Hannah Arendt, en el texto La condición humana (2005), distingue tres dimensiones principales de la vita activa: la labor, vinculada a las necesidades vitales y a la conservación de la existencia; el trabajo, mediante el cual se construye un mundo artificial relativamente duradero; y la acción, que abre el espacio de la pluralidad, la palabra y la participación en los asuntos comunes. Estas dimensiones permiten comprender que la permanencia humana se desarrolla dentro de un mundo previamente organizado que, a la vez, es transformado por las actividades del ser humano. Este habita una realidad recibida, compuesta por objetos, instituciones, costumbres y relaciones, pero interviene en ella y produce nuevas formas de vida.
Arendt sostiene: «La acción, única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de la pluralidad» (Arendt, 2005, p. 35). La acción se diferencia del trabajo porque carece de una materia destinada a convertirse en un objeto. Su ámbito es la relación entre personas que hablan, actúan y manifiestan quiénes son ante los demás. En el cibermundo, esta formulación encuentra un límite decisivo, dado que el ciberespacio se convierte en el referente desde el cual se organiza la vida virtual: en él circulan los discursos, se articula la participación y, en las bases de datos, permanece la memoria de lo expresado.
La pluralidad humana continúa siendo el fundamento de la acción política, aunque su aparición pública está atravesada por estructuras tecnológicas que distribuyen los discursos, determinan mediante algoritmos cuáles de estos adquieren mayor visibilidad y regulan el acceso al ciberespacio. Las plataformas virtuales se convierten así en espacios de aparición donde los sujetos cibernéticos expresan sus ideas, defienden sus posiciones y participan en los asuntos colectivos. A la vez, sus diseños, normas y mecanismos de selección condicionan el alcance, la circulación y la permanencia de cada intervención en el ámbito virtual.
Arendt reconoce el peso que ejercen las condiciones materiales sobre la vida humana cuando afirma: «La condición humana abarca más que las condiciones bajo las que se ha dado la vida al hombre. Los hombres son seres condicionados, ya que todas las cosas con las que entran en contacto se convierten de inmediato en una condición de su existencia» (Arendt, 2005, p. 36). Esta idea permite comprender que la existencia se configura mediante la relación continua con las cosas que integran el mundo habitado. En el cibermundo, ese condicionamiento adquiere una dimensión más compleja, debido a la presencia permanente de dispositivos, algoritmos, plataformas virtuales, bases de datos e inteligencias artificiales que intervienen en la comunicación, la percepción y las decisiones.
Latour amplía esta reflexión al mostrar que humanos y objetos se transforman mutuamente mediante sus asociaciones: «Tomen en consideración humanos e inmediatamente se topan con cosas. Presten atención a cosas duras: irán suavizándose, ablandándose o humanizándose. Presten atención a humanos: verán cómo se vuelven eléctricos, automáticos o informáticos» (Latour, 2017, pp. 58-59).
La acción deja así de entenderse como una facultad exclusivamente humana y pasa a concebirse como el resultado de una trama compuesta por personas, objetos, instituciones y tecnologías. El teléfono inteligente, el algoritmo de recomendación, el perfil virtual y la plataforma intervienen en la configuración de aquello que el sujeto observa, comunica y convierte en decisión. Las cosas adquieren una dimensión política porque abren posibilidades, imponen límites y modifican las relaciones sociales, mientras las personas incorporan propiedades técnicas que las convierten en sujetos conectados, registrados, cuantificados y condicionados informáticamente.
Esta comprensión de lo híbrido encuentra una expresión particular en el campo de la hibridación cultural, en el discurso García Canclini, quien trabaja los cruces mediante los cuales prácticas, conocimientos y formas de producción procedentes de ámbitos diferentes se relacionan y generan nuevas configuraciones. Lo culto, lo popular y lo masivo dejan de funcionar como territorios aislados. Sus límites se atraviesan, se desplazan y se recomponen dentro de circuitos culturales compartidos. De ahí que el filósofo y antropólogo exprese: «Necesitamos ciencias sociales nómadas, capaces de circular por las escaleras que comunican esos pisos» (García Canclini, 1990, p. 15).
Esta movilidad exige una lectura multidisciplinaria y transdisciplinaria que articule los conocimientos de la historia del arte, la literatura, el folclore, la antropología y los estudios de la comunicación. Su discurso propone reunir estos saberes parciales para comprender las contradicciones de la modernización latinoamericana y estudiar las culturas híbridas que le otorgan su configuración. Su planteamiento adquiere especial fuerza «cuando la modernidad se ha vuelto un proyecto polémico o desconfiable, con esta mezcla de memoria heterogénea e innovaciones truncas» (ibid., p. 15).
