La integración o la fusión entre el sonido final de una palabra y el inicial de la siguiente es una característica muy importante de la pronunciación española. Por eso es tan abundante en el habla natural la sinalefa, que consiste en pronunciar en una sola sílaba vocales que entran en contacto al combinarse una palabra con otra dentro de la frase. Algunos ejemplos: ‘mi amigo’ [miamígo], ‘solo a ti’ [sóluatí], ‘este otro’ [éstiótro], ‘vino a estudiar’ [bínuaestudjár]. Cuando este tipo de unión o de acoplamiento se produce en el interior de la palabra, se llama sinéresis, como cuando se dice [pasiar], por ‘pasear’; o [tualla], por ‘toalla’. Es un proceso muy frecuente a lo largo de la historia del español, que tiende a rechazar la presencia del hiato (2 sílabas) y preferir el diptongo (1 sílaba). Un ejemplo conocido de estos cambios es el de la palabra ‘reina’, que debió ser ‘reína’, derivada del latín ‘regina’, con acento sobre la /i/. Otro ejemplo similar es el de la palabra ‘Dios’, del latín ‘Deus’, con acento sobre la /e/. En otras lenguas románicas, se ha mantenido la posición del acento sobre la primera vocal: en catalán es ‘Déu’; en portugués, ‘Deus’; en italiano, ‘Dio’.
Especialmente en el habla espontánea, el enlace de las vocales entre una palabra y la siguiente se facilita porque la articulación de una de las dos se hace más cerrada (se convierte en semivocal) para que la unión sea más compacta: ‘lo hace’ [luáse], ‘de aquí’ [diakí].
Las posibilidades de combinaciones vocálicas que forman la sinalefa son muy diversas. Aunque lo más frecuente es el encuentro de dos vocales, el enlace fonético puede producirse entre tres, cuatro y hasta cinco vocales:
‘vino a estudiar’ [bínuaestudjár], ‘salió a esperarlo’ [salióaesperárlo].
Si la sinalefa se realiza solamente entre dos vocales, estas pueden ser de diferente o de igual abertura, acentuadas o inacentuadas. Algunos ejemplos:
‘mi amor’ [miamór]
‘sonido agudo’ [soníduagúdo]
‘hablé a tiempo’ [ablé͜atjémpo]
‘no entiendes’ [nuentiéndes]
‘hombre injusto’ [ómbreinhústo]
‘la utopía’ [lautopía]
A veces sucede que las dos vocales que concurren son homólogas, iguales. En estos casos, lo común en el habla espontánea es que las dos se fusionen y se pronuncien como una sola vocal, como sucede con la contracción de la preposición de con el artículo el, que se manifiesta incluso ortográficamente: del. Ejemplos: ‘casi imposible’ [kasimposíble], ‘la amiga’ [lamíga].
Hay que observar, sin embargo, que la presencia del acento puede crear un efecto importante. Si la segunda vocal es inacentuada, independientemente de cómo sea la primera, entonces el resultado regular es una sola vocal normal. Ejemplos: ‘carta abierta’ [kártabiérta]; ‘está alegre’ [estálegre]; ‘gente educada’ [héntedukáda].
Pero si la segunda vocal es acentuada, es normal que la solución sea una vocal larga, prolongada, especialmente en estilos formales, cuando la pronunciación es más lenta. Este detalle fonético se indica gráficamente con dos puntos al lado de la vocal (á: – é:). Se explica, así, el hecho de que cuando se encuentran la preposición de y el pronombre él, no se produce la contracción. Se escribe de él y se dice [dé:l].
Otros ejemplos:
‘mi hijo’ [mí:ho]
‘ganó otro’ [ganó:tro]
‘niña alta’ [níñá:lta]
‘la agria naranja’ [lá:grianaránha]
Con relación a este fenómeno, parece oportuno señalar el caso de los sustantivos femeninos comenzados con /a/ acentuada que, como se sabe, no admiten la anteposición del artículo la y requieren la forma el. Lo correcto es el águila, el alma, el habla, el área. A menudo se repite que la razón por la que se dice ‘el agua’, y no ‘la agua’, es para evitar lo que se suele llamar cacofonía o la disonancia ocasionada por la repetición del mismo sonido consecutivo. Si eso fuera cierto, habría que explicar, entonces, por qué se dice con toda naturalidad ‘mucha agua’, ‘la amiga’, ‘la alta montaña’, ‘este hecho’, etc.
