La educación lleva a la humanización. La educación va más allá de la adquisición de saberes y de destrezas técnicas. La educación no es una imposición de una vía; el aprendizaje despierta la conciencia y promueve el desarrollo del individuo. Al analizar las ideas de pensadores, la observación muestra que la enseñanza debe ser un entorno donde la dignidad y el respeto al estudiante son valores. El entorno permite al individuo alcanzar el potencial en un espacio de libertad.
La obra Emilio, o De la educación, transformó la pedagogía poniendo al niño como el centro del proceso de aprendizaje. Rousseau (1762) dice que educar significa honrar la naturaleza del ser humano y los ritmos de desarrollo del ser humano. La sociedad no debe degradar la habilidad del ser humano para aprender. El enfoque anima a los educadores a observar con atención y a no imponer. El enfoque permite que el conocimiento surja de experiencias con el entorno y no de las presiones. Este sienta los cimientos de la pedagogía para el aprendizaje.
En un enfoque parecido al respeto por el crecimiento natural, Montessori (1949) destacó la importancia de un espacio que favorezca la autonomía. Dijo que el educador debe ser un facilitador que crea un entorno adecuado para que la “mente absorbente” del niño funcione libremente. El espacio y el entorno permiten al niño ejercer la autonomía. De acuerdo con esa idea, la educación no es una preparación para el futuro, es parte de la vida ahora. La autodisciplina nace del interés, no de la autoridad y la educación permite al aprendiz forjar el carácter.
Por último, Freire (1970) dio el punto crítico que hace que la educación sea una herramienta para cambiar la sociedad. Criticó el concepto de “educación bancaria”, donde el profesor solo pasa datos al estudiante, y propone una enseñanza basada en el diálogo y la libertad. Con este enfoque, educar es desafiar la realidad y fortalecer la capacidad del aprendiz para ser un agente de cambio. El aprendiz deja la pasividad y logra una comprensión del contexto y de la función del aprendiz en el mundo.
Más allá de las técnicas, la educación tiene que ser una conexión cercana entre dos personas. Esa visión dice que el objetivo más importante de cualquier actividad educativa es la persona completa: su cuerpo, su mente y su corazón. Según esa idea, el sistema educativo no debe ver al estudiante como un número o como una mano de obra, sino como una persona única con un valor propio. Esta forma de enseñanza necesita que el maestro y el alumno tengan un encuentro cara a cara. El maestro y el alumno fomentan la empatía y la cooperación entre sí, combinan el aprendizaje de la materia con el desarrollo de la persona y trabajan juntos.
Además, la dimensión de valores es la base que sostiene cualquier currículo. Educar no es una actividad objetiva. Educar implica identificar principios que dan sentido a la vida. Al incluir la ética en la enseñanza, convertimos la educación en desarrollo integral. Así garantizamos que el avance no se separa de la ética. Esta visión nos recuerda que el objetivo final de la enseñanza es promover la justicia y la responsabilidad en el carácter del estudiante. La enseñanza prepara al estudiante para tomar decisiones que superen el interés. El personal debe buscar el bienestar de la comunidad.
Al final, es muy importante tener en cuenta que la educación está en el contexto legal y social. Ese contexto tiene que asegurar el desarrollo completo. En casos como el de la República Dominicana, la Ley General de Educación 66-97 dice que la enseñanza tiene que basarse en los valores cristianos, los valores humanos y los valores importantes. Esa base legal se refleja en los pioneros que se estudiaron, porque la ley quiere que la escuela sea un
lugar de democracia y justicia. Las directrices de educación se sincronizan con las ideas de libertad de Rousseau, con la autonomía que promueve Montessori y con la equidad que plantea Freire. El sistema cambia de una entidad de la burocracia a un impulsor del avance y de la dignidad del país.
En resumen, la combinación de estas tres perspectivas, la libertad esencial de Rousseau, la independencia montessoriana y la crítica de Freire, proporciona un modelo educativo fuerte y profundamente humano. La educación no debe ser un proceso uniformado; en cambio, debería ser la herramienta que ayude a los individuos a conocerse a sí mismos mientras contribuyen al bien común. Abordar esta tarea implica aceptar que cada salón de clases es esencialmente un laboratorio donde se cultivan la libertad, la responsabilidad y la dignidad de las generaciones venideras.
Referencias Bibliográficas
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (J. Mellado, Trad.). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1970).
Montessori, M. (1995). La mente absorbente del niño (J. M. S. de Oca, Trad.). Editorial Diana. (Obra original publicada en 1949).
Rousseau, J. J. (2012). Emilio, o De la educación (M. Armiño, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1762).
______________________________________________________
Emely Shanthal Bonilla es estudiante de la Licenciatura en Educación mención Física y Matemáticas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). shantalbonita01@gmail.com
Compartir esta nota