¿Ha llegado el momento de que el Estado y la sociedad construyan juntos el futuro cultural de la República Dominicana?

Toda reflexión adquiere verdadero sentido cuando desemboca en una propuesta.

De poco serviría reconocer las fortalezas y debilidades del sistema cultural dominicano, valorar el extraordinario trabajo realizado por la sociedad civil o demostrar la necesidad de una Política Cultural de Estado si no fuéramos capaces de transformar ese conocimiento en una agenda nacional de futuro.

Las páginas anteriores han demostrado que la República Dominicana posee un patrimonio cultural excepcional, una comunidad artística y académica de enorme riqueza, instituciones culturales consolidadas y una ciudadanía profundamente comprometida con la preservación de su memoria histórica.

También han puesto de manifiesto una realidad que resulta imposible ignorar: el país dispone de todos los elementos necesarios para construir un nuevo modelo de desarrollo cultural.

Quizá ha llegado la hora de convertir esa capacidad en un compromiso nacional.

No basta con perfeccionar una ley.

No basta con fortalecer una institución.

No basta con aumentar un presupuesto.

Ha llegado el momento de construir una visión compartida sobre el lugar que la cultura debe ocupar dentro del proyecto nacional de desarrollo de la República Dominicana.

Hacia un nuevo modelo de gobernanza cultural

Durante décadas hemos identificado la política cultural casi exclusivamente con la acción del Ministerio de Cultura.

Sin embargo, la experiencia dominicana demuestra que la vida cultural del país ha sido construida mediante la acción conjunta del Estado, las universidades, las academias, los gobiernos locales, las fundaciones, los centros culturales, los museos, las bibliotecas, los archivos, las empresas comprometidas con la responsabilidad social, los artistas, los investigadores, los gestores culturales y la diáspora.

La gobernanza cultural del siglo XXI debe reconocer esa realidad.

El Estado debe conservar plenamente su función de rector, regulador y garante del interés público.

Pero, al mismo tiempo, debe construir mecanismos permanentes de cooperación con todos los actores que integran la vida cultural de la Nación.

Gobernar la cultura ya no significa actuar en solitario.

Significa coordinar capacidades, generar consensos y construir alianzas duraderas al servicio del interés nacional.

La experiencia internacional

Palacio Nacional.

Los países que han logrado consolidar políticas culturales exitosas comparten una característica fundamental: comprendieron que la cultura constituye una responsabilidad nacional y no exclusivamente gubernamental.

En distintas regiones del mundo, las políticas culturales de mayor permanencia se apoyan en consejos nacionales, planes estratégicos de largo plazo, sistemas de participación ciudadana y mecanismos estables de cooperación entre el Estado, las universidades, las instituciones culturales y la sociedad civil.

Más allá de las diferencias entre unos países y otros, todos coinciden en un principio esencial: la cultura requiere continuidad, participación y visión de futuro.

La República Dominicana puede construir su propio modelo, inspirado en su historia, en sus instituciones y en la extraordinaria vitalidad de su comunidad cultural.

El Primer Gran Diálogo Nacional por una Política Cultural de Estado

Toda gran transformación comienza escuchando.

Por ello, proponemos la convocatoria del Primer Gran Diálogo Nacional por una Política Cultural de Estado y un Pacto Nacional por la Cultura y el Patrimonio.

No como un acto protocolar.

No como un seminario académico.

Ni como una consulta limitada a determinados sectores.

Debe concebirse como un proceso nacional de construcción colectiva.

Un espacio permanente donde confluyan el Congreso Nacional, el Poder Ejecutivo, los ministerios vinculados al desarrollo cultural, las universidades, las academias, los gobiernos locales, las instituciones culturales privadas, las fundaciones, los museos, las bibliotecas, los archivos, las comunidades, los artistas, los investigadores, los gestores culturales, las industrias culturales y creativas, el sector empresarial y la diáspora dominicana.

Solo una conversación de esa amplitud permitirá construir una verdadera visión cultural de Estado.

El Sistema Cultural Dominicano

Ministerio de Cultura.

Ese diálogo deberá reconocer una realidad que este ensayo ha querido poner de relieve desde sus primeras páginas.

La República Dominicana ya posee un Sistema Cultural Dominicano.

No es una institución nueva.

Es una realidad viva.

Está integrado por el conjunto de actores públicos, privados y comunitarios que producen conocimiento, preservan el patrimonio, forman ciudadanos, impulsan la creación artística y fortalecen la identidad nacional.

Reconocer institucionalmente ese Sistema permitirá superar la visión fragmentada con la que tradicionalmente se ha administrado la cultura y avanzar hacia una política basada en la articulación, la cooperación y la corresponsabilidad.

