En la línea de recreación de la historia nacional se sitúa “Los hitos”. La acción central de este destacado cuento es el asesinato del presidente don José Góngora y Carrasco, víctima de una conspiración política que, tras varios intentos fallidos, consuma su propósito cuando su cochero Tapia Luzbel lo traiciona.
En realidad, Peix recrea, con original poesía de la imaginación, la muerte de Ramón Cáceres, presidente de la República de 1906 a 1911, acribillado mientras tomaba un paseo en coche, el 19 de noviembre de 1911. Mon Cáceres (como se le conocía) había dirigido la conjura que acabó con la vida del dictador Ulises Heureaux (Lilís), en Moca, el 26 de julio de 1899.
Si hay algo a destacar en “Los hitos” es la recreación del convulsionado mundo político de entonces: la victoria presidencial, las luchas entre facciones -en la ficción Lilís Cienfuegos y don Pepe Góngora; en la historia real Lilís y Mon Cáceres-, la rebelión del guerrillero Rosendo Huortado, personaje de otro cuento, que pelea entre lomas y cañadas contra la represión y los crímenes del gobierno de Góngora y Carrasco. Los sentimientos de ira y odio acumulados de los hombres de Barrancas y Montelirio se descargan contra el general Góngora y su edecán, el coronel Nazareno.

La técnica de la intervención de múltiples voces agrega sonoridad rítmica al cuento:
“¿Quién era yo entonces? Dímelo tú, Remigia, consuelo y refugio de todos mis desvelos, en qué charca harinada de estrellas me encontraste, mi noviecita de pueblo, mi noviecita de besos limpios y apretados, te diré que estabas herido y con miedo, tumbado entre llagas y lágrimas en un oscuro pantano de Montelirio…” (p. 125)
En la misma línea de “Los hitos” se ubica “La venganza de un fantasma de verano”, otro de los cuentos que abordan hechos históricos. Allí se relatan los hechos sucedidos en la capital cuando Monseñor decidió trasladar a la catedral las viejas piedras de las ruinas de San Nicolás para construir un anexo donde vivir. El pueblo descubre los planes de Monseñor. En un acto de vandalismo colectivo la gente se apodera de las ricas piedras y las instala en sus casas, ahora embellecidas. Pero tras el saqueo, raros eventos acontecen en la ciudad. Entonces advienen las desgracias, las inundaciones, los cataclismos, que arrojan muerte y desolación.
Peix estructura este cuento empleando la técnica de la superposición de planos espaciotemporales. Los dos planos que constituyen los módulos formales son la descripción de los fenómenos que asolan al pueblo de Alcanfores y el fluir de la conciencia del fantasma. El monólogo interior, dotado de penetrante introspección psicológica, denuncia la degeneración de los colonizadores, sus vulgares acoplamientos, las relaciones de los funcionarios de la Corona española con esclavas, prostitutas y damas, los excesos del clero…Es el monólogo del fantasma de don Policarpo Téllez, aventurero perseguido por la Corona, amante de hermosas mujeres, que padeció moribundo en las bóvedas de San Nicolás. Tras siglos de tranquila existencia, el fantasma reacciona con violencia por el traslado de los muros que veneran su memoria intemporal. El espectro recuenta los pormenores de la época colonial, la herencia de un pasado conflictivo: es la conciencia juzgante de un mundo que agoniza y decae. Su venganza conduce a los ciudadanos de Alcanfores -la fermosa isla, Santo Domingo- a la pérdida de su identidad, condenados sin remedio a la decrepitud.
Mediante el fluir interior de la conciencia, Peix expone su visión anticlerical -que no antirreligiosa-. Si bien el tema religioso no surge a menudo en sus relatos, el monólogo de Policarpo rememora un capítulo oscuro de la historia de la conquista de La Española.
El cuento de mayor intensidad dramática y mejor factura estilística del libro es “Responso para un cadáver sin flores”. Allí aparece la figura del guerrillero Alonso Bobadilla, asesinado por los infantes de marina norteamericanos que desembarcan en Santo Domingo en el año 1916. Bobadilla, de extraordinaria contextura física, es un héroe de arraigo popular en los pueblos que componen el cosmos mítico de Alcanfores (Pasopronto, Montelirio, Barrancas, Atajo Viejo…). Superior a sus semejantes, valiente en extremo, es el arquetipo de la resistencia nacional a la ocupación militar extranjera. Tras su implacable persecución por las fuerzas invasoras, es capturado y ejecutado. Los parientes se dedican a hacer negocios con el cadáver, paseándole desnudo por los lugares donde fuera conocido y admirado. Fortunato, Linda y Valerio marchan junto a Alonso el pequeño, arrastrando el cadáver amortajado para sacar dinero de su exhibición pública. El vil negocio degrada la memoria del guerrillero heroico. El largo viaje por pueblos transcurre entre peripecias. Cuando Alonso el pequeño descubre la verdadera intención de sus parientes, decide matarlos y así vengar la memoria ultrajada de su padre.
El cuento es polifónico. Diversas voces intervienen y se alternan. Con ellas, Peix promueve la pluralidad en el punto de vista o perspectiva literaria; mediante el empleo de las voces individuales nos revela las reacciones emotivas y los motivos reales de los parientes del guerrillero muerto. Sus enemigos celebran su muerte; Miguelina, su mujer, la llora; Fortunato, su tío, alma mercantil, aprovecha la ocasión para el negocio; Linda, su prima, recuerda viejas aventuras de adolescencia con Alonso; Valerio, su primo, frustrado y mediocre, comunica su odio y su envidia; Alonso el pequeño, su hijo, revive los años de clandestinidad padecidos junto a su madre perseguida. El enfoque del cuento, lejos de captar una sola versión o dimensión de la realidad transfigurada, propicia la narración en múltiples direcciones.
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