Debe saberse que el artículo el delante de nombres femeninos iniciados con a acentuada no representa la forma masculina, sino que es una variante del femenino original que, al igual que el formante regular la, deriva del primitivo ela. Este, a su vez, proviene del demostrativo latino illa (aquella), porque el latín carecía de artículos definidos. En los primeros tiempos del español, el sustantivo femenino agua (aqua) debía ir precedido, naturalmente, del antiguo artículo femenino ela. Al pronunciar la frase ‘ela agua’, la solución fonética normal era la fusión de las dos /a/ en una sola [elágua], como pasa en la actualidad cuando se encuentran dos vocales iguales en el habla espontánea (‘la amiga’ [lamíga]). Así se entiende que, al hacer la segmentación, resultara lógico interpretar que la división de [elágua] debía ser ‘el agua’.
Cuando entre el artículo y el sustantivo aparece otra palabra, se usa la forma habitual del artículo femenino: ‘la negra águila’, ‘la gran área’. Conviene recordar, además, que la práctica de usar la forma el del artículo delante de /a/ tónica no se aplica a los siguientes casos:
- los nombres de las letras del alfabeto: ‘la a’, ‘la hache’.
- b. los sustantivos que distinguen el género por medio del artículo: ‘la árabe’ frente a ‘el árabe’.
- c. los adjetivos: ‘la árida llanura’, ‘la alta montaña’.
Por otra parte, se considera incorrecto el uso de la forma masculina de los demostrativos delante de sustantivos femeninos que comienzan con /a/ tónica: *‘este agua’, *‘aquel área’, en lugar de los regulares ‘esta agua’, ‘aquella área’.
Cuando el fenómeno de la sinalefa envuelve más de dos sonidos, puede incluir, entre otras combinaciones, vocales de abertura distinta [eau, iao], dos de igual abertura con otra u otras más o menos cerradas [ioe, oae, ioae, ioau], e incluso vocales iguales [aaa].
Algunos ejemplos de combinaciones de tres o más vocales que constituyen sinalefa en la pronunciación espontánea:
/eau/: ‘de Aurora’: [diauróra]
/eao/: ‘quiere a otro’: [kiériaótro]
/eai/: ‘hombre haitiano’: [ómbreaitiáno]
/iea/: ‘nadie atiende’: [nádieatiénde]
/oao/: ‘debo ahorrar’: [débuaorrár]
/ioau/: ‘cambio automático’: [kámbioautomátiko]
/iaau/: ‘justicia autentica’: [hustísiauténtika]
/ioai/: ‘escribió a Isabel’: [eskribióaisabél]
/ioaeu/: ‘envidio a Eugenia’: [embídioaeuhénia]
La condición que favorece la realización de la sinalefa en estos casos donde concurren tres o más vocales es que no haya una vocal más cerrada en medio de otras más abiertas, como sería el ejemplo de ‘habla y escribe’, donde se encuentran [a i e]. Esta secuencia vocálica no suele ser pronunciada en una sola sílaba, porque existe una frontera natural delante de la vocal más cerrada. La división silábica del ejemplo anterior es: [á • bla • ies • krí • be]. Esto es así a causa de la estructura piramidal de la sílaba, que sigue una progresión de menor a mayor abertura antes del centro o núcleo silábico y de mayor a menor después del núcleo.
En lo que respecta a las consonantes, a menudo concurren en la secuencia fonética dos consonantes iguales, una que termina una palabra y la otra que inicia la siguiente. Los casos más comunes en español incluyen las obstruyentes /s/ y /d/, y las no obstruyentes /n/ y /l/.
En resumen:
A. El encuentro de dos consonantes obstruyentes iguales da como resultado la pronunciación de una sola consonante norma
/s/ + /s/ = [s]: ‘las salas’ [lasálas]; ‘tres sillas’ [trésíyas]
/d/+ /d/ = [d]: ‘usted dirá’ [ustédirá]; ‘ciudad de México’ [siudádeméhiko]
Si alguien, en vez de decir [lasálas] (las salas), dice [las sálas], sin fundir las dos /s/ en una sola, su actuación puede considerarse artificial, poco natural, incluso cuando se está leyendo. Lo mismo sucede con relación al encuentro de dos vocales iguales, como cuando la expresión ‘carta abierta’, en lugar de pronunciarse [kártabiérta], se articula [kártaabiérta], separando las dos /a/.
B. La combinación de dos consonantes homólogas no obstruyentes por lo común se pronuncia como una consonante alargada, lo que se indica gráficamente con dos puntos a la derecha del símbolo de la consonante:
/n/ + /n/ = [n:]: ‘un nombre’ [un:ómbre], distinto de ‘un hombre’ [unómbre]
/l/ + /l/ = [l:]: ‘el lado’ [el:ádo], que se distingue de ‘helado’ [eládo]
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