“Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo

Siempre a la sombra y llenando un espacio vital

Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos

De la melena invencible de aquel alemán

Me estremeció la muchacha

Hija de aquel feroz continente

Que se marchó de su casa

Para otra de toda la gente

Me han estremecido un montón de mujeres

Mujeres de fuego, mujeres de nieve”

(Silvio Rodríguez: “Mujeres”, de su álbum homónimo de 1978)

A principios de la década de los años ochenta del pasado siglo publiqué en el suplemento cultural Aquí, del desaparecido vespertino La Noticia, un ensayo en tres entregas sobre el libro de cuentos La noche de los buzones blancos, del escritor dominicano Pedro Peix (1952-2015). Decía al final de aquel ejercicio novel de crítica literaria: La noche de los buzones blancos es una de las mejores producciones de la nueva narrativa dominicana, un libro que fortalece los hallazgos verbales de nuestra cuentística vernácula. Con este portentoso libro de cuentos, Peix nos convence cabalmente de su talento narrativo y de sus posibilidades reales de convertirse entre nosotros en un narrador de primer orden”. Y terminaba con una afirmación entusiasta: “El universo que Peix intenta construir deberá aparecer en nuevas obras literarias que transfiguren poéticamente la realidad y enriquezcan su narrativa. Esta es la condición básica para definir un estilo y un lenguaje personales, propios, que habrán de remover los cimientos de la literatura dominicana. Cuando eso suceda, nos hallaremos, sin duda, ante uno de nuestros mejores narradores de oficio, un escritor que sabrá honrar el grandioso y exigente trabajo creador”.

Casi un cuarto de siglo después, en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo de 2006, en presencia del autor, tuve la oportunidad de leer en público aquel ensayo literario de los años ochenta, en la Sala Aida Cartagena Portalatín de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Me permito reproducir el texto que en aquella ocasión leí:

La noche de los buzones blancos, de Pedro Peix, es un texto cuyo discurso narrativo apunta como intención primordial hacia la recuperación de una época pasada, la de principios de siglo veinte en la República Dominicana. Esa época transcurre bajo el signo de procesos históricos y sociales marcados por la primera intervención militar norteamericana en Santo Domingo (1916-1924). La poética de Peix revela justamente esta intención de escrutar a fondo la esencia de la historia, de transfigurarla en el espacio de la escritura, de fundar un lenguaje y un cosmos narrativo nuevo. Peix recrea un período determinado de la historia de la nación -si bien hay cuentos cuya acción se sitúa en fechas distantes-, revelando una realidad esencialmente contradictoria. Para ello, emprende la búsqueda de un pasado remoto, retratado en sus múltiples vertientes y dimensiones. Se trata de traducir al ámbito de la ficción episodios de la historia de Santo Domingo, creando un cosmos propio en donde convergen lo histórico, lo poético, lo simbólico y lo mítico. De este modo, reconstruye una realidad pretérita, magnificada gracias al lenguaje y la fusión del lirismo y la épica. Sus relatos aluden a guerras, hazañas, insurrecciones, afrentas, héroes legendarios, cadáveres profanados, mujeres salvadoras.

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Portada del libro La noche de los buzones blancos. Fuente externa: Foto suministrada por el autor de este artículo.

Peix publicó La noche de los buzones blancos -tal vez su mejor libro de cuentos- en el año 1980, cuando aún era un narrador en formación. Ya en esa época llevaba consigo una obsesión legítima que desde entonces no le ha abandonado. Su empeño como autor de ficciones persigue, como él mismo confiesa, decantar el especto de la realidad en todos sus filones posibles. Al igual que sus maestros de oficio William Faulkner, Gabriel García Màrquez y Juan Rulfo, se propone crear un universo totalizador asumiendo las leyes, los mitos y los símbolos de la historia nacional para restaurar poéticamente un pasado perdido o inmovilizado. Su propósito es la transfiguración de la realidad histórica mediante el lenguaje poético y las técnicas innovadoras aportadas por la narrativa contemporánea.