El Plan Nacional de Cultura

Las denominadas muñecas sin rostro. ACENTO. 16/7/2025 Moca, Espaillat, República Dominicana.

Toda Política Cultural de Estado necesita un instrumento que garantice su continuidad.

Ese instrumento debe ser un Plan Nacional de Cultura, concebido con una perspectiva de largo plazo, objetivos claros, metas verificables, indicadores de evaluación y mecanismos permanentes de seguimiento.

No se trataría de un programa gubernamental.

Sería una política nacional capaz de trascender los cambios de administración y ofrecer estabilidad al desarrollo cultural del país.

El Plan Nacional de Cultura debería convertirse en la hoja de ruta que oriente la acción del Estado y articule el trabajo de todos los integrantes del Sistema Cultural Dominicano.

El Principio de Corresponsabilidad Cultural

Enerolisa Núñez (+) y su grupo de salve en su presentación en la noche larga de museos. Foto: Otto Viloria.

Uno de los aportes más importantes que podría incorporar la futura Ley de Patrimonio Cultural consiste en reconocer expresamente el Principio de Corresponsabilidad Cultural.

Este principio parte de una realidad que la historia dominicana confirma una y otra vez: la protección del patrimonio nunca ha sido una tarea exclusiva del Estado. Ha sido el resultado del trabajo conjunto de instituciones públicas, universidades, academias, fundaciones, centros culturales, museos, comunidades, empresas comprometidas con la responsabilidad social, artistas, investigadores y ciudadanos que han comprendido que la memoria nacional constituye un bien común.

Reconocer jurídicamente ese principio significa aceptar que el Estado conserva su función rectora, pero que la sociedad también posee capacidades, experiencia y legitimidad para contribuir permanentemente a la investigación, conservación, protección y difusión del patrimonio cultural.

No se trata de transferir responsabilidades públicas.

Se trata de fortalecerlas mediante la cooperación.

Porque un Estado moderno no concentra todas las capacidades.

Las articula.

Las coordina.

Las potencia.

Y las pone al servicio del interés general.

Las Instituciones Culturales de Interés Público

Centro León.

La República Dominicana cuenta hoy con un conjunto de instituciones cuya labor ha trascendido ampliamente la organización de actividades culturales.

Han investigado.

Han conservado colecciones.

Han formado generaciones de artistas.

Han desarrollado programas educativos.

Han descentralizado la vida cultural.

Han fortalecido la identidad nacional.

Ese extraordinario patrimonio institucional merece un reconocimiento expreso dentro del nuevo marco legal.

Por ello, proponemos la creación de la categoría de Instituciones Culturales de Interés Público.

Podrían recibir esta condición aquellas fundaciones, centros culturales, museos, bibliotecas, archivos, universidades y organizaciones privadas sin fines de lucro que acrediten una trayectoria permanente y verificable de servicio al patrimonio cultural dominicano.

Este reconocimiento no implicaría privilegios.

Representaría un mecanismo institucional para fortalecer la cooperación entre el Estado y la sociedad, promover proyectos conjuntos, facilitar programas de investigación, conservación y educación, y consolidar una verdadera red nacional de instituciones culturales al servicio del país.

Sería también un acto de justicia hacia organizaciones que, durante décadas, han contribuido silenciosamente al desarrollo cultural de la República Dominicana.

La participación de la diáspora dominicana

La hora de un Pacto Nacional por la Cultura y el Patrimonio (y IV)

Ninguna Política Cultural de Estado estará completa mientras continúe pensando la Nación únicamente desde el territorio insular.

Hoy millones de dominicanos viven en distintos países, donde preservan nuestras tradiciones, crean nuevas expresiones artísticas y fortalecen la presencia internacional de la cultura dominicana.

La diáspora constituye una extensión viva de la Nación.

Por ello, su participación debe incorporarse de manera permanente al diseño, ejecución y evaluación de las políticas culturales.

Su representación en espacios consultivos, programas de cooperación, proyectos de investigación, intercambios académicos y redes internacionales permitirá enriquecer considerablemente la visión cultural del país.

La República Dominicana necesita pensar su cultura desde la totalidad de la dominicanidad.

Cinco decisiones para iniciar una Política Cultural de Estado

Congreso Nacional.

Toda transformación histórica comienza con decisiones concretas.

Por ello, este ensayo propone cinco acciones prioritarias para iniciar la construcción de una auténtica Política Cultural de Estado.

Primera. Convocar el Primer Gran Diálogo Nacional por una Política Cultural de Estado y un Pacto Nacional por la Cultura y el Patrimonio, con la participación del Estado, el Congreso Nacional, las universidades, las academias, las fundaciones, los centros culturales, los gobiernos locales, el sector empresarial, los artistas, los gestores culturales y la diáspora.

