Este libro para niños y niñas, “El loro presumido”, de la autoría de Ynocencia Vega Ynoa, es una obra en defensa del medio ambiente y un llamado constante por el cuidado y respeto permanente al ser humano ante la naturaleza.
La primera edición de esta obra fue en el 2021. En esta ocasión estoy utilizando la edición del 2026, realizada en Santiago de los Caballeros. No presenta el nombre de la editora.
La obra fue diagramada por Pedro A. Cruz y fue corregida por Carmen Rosa Estrada Paulino. Contiene ilustraciones de Soonhwa Wiesner. Su cuerpo temático está integrado por seis (6) breves cuentos: “El guaraguao y la gallina” (Ver págs. 5/8, obra citada); “La cigua cantarina” (Ver págs. 9/12, obra citada).
Además, contiene los cuentos “El perico y la cotorra” (Ver págs. 13/16, obra citada); “El loro presumido” (Ver págs. 17/22, obra citada); “La abejita guardiana” (Ver págs. 23/26, obra citada) y el cuento titulado “El grillo que le gustaba cantar” (Ver págs. 27/30, obra citada). La obra contiene 31 págs.
La autora recurre a las aves, a los insectos y a la naturaleza, para, desde la narración para niños y niñas, evocar un llamado de concientización que induzca al ser humano a cuidar y a amar la naturaleza.

El libro, a partir del discurso narrativo usado por la autora y la forma en que maneja las palabras, podemos determinar que es una obra para niños y niñas de ocho (8) a diez (10) años, aproximadamente.
Es necesario seguir insistiendo en que no es suficiente enseñar desde la literatura, sino recrear. Y para recrear, es necesario que los autores y autoras para niños y niñas dominen la ritmicidad, el humor y la armonía expresiva en cada expresión de texto creativo.
No basta con “enseñar”, hay que saber cómo enseñar. Y es en ese cómo enseñar que muchos autores y autoras pueden quedar atrapados, a pesar de su buena intención frente al público-escucha o frente al público-lector integrado por niños y niñas.
También en esta obra, la autora recurre al uso del recurso literario llamado personificación, por lo que le otorga a los animales, a las aves y a los insectos, acciones propias de los seres humanos.
En su introducción la autora dice que esta obra fue escrita “como una forma de aportar al desarrollo cognitivo y social de los niños, en un mundo donde se espera gratificación inmediata, donde todo es ‘para ya’”. (Ver pág. 3, 1er. párrafo de la presentación, obra citada).
Desde esa introducción, queda fijada la intención de enseñar a los niños y a las niñas. Eso nos indica que su objetivo es la enseñanza, lo pedagógico, por encima de lo estético. De ahí su marcado interés de que su libro responda a los principios o lineamientos del currículum o currículo escolar dominicano.
En la literatura infantil, como fundamento estético, lo principal ha de ser la sana recreación, adecuada a la edad y al desarrollo biopsicosocial del público, para el cual escribimos. En este caso, niños y niñas de 8 a 10 años, aproximadamente.
De todas maneras, estas narraciones pueden ser llevadas al tablón o espacio, para escenificar su contenido. De ser así, hasta los maestros y las maestras y los niños y las niñas, pueden funcionar como actores y actrices, dentro y fuera del espacio escolar.
Todo va a depender del potencial creativo del maestro o de la maestra, así como también de los padres, en el hogar. De ahí la urgencia de que el Estado intervenga en la formación de maestras y maestros que entren en contacto directo con la familia, ya sea a través de la Asociación de Padres y Amigos de la Escuela o desde otras entidades públicas vinculadas a la familia.
Esos cuentos, como podemos ver, son piezas muy adecuadas para dramatizar su panorama narrativo. Y ese hecho le otorga un significativo valor cultural y estético, como obra creativa para niños y niñas.
Desde esas narraciones, si el maestro o la maestra tienen potencialidad imaginativa y creativa, pueden convertir el espacio áulico o el patio de la escuela en un abierto y festivo teatro infantil.
Las descripciones de los espacios, hechas por la autora, son detalladas, vivas y pormenorizadas. Cada detalle de los espacios y del ambiente, como de las aves, insectos y animales que participan en esta obra, queda registrado en estas narraciones para niños y niñas.
De nuevo, hay que resaltar las ilustraciones que contiene esta obra, por su dominio equilibrado de las imágenes y su adecuación al público infantil al cual están dirigidos estos cuentos.
Aquí, las ilustraciones contribuyen a profundizar y a ampliar los valores estéticos presentes en estas narraciones. Los colores más utilizados son el verde, el azul cielo, el negro, el marrón y el amarillo. La idea es resaltar los ambientes y los personajes desde los trazos y sus combinaciones cromáticas.
En el cuento titulado “El guaraguao, llamado ‘Gavi’ y la gallina”, nos encontramos con aquel guaraguao que quiso comerse los pollitos de doña gallina, pero el gesto valiente de doña gallina, defendiendo sus hijos pollitos, impidió que esa tragedia sucediera. (Ver págs. 5/8, obra citada).
Yo me pregunto y les pregunto: ¿habrá “guaraguaos” en este país? ¿Y aparecerán madres, como doña gallina, en este país, que también defiendan a sus hijos, sus pollitos? Puedo afirmar que sí.
Lo que sí les puedo asegurar es que, en este país, hay ciguas cantarinas. Y a propósito del tema, en estas narraciones hay significativos detalles que registran la existencia de nuestra fauna, manifestación clara de la proyección y defensa de nuestra identidad nacional desde estas narraciones para niños y niñas.
“El loro presumido” es uno de los cuentos que integran el cuerpo temático y estético-narrativo de este libro para niñas y niños. En él, desde una narración en tiempo pasado, la autora registra detalles del colorido de ese loro y, desde una descripción viva y detallada, la autora nos dice cómo era ese loro y que le gustaba comer semillas, granos, hojas y frutas.
Aquel loro, llamado “Lolo”, presumía de ser bello y se burlaba de los demás animales de la granja. “No se juntaba con ellos por creerse superior”. Escribo estas notas y queda en mi memoria esta afirmación: Vivimos en una sociedad llena de loros, iguales a “Lolo”.
Esa reprochable conducta debe ser borrada de la conciencia de nuestros niños y de nuestras niñas, desde la escuela y desde el hogar, con tiempo, si en verdad queremos una sociedad más participativa y solidaria. (Ver págs. 18/22, obra citada).
En el cuento “La abejita guardiana” y “El grillo que le gustaba cantar”, nos encontramos con un ambiente distinto. Aquí la solidaridad entra a formar parte de la conciencia del ser humano. (Ver págs. 23/26, obra citada).
Quiero cerrar esta mirada crítica sobre la literatura infantil de esta autora, reiterando que, al momento de escribir para niños y niñas, no es suficiente enseñar, necesitamos saber recrear.
Es urgente trabajar con los autores y las autoras para niños y niñas de este país, para inculcarles en su conciencia que en la literatura infantil debemos deleitar enseñando y enseñar deleitando.
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