Él comprende la hibridación como un proceso decisivo para interpretar las transformaciones culturales y las formas cambiantes de pertenencia en sociedades atravesadas por intercambios locales y globales. A este respecto, en el texto Consumidores y Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización (1995), expresa:
«Estudiar cómo se están produciendo las relaciones de continuidad, ruptura e hibridación entre sistemas locales y globales, tradicionales y ultramodernos, de desarrollo cultural es hoy uno de los mayores desafíos para repensar la identidad y la ciudadanía» (García Canclini, 1995, p. 132).
Esta transformación también alcanza la manera en que los sujetos construyen, modifican y negocian sus identidades. Por ello, el filósofo explica: «Pero la complejidad y los matices de estas interacciones requieren también estudiar las identidades como procesos de negociación, en tanto son híbridas, dúctiles y multiculturales» (ibid., p. 132).
Estas afirmaciones muestran que lo híbrido surge de relaciones dinámicas en las que conviven continuidades, rupturas y negociaciones culturales. La identidad y la ciudadanía dejan de concebirse como realidades fijas y pasan a entenderse como procesos abiertos, transformados por el encuentro entre tradiciones, prácticas locales y flujos globales.
Lo híbrido excede así la simple mezcla de elementos culturales. Designa un proceso en el que las relaciones transforman aquello que ponen en contacto. Las tradiciones se modifican al ingresar en los medios de comunicación; las expresiones populares adquieren nuevos sentidos cuando circulan por el mercado; el arte cambia cuando se integra en las plataformas virtuales; y las personas alteran sus prácticas al interactuar con redes, algoritmos e inteligencia artificial. Cada componente conserva parte de su procedencia, aunque adquiere propiedades y funciones surgidas de su relación con los demás.
Décadas después, esta interpretación se extiende hacia los circuitos culturales del cibermundo. Las plataformas virtuales y la inteligencia artificial intensifican la hibridación al conectar producción artística, conocimiento científico, comunicación, economía y participación política. Esta articulación ocurre dentro de relaciones desiguales, pues las posibilidades de producir, circular y beneficiarse de los bienes culturales permanecen concentradas en grupos minoritarios.
En una entrevista realizada por Gabriel Ruiz Ortega (2026), García Canclini advierte:
«Unos pocos pueden participar activa y sostenidamente en este tipo de producción cultural, pero la mayoría queda excluida, en tanto productores y como consumidores o beneficiarios de los desarrollos artísticos, científicos y culturales. La expansión de las plataformas y de la Inteligencia Artificial está acelerando estos procesos. Nos resulta difícil imaginar cómo resistir y revertirlos. Algunos se atrincheran en las culturas comunitarias tradicionales o en movimientos de resistencia en los que minorías juveniles están activas. Necesitamos más investigación sobre el sentido común de las mayorías, revertir la desdemocratización neoliberal extendida por las ultraderechas e inventar acciones creíbles, más allá de las inercias descompuestas de los partidos» (párr. 12).
Esta reflexión de García Canclini adquiere una dimensión política vinculada al cibermundo. Las antiguas divisiones entre lo culto, lo popular y lo masivo se entrecruzan ahora con algoritmos, bases de datos, sistemas de inteligencia artificial y corporaciones tecnológicas. La hibridación amplía las posibilidades de creación y circulación cultural, a la vez que concentra el control de la visibilidad y de los beneficios.
A partir de estas ideas sobre la hibridación y desde el pensamiento complejo (Morin, 2020), el mundo y el cibermundo han de concebirse como un híbrido planetario atravesado por la disputa entre el poder de las plataformas virtuales, las culturas comunitarias y las acciones de resistencia que buscan recuperar la participación democrática.
La emergencia del mundo cibernético introduce una transformación decisiva en esta relación, pues el mundo construido por los seres humanos adquiere una extensión cibernética. Al mundo material pertenecen los minerales, los sistemas eléctricos, los servidores, los centros de datos, los satélites, los cables submarinos y los dispositivos electrónicos. El cibermundo, por su parte, está formado por redes, plataformas virtuales, algoritmos, bases de datos, programas y sistemas de inteligencia artificial. Ambas dimensiones permanecen interrelacionadas: los componentes virtuales del cibermundo dependen de la infraestructura física del mundo, mientras sus operaciones producen efectos concretos sobre la vida humana y la organización social.
Referencias
Arendt, H. (2005). La condición humana. Paidós.
García Canclini, N. (1990). Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. grijalbo
García Canclini, N. (1995). Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización. Grijalbo.
Latour, B. (2017). Lecciones de sociología de las ciencias. Arpa.
Morin, E. (2020). Cambiemos de vía. Paidós.
Ruiz Ortega, G. (2026, 27 de febrero). Néstor García Canclini: «Necesitamos revertir la desdemocratización neoliberal extendida por las ultraderechas». La República. Enlace al artículo:https://larepublica.pe/cultural/2025/11/29/nestor-garcia-canclini-necesitamos-revertir-la-desdemocratizacion-neoliberal-extendida-por-las-ultraderechas-hnews-2681021
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