Segunda. Formular y aprobar un Plan Nacional de Cultura, con visión de largo plazo, objetivos estratégicos, indicadores de evaluación y mecanismos permanentes de seguimiento, capaz de trascender los cambios de gobierno.

Tercera. Reconocer institucionalmente el Sistema Cultural Dominicano como el conjunto articulado de instituciones públicas, organizaciones privadas y actores sociales que contribuyen al desarrollo cultural del país.

Cuarta. Incorporar en la legislación el Principio de Corresponsabilidad Cultural y el reconocimiento de las Instituciones Culturales de Interés Público, fortaleciendo la cooperación permanente entre el Estado y la sociedad.

Quinta. Integrar plenamente a la diáspora dominicana dentro de la política cultural nacional, reconociéndola como un actor estratégico para la preservación, investigación y proyección internacional del patrimonio cultural.

Estas cinco decisiones no agotan la agenda cultural del país.

Pero pueden constituir el punto de partida de una transformación histórica.

Una visión compartida para el siglo XXI

Las grandes naciones no se construyen únicamente mediante obras materiales.

Se construyen, sobre todo, mediante ideas compartidas.

La República Dominicana necesita iniciar una nueva etapa de su historia cultural.

Una etapa donde la cultura deje de ser considerada un sector administrativo para convertirse en uno de los pilares del desarrollo nacional.

Una etapa donde las políticas culturales trasciendan los períodos gubernamentales y se conviertan en compromisos permanentes del Estado.

Una etapa donde las instituciones públicas y la sociedad civil trabajen como aliadas, no como actores aislados.

Una etapa donde la creatividad, el conocimiento, la memoria y el patrimonio ocupen el lugar estratégico que les corresponde dentro del proyecto de Nación.

Ese es, en esencia, el propósito de este ensayo.

No pretende únicamente contribuir al perfeccionamiento de una ley.

Aspira a impulsar una conversación nacional sobre el futuro cultural de la República Dominicana.

Porque las leyes pueden modificarse.

Los gobiernos cambian.

Las instituciones evolucionan.

Pero la cultura permanece.

Ella conserva la memoria de quienes fuimos, fortalece la conciencia de quienes somos y orienta el horizonte de quienes aspiramos a ser.

Ha llegado el momento de asumir esa responsabilidad con una visión compartida.

Ha llegado la hora de construir una Política Cultural de Estado y un Pacto Nacional por la Cultura y el Patrimonio que unan al Estado y a la sociedad en un mismo propósito: preservar la memoria, fortalecer la identidad y proyectar, con confianza y creatividad, el futuro cultural de la República Dominicana.

Conclusión General

La cultura como un compromiso con el futuro de la Nación

Luis Abinader, presidente de la República

Todo ensayo aspira, en algún momento, a trascender las circunstancias que le dieron origen. Este nació a partir de la discusión del Proyecto de Ley de Patrimonio Cultural de la República Dominicana. Sin embargo, a medida que avanzó la reflexión, quedó claro que el verdadero desafío del país no consiste únicamente en aprobar una  legislación. Consiste en decidir el lugar que la cultura ocupará dentro del proyecto nacional durante el siglo XXI.

Esa es la cuestión de fondo.

Porque una nación no se sostiene únicamente sobre el crecimiento de su economía, la fortaleza de sus instituciones o la modernización de su infraestructura. También necesita una memoria compartida, una identidad que la cohesione, valores que orienten la convivencia y una visión de futuro que dé sentido a su desarrollo. Todo ello forma parte de la cultura.

A lo largo de estas páginas hemos sostenido una idea central: la República Dominicana necesita dar el paso histórico de convertir la cultura en una verdadera Política de Estado.

No como una aspiración retórica.

No como un programa de gobierno.

No como una responsabilidad exclusiva del Ministerio de Cultura.

Sino como un compromiso permanente de la Nación consigo misma.

Nuestra historia demuestra que nunca hemos carecido de talento ni de capacidad creadora. Tampoco han faltado hombres y mujeres comprometidos con la defensa de nuestra memoria. Desde la Independencia Nacional hasta nuestros días, escritores, educadores, artistas, investigadores, universidades, academias, fundaciones, centros culturales, museos, comunidades y la diáspora dominicana han mantenido viva la identidad nacional, aun en aquellos momentos en que las políticas públicas resultaron insuficientes.

Ellos han sido los guardianes de nuestra cultura.