El conjunto de relatos es una prolongación del mundo recurrente que el autor ya había creado en su obra anterior, Las locas de la Plaza de los Almendros (Premio nacional de Cuentos de 1977), que conserva indudables influencias de Rulfo, sobre todo en la visión alucinante de pueblos fantasmas donde agonizan seres sujetos a la fatalidad. Pero esta nueva obra se sostiene gracias a la incorporación de una fluida prosa poética y a un manejo diestro de las modernas técnicas narrativas. 

Un elemento medular del libro es el relato de las acciones individuales y colectivas de personajes elevados a categoría suprema, de guerrilleros animados por una fuerza superior, casi metafísica, de hombres aguerridos, forzados a asumir un destino que no pueden eludir (Fortunato Bobadilla en “Responso para un cadáver sin flores”; Odiseo de Jesús en “La noche de los buzones blancos”).  Estos personajes a ratos semejan semidioses bajados de algún cielo mitológico; sin embargo, están profundamente enraizados en los conflictos epocales, aman y son amados, asistidos siempre por mujeres que son el soporte moral de sus gestas heroicas y el sentido existencial de sus luchas.

En el primer cuento, “Ultimo acoso en el bosque de la canela”, el hecho principal es la huelga de los trabajadores del corte de la canela, que se internan en el bosque exigiendo el pago de un año de trabajo a don Policapo, el patrón, en Pasopronto, suceso entretejido por el hilo de la muerte. Se denuncia la injustica social y se resalta la solidaridad de la mujer, compañera fiel del hombre en momentos cruciales. Una quejosa voz femenina testimonia los que acontece:  

“Sin embargo, se olvidan de que Pasopronto es un criadero de moscas: se posan en los párpados de las reses muertas, giran por el ano de los niños que agonizan, zumban en los muslos abiertos, ardidos de las mujeres que no tienen hombres para copular. Es la fatalidad, el rango más alto de la muerte, blasón de cal que se endurece en la fachada de todos los hogares” (página 11). 

El desenlace dibuja un fondo amargo y trágico. Don Policarpo, castrado por un caballo, ordena a sus guardianes estrechar el cerco contra los trabajadores en huelga hasta que mueran de hambre. Las mujeres, formando otro cerco que rodea a los militares, pegan fuego al campo. Entonces mueren todos, trabajadores y guardias. Elvira del Cantar introduce las voces de las otras mujeres y su propia voz:

“En realidad, nunca aguardamos a que el viento nos trajera su hedor insepulto por encima de la fragancia de la canela. Seguramente estaban vivos, cuando las mujeres decidimos también hacer nuestro cerco alrededor de los guardias, un cerco imposible de atravesar porque junto a nosotras estaban todas las mujeres de Pasopronto, todas sin excepción, iluminando a la noche con los brazos en alto. Y lo digo yo, que fui la primera de ellas en lanzar mi antorcha a la maleza para incendiar el bosque de la canela· (pp. 16-17).

En algunas narraciones se abordan temas como la muerte inminente y desafiante, la derrota total, la soledad completa o la pérdida del ser querido. “La balada del viudo Salomón”, por ejemplo, es un bello canto de adiós a la esposa amada, Lorenza Balbuena, que no puede procrear y que muere después de un aborto más:

“En esos momentos de convalecencia y desconsuelo, me repetía, mirándome con sus ojos rutilantes, irónicamente de luciérnaga encinta: “Ay, Salomón, ay, Salomón, la fatalidad cosió mis entrañas”. Las criaturas engendradas, inconclusas en el vientre, despojadas para siempre del aire de la vida, jamás alcanzaron los cinco meses; salvo la última, que fue sietemesina y natimuerta, sanguinolenta y no viable, dijo el médico, hermosa y negra, pensé yo, como su madre” (p. 32).

Fidel Munnigh

Filósofo

Filósofo y escritor. Doctor en filosofía por la Universidad Carolina de Praga, República Checa. Profesor adjunto en la Facultad de Artes y la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Traductor. Autor de los libros Huellas del errante (2002), La memoria incautada (2007), La condición rebelde (2010), Pensar la imagen, pensar la mirada (2017) y Ejercicios de resistencia (2022). fidelmunnigh@gmail.com

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