Internacional del Libro no nació internacional.

Hubo quienes entendieron, en un momento determinado de nuestra historia cultural, que aquel acontecimiento podía trascender sus límites y proyectar al país hacia el mundo.

Entre esas figuras ocupa un lugar fundamental José Rafael Lantigua, cuya visión contribuyó decisivamente a convertir la Feria en un acontecimiento de dimensión internacional.

Ese legado merece ser reconocido.

Pero también merece ser pensado.

Porque los grandes proyectos culturales no pueden vivir únicamente de la memoria de lo que fueron.

Deben preguntarse permanentemente qué necesitan ser.

José Rafael Lantigua ayudó a que miráramos hacia el mundo.

Quizás ahora nos corresponde mirar con igual profundidad hacia adentro.

Preguntarnos cómo convertir la Feria Internacional del Libro en una herramienta mucho más poderosa para transformar los hábitos de lectura de los dominicanos.

Porque la internacionalización fue un gran paso.

Pero formar lectores puede ser el próximo.

Un país que necesita preguntarse

Los datos disponibles deberían llevarnos a mirar más allá del entusiasmo natural que produce una gran celebración cultural.

Los resultados de PISA 2025, tal como se presentan en este debate, muestran una realidad que obliga a prestar atención a la comprensión lectora de nuestros adolescentes.

No son una sentencia sobre nuestros estudiantes.

Tampoco constituyen una razón para desacreditar el trabajo de nuestros maestros.

Son, ante todo, una señal sobre el funcionamiento de nuestro sistema educativo.

Y una señal que no podemos ignorar.

Porque detrás de cada porcentaje hay estudiantes concretos.

Niños y jóvenes que tendrán que estudiar, trabajar, tomar decisiones, interpretar información y participar en una sociedad cada vez más compleja.

Por eso la pregunta no puede ser solamente qué ocurrió.

Debe ser:

¿Qué vamos a hacer para cambiarlo?

Y después:

¿Cómo sabremos si funcionó?

Porque leer no significa necesariamente comprender lo que se lee.

Un niño puede pronunciar correctamente las palabras de una página y, sin embargo, no comprender su significado.

Puede leer en voz alta.

Puede memorizar una respuesta.

Puede incluso aprobar una evaluación.

Y, sin embargo, tener dificultades para explicar con sus propias palabras aquello que leyó, relacionarlo con otros conocimientos, identificar la intención del autor, distinguir un hecho de una opinión o extraer una conclusión.

La diferencia es fundamental.

Leer es también pensar.

Y pensar es precisamente lo que una sociedad necesita para comprenderse a sí misma.

Tal vez por eso la Feria Internacional del Libro deba ser algo más que una celebración.

Tal vez deba convertirse también en un espejo.

Un espejo donde podamos mirarnos como país y preguntarnos qué relación mantenemos realmente con los libros.

Porque la Feria acaba de abrir sus puertas.

Pero la verdadera pregunta apenas comienza.

Continuará mañana.

Porque para imaginar la Feria que necesitamos, primero tenemos que recordar la Feria que alguien se atrevió a imaginar.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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