“Porque no sabemos nombrar el sin sentido” (José Sirís).

Del poeta José Sirís tenía noticias, a través de amigos comunes que me hablaban de su paso por el taller literario César Vallejo de la UASD, del cual fue miembro e, incluso, durante un breve periodo, su director. Pero un día de 1989, decidió hacer maletas y se esfumó a Suiza, estadía que duró más de treinta años, sin perder su vocación de poeta, y sin abandonar su mirada sensible a la convicción de la escritura y la publicación de sus libros de poesía. Estudió educación, mención filosofía y letras en la UASD. Ha publicado los poemarios: Relevancia de nexos, en 1992, Crónica de los pasos a través de la vuelta, en 1995 (a cuya presentación asistí en Casa de Teatro), y Confines y nostalgias, en 2020, es decir, 25 años después de su libro anterior –y de un largo silencio.  Sirís (nacido en San Francisco de Macorís, en 1959) ha creado un mundo poético con los instrumentos nostálgicos de la cotidianidad. Es decir, recrea un universo simbólico de evocaciones, que dimanan de la perplejidad y el paso de las estaciones del año. Son pues, las suyas, imágenes poéticas, que brotan del desasosiego y de las divagaciones del olvido y la memoria, en ritos de paso, entre las apariencias  y las paradojas de las cosas y los seres, ahora que ha entrado al otoño de su vida, etapa que denomina Sur de otoño (como se titulado su más reciente poemario). Sus palabras poéticas parecen hechizadas  por el azar de la ensoñación;  de ahí que se confundan y combinen, magistralmente, la realidad  y el sueño, la presencia y la apariencia, la ficción y lo concreto. Sus metáforas surrealistas se revelan abstractas y violentas. Como un alquimista de la poesía, Sirís, como Rimbaud, escarba en el reino de la imaginación, en una búsqueda hacia sí mismo, en un laberinto mágico del tiempo y del ser. Ese pulso lírico, en Sirís, se expresa en una búsqueda del sentido poético, en un proceso en el que el ser lírico se sumerge y ahonda en la fantasía de lo cotidiano. La ciudad y el campo, la nostalgia transfigurada en evocaciones descriptivas y enumeradas, el viaje y el movimiento de la experiencia sensible del ser, en su errancia y divagaciones: son algunos de los ejes que permean –o vertebran– su impulso creativo, su voluntad de enunciación y su deseo de poetizar. Dice el poeta: “Solo instante contrapuesto a otro instante en la memoria (y) partir podría ser la aventura de llegar a quedarse como ordenado elemento esperando un viento sin timón” (pág. 14).

Sorprende en este poeta su potencia de simbolización, entre la frase barroca y el sentido surreal de su prosa poética, que constituye el eje central de su poética y de su discurso, en la articulación de esta obra. También, su ritmo y su tono, al estructurar su discurso poético y al lograr sostener un corpus de poemas en prosa, matizado de pensamiento, en un contexto de poesía post-surrealista –o neo-surrealista. La masa textual que alcanza Sirís en Sur de otoño (Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2023) es el resultado de un pulso expresivo de matices y misterios. Paréntesis e interrogaciones, la prosa poética de Sirís, en este libro, alcanza registros y brillos que oscilan entre la magia del tarot y el azar surrealista. Como representante de la Generación de los Ochenta, la poesía de Sirís tiene una gran deuda estética con la “poética del pensar” (o poesía del pensamiento, que instaurara José Mármol, desde el seno del taller literario César Vallejo, en los albores de los años ochenta), lo cual hace de su obra una reivindicación o una continuación muy vívida y renovadora, rica en imágenes poéticas, visiones y metáforas cotidianas. Sus poemas en prosa semejan cuadros de pinturas abstractas o impresionistas, en que el lenguaje poético refleja el paisaje del espacio de lo visible, en una temporalidad del tejido lírico. Como juegos de apariencias, sus frases poéticas cobran aliento en la intemperie de las cosas reales. El ritmo de su prosa se mueve en textura simbólica, en resonancias, entre la sombra y la luz, entre la esencia de las cosas y los márgenes de sus miradas. El tejido de las palabras poéticas, en Siris, representa un ritual múltiple de voces, reflejos y ecos, como un espejo luminoso, en un espectro de sombras, entre la presencia y la ausencia de lo soñado y lo vivido. En el mundo poético de José Sirís, en efecto, la luna y el sol, el día y la noche se reflejan e intercambian simbólicamente sus representaciones cósmicas, entre la luz y la oscuridad, la sombra y la penumbra. Asistimos así, en su obra poética, a un bosque de símbolos verbales, en que las cosas se confunden con las palabras, la realidad con sus evocaciones, el deseo con sus ensoñaciones, la existencia con sus figuraciones. Así pues, cada texto en prosa representa un golpe de voluntad creativa y un eco arbitrario del signo poético. Quien lo lee asiste a un concierto de palabras, que se entrecruzan e hibridan, en un mosaico de referencias imposibles de definir o asociar en la realidad sensible del mundo de las representaciones, de que son capaces el arte poético y la imaginación verbal. Sirís, en el marco del acto de relatar, lo hace desde la perspectiva del yo lírico, con la consciencia del cálculo que vigila el azar de la creación y con la sensibilidad de la abstracción verbal. Es admirable su potencial de simbolización y su inagotable verbalización, al fundar un sistema en prosa poética de amplio espectro y enorme calado de sugerencias. La madeja de palabras que teje y el bosque de metáforas con que puebla su imaginario poético, se convierten en un semillero de frases, que cuentan o relatan experiencias vividas, pero transformadas en metáforas del lenguaje verbal, y que ponen en crisis la noción de realidad. Oigamos al poeta:

