Melodía en sombrasDulce secreto de los acordes y del ritmo. Ni fuga, ni plenamar, ni contrapunto de la muerte, en el claroscuro violín de la nada.
Abismo cayendo, mas afinado, es la melodía de la flauta que lo oscuro lleva entre los labios.
Esa oscuridad que envuelve las palabras, esa música callada, ese silencio sonoro: «La palabra que es melodía, que se encuentra brillando en la oscuridad. El darse a las palabras es la lucha con el Ángel, en la noche de los sueños, esa noche clara que antecede el despertar», escribe María Zambrano en Delirios (Obras completas, p. 123).
Placenta de sombras que envuelve las palabras, palabras que son melodía de la sombra. Armonía de los contrarios, crueldad y canto, música de Orfeo despedazado, canto cruel y bello de las sirenas, náufragos del horror y de la poesía.
Urania que cantó Hölderlin en su Himno a los dioses de la armonía, abismo silencioso, rumor de horror en el oído, latido oscuro del que habla Vicente Aleixandre en su poema A ti, viva y muerta, en su libro La destrucción o el amor: enemigo rumor, que es la música del cosmos, sombra y luz, caos y cosmos, música tonal y atonal al mismo tiempo, acorde bellísimo y terrible como los ángeles de Rilke.
La música es lo contrario de la vida, porque es armonía; quizás sea lo que de la vida queda y permanece. Una música jamás oída.Plotino, el filósofo de lo Uno y padre del neoplatonismo, resplandece y clarifica su concepto de armonía en su texto Enéadas III, construido en un torrente de metáforas musicales. Argumenta que lo oscuro, las melodías de las sombras, son variaciones de un mismo tono afinado en un Sol mayor de una luz más alta:
«Cada uno se acopla según justicia al sitio destinado a recibirlo, del mismo modo que cada cuerda es asignada al puesto apropiado y convincente de acuerdo con el tono y la calidad del sonido que es capaz de emitir. Efectivamente habrá adecuación y belleza en el conjunto si cada uno se quedara colocado en su debido sitio. Así, si la voz es mala en las tinieblas y en el Tártaro, en el otro lado la mala voz es buena y en el conjunto del cosmos será bella, no sola, sino aportando su propia voz a una sola armonía. Haciendo su propia vida, solo más débil, de peor calidad y más imperfecta, del mismo modo que tampoco en la siringa hay un único tono.De modo que aunque es más débil y apagada, contribuye a que la melodía surja en su conjunto, pues la melodía está repartida en tonos parciales desiguales y los sonidos son todos desiguales, pero el sonido completo es uno solo formado por todos.Pues así también la Razón Universal es una sola, pero está dividida en partes desiguales».(Enéadas III, Plotino, p. 45)
Plotino llega a justificar los males efectivamente existentes en este mundo en tanto que componen la armonía total del universo.
La mirada de Plotino, mirada pitagórica, es la piedra angular, la esencia fundamental del tratado de armonía, que sintetiza toda la teoría musical medieval y renacentista, compilada en el libro sobre armonía de Severino Boecio: De institutione musica (conocido también como Harmonia musicalis).
Teatro Volksoper de Viena, sala semioscura, solo un foco de luz que fluye de los candelabros ilumina la desgarbada figura del violinista. Un olor a azufre se respira en la escena.
Una cuerda se rompe y la melodía continúa; se rompen la segunda y la tercera cuerda y la melodía es más alta y más bella; solo le queda el sol mayor, la cuarta y única cuerda, y con esta concluye el Capricho.
Su deforme sombra junto a la punta del arco del violín forma con el telón de fondo la cabeza de un carnero. Es que de pie, en el escenario, estremecido, está el que tiene seis dedos, el que hizo el pacto con el Diablo, al que la Iglesia se negó a enterrar, el autor de los 24 Caprichos para violín hechos uno solo en el Capricho n.º 24, acorde en donde se escucha la risa del Diablo.
Es Niccolò Paganini. Melodía de sombras que se vuelve luz.
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