Pero también hemos comprobado que ese inmenso esfuerzo continúa disperso y carece todavía de un horizonte común capaz de articular todas esas capacidades dentro de un verdadero Sistema Cultural Dominicano, sustentado en una Política Cultural de Estado, un Plan Nacional de Cultura y un Pacto Nacional por la Cultura y el Patrimonio.

Ha llegado el momento de construir ese horizonte.

No para sustituir lo que existe.

Sino para integrarlo.

No para concentrar todas las responsabilidades en el Estado.

Sino para fortalecer la corresponsabilidad entre las instituciones públicas y la sociedad.

No para uniformar la diversidad cultural del país.

Sino para protegerla, enriquecerla y proyectarla hacia el futuro.

Porque una sociedad que invierte en cultura invierte, al mismo tiempo, en educación, ciudadanía, creatividad, innovación, cohesión social, desarrollo económico, turismo cultural y prestigio internacional.

Invertir en cultura es invertir en la República Dominicana.

Nuestro país posee hoy todas las condiciones para emprender esa transformación.

Posee un patrimonio cultural de extraordinaria riqueza.

Posee instituciones culturales consolidadas.

Posee universidades y academias con una importante capacidad de investigación.

Posee artistas y creadores reconocidos dentro y fuera del país.

Posee fundaciones y centros culturales que durante décadas han contribuido silenciosamente a preservar nuestra memoria colectiva.

Posee una sociedad civil comprometida.

Posee una diáspora que ha convertido la dominicanidad en una presencia cultural viva en numerosos países.

Y posee, sobre todo, la oportunidad histórica de transformar todas esas fortalezas en una visión compartida de futuro.

Esa oportunidad también interpela al liderazgo político del presente.

El presidente de la República, Luis Abinader, tiene hoy la posibilidad de convocar al país alrededor de uno de los grandes proyectos nacionales que pueden trascender su tiempo de gobierno: impulsar el Primer Gran Diálogo Nacional por una Política Cultural de Estado y un Pacto Nacional por la Cultura y el Patrimonio.

A dos años de concluir su segundo y último mandato constitucional, esa convocatoria podría convertirse en uno de los legados institucionales más trascendentes de su gestión. No se trataría únicamente de promover una nueva legislación, sino de iniciar un proceso de concertación nacional capaz de construir una visión compartida del desarrollo cultural de la República Dominicana para las próximas décadas.

Sería una invitación al Congreso Nacional, al Ministerio de Cultura, al Ministerio de Educación, al Ministerio de Turismo, a las universidades, a las academias, a los gobiernos locales, a las fundaciones, a los centros culturales, a los museos, a las bibliotecas, a los archivos, a los artistas, a los investigadores, a los gestores culturales, al sector empresarial y a la diáspora dominicana para pensar juntos el futuro cultural de la Nación.

Ese sería un legado que trascendería un período presidencial.

Porque las grandes políticas públicas sobreviven a quienes las impulsan cuando nacen del diálogo, del consenso y de una visión compartida de país.

La República Dominicana necesita precisamente esa visión.

Necesita comprender que la cultura no constituye un gasto.

Es una inversión estratégica en educación, ciudadanía, democracia, creatividad, innovación, cohesión social y desarrollo humano.

Necesita reconocer que el patrimonio cultural pertenece a toda la Nación y que su protección constituye una responsabilidad compartida entre el Estado y la sociedad.

Necesita entender que el verdadero desarrollo no puede medirse únicamente por indicadores económicos, sino también por la fortaleza de la memoria, de la identidad y de la conciencia colectiva de un pueblo.

Quizá dentro de algunos años la discusión del Proyecto de Ley de Patrimonio Cultural sea recordada simplemente como un episodio más del proceso legislativo dominicano.

Pero también puede ser recordada como el momento en que la República Dominicana decidió pensar la cultura con visión de Estado.

Como el instante en que comprendimos que proteger el patrimonio no significa únicamente conservar el pasado.

Significa ofrecer a las futuras generaciones una Nación consciente de su historia, orgullosa de su identidad y preparada para construir su porvenir sobre bases más sólidas.

Los gobiernos pasan.

Las leyes evolucionan.

Las instituciones se transforman.

Pero la cultura permanece.

Ella conserva la memoria de quienes nos precedieron, fortalece la identidad de quienes hoy habitamos esta tierra y prepara el camino de quienes aún no han nacido.

Por eso, convertir la cultura en una Política de Estado no constituye únicamente una decisión administrativa.

Es, sobre todo, un acto de responsabilidad histórica.

Es una decisión sobre el país que queremos ser.

Y quizás también el legado más noble que nuestra generación pueda entregar a la República Dominicana.

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La cultura dominicana tiene sus guardianes (II)

¿Por qué la cultura debe convertirse en una Política de Estado? (III)

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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