“Permanente imperio del ocaso sin hueco de sosiego ni loco bemol sobre el tambor” (pág. 18).

Sus frases poéticas se hilvanan en una especie de magma textual, en el que se entrecruzan la mirada y lo evocado, la visión y la memoria. El ser poético encarna un sujeto errante, un flaneur, como en época parisina de los simbolistas, en que la ciudad se rebela contra el mundo. Así pues, afirma: “Cuatro y cincuenta postmeridiano y me levanto sobre este sendero ajeno a todo encanto (afuera) el mundo se aglomera en unos cuantos faroles destinados a desaparecer y resurgir” (pág. 28). Y sigue diciendo: “Ni siquiera el lomo de un instante toca mis incesantes ejercicios iguales o hábitos al borde de un declive sin pausas, un paréntesis. Fósforo desvanecido en un desagüe dejándose llevar por el hastío (es) cuanto hay, imaginación desmoronada en un por qué, lustros de tarde. Nada alivia descomunales  acosos soportando veinticuatro horas” (pág. 28).

Como se ve, hay en José Sirís, la encarnación de un ser desasosegado y afectado por el hastío cotidiano, imbuido por la errancia del cuerpo, y un alma en vilo, impulsada por el asombro, que lo induce a escribir sus experiencias vitales y desarraigadas. “Navego sin control por mi esencia sin darle vida o muerte: algo persiguen mis ojos sin saberlo” (pág. 38). Ese ser biográfico se expresa en el ser poético, a la manera de un viajante insomne, que refleja los rituales cotidianos del tedio vitae: “Veo pasar personas frente a mi casa dándole a la existencia su merecido aliento de apariencia” (pág. 54).

Con la publicación de Sur de otoño, el poeta ochentista José Sirís se afirma y reivindica como una voz poética de enorme potencia imaginativa, y en un artífice del poema en prosa, de composición simbolista y matices surrealistas. Sirís, con este poemario en prosa se sitúa, a mi modo de ver, en la tesitura de los poetas capaces de elaborar  un libro de factura lírica con aspiraciones de originalidad y vocación de perfección expresiva.

José Sirís y la mirada poética surrealista

Basilio Belliard

Poeta, crítico

Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en filosofía por la Universidad del País Vasco. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y Premio Nacional de Poesía, 2002. Tiene más de una docena de libros publicados y más de 20 años como profesor de la UASD. En 2015 fue profesor invitado por la Universidad de Orleans, Francia, donde le fue publicada en edición bilingüe la antología poética Revés insulaires. Fue director-fundador de la revista País Cultural, director del Libro y la Lectura y de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura, y director del Centro Cultural de las Telecomunicaciones.

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