La preocupación por el deterioro del lenguaje no puede quedarse en diagnóstico.
Una sociedad que identifica su problema está obligada a proponer soluciones.
No se trata de nostalgia ni de control, sino de reconstruir las condiciones que hacen posible una cultura con criterio.
Conviene precisar: el problema no es el lenguaje popular ni la transformación natural de la lengua. Toda época deja su huella en la forma de hablar.
La preocupación surge cuando el lenguaje deja de ser expresión viva de la sociedad y se convierte en producto: simplificado, ofensivo, amplificado y orientado al impacto más que al contenido.
No todo cambio enriquece.
Y no todo lo popular nace de la cultura.
Este fenómeno no es exclusivo de la República Dominicana. Forma parte de una transformación global.
Noam Chomsky ha advertido cómo el lenguaje puede ser moldeado por el poder; Umberto Eco sobre la simplificación cultural; y Zygmunt Bauman sobre una modernidad líquida donde se debilitan los vínculos.
En ese contexto, el deterioro del lenguaje afecta directamente la identidad y la vida en común.
Propuestas
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Regular con criterio
Actualizar el marco de medios, aplicar normas con coherencia y fortalecer organismos técnicos.
Regular no es censurar: es proteger el espacio público.
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Medios responsables
Los medios forman cultura. Deben asumir códigos éticos y compromisos reales.
El rating no puede ser el único criterio.
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Apoyar lo valioso
No basta limitar lo negativo.
Hay que financiar, premiar y promover contenidos de calidad.
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Educar para pensar
El problema del lenguaje es, en el fondo, educativo, cultural y social.
Educar en lenguaje es educar en pensamiento crítico.
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Recuperar comunidad
La cultura se forma en el hogar y en los espacios de convivencia.
Cuando desaparecen la conversación y los espacios humanos, se empobrece el lenguaje.
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Liderazgo responsable
El lenguaje público marca el tono social.
La cultura debe ser política de Estado.
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Libertad con responsabilidad
La libertad de expresión debe elevar, no degradar.
Un desafío global
En América Latina y Asia se impulsan políticas para proteger lenguas e identidades.
Ejemplos como Paraguay muestran que es posible convivir entre tradición y modernidad sin perder la voz propia.
Las palabras que sostienen la vida
Toda decadencia comienza cuando las palabras se vacían.
Nosotros. Amor. Gratitud. Dignidad.
Honor. Verdad. Deber. Belleza.
No desaparecen: pierden sentido.
Y cuando una sociedad se distancia de esas palabras, se distancia de sí misma.
Recuperar el lenguaje es restaurar significado y comunidad.
Decir “gracias” es reconocer.
Decir “nosotros” es pertenecer.
Nombrar con dignidad es reconstruir.
Como advirtió Pedro Henríquez Ureña, el idioma no solo comunica: expresa una manera de pensar y de sentir.
Hacia una cultura con criterio
El desafío no es detener el cambio, sino orientarlo.
No es imponer, sino evitar el empobrecimiento.
No es rechazar lo popular, sino impedir que se diluya en lo banal.
Recuperar el lenguaje es una tarea moral, educativa, cultural y política.
Porque una nación no se pierde cuando deja de hablar, sino cuando deja de decir.
Cuando sus palabras ya no nombran lo esencial, cuando su voz deja de reconocerse a sí misma.
Y una nación que no puede nombrar lo que la sostiene, difícilmente podrá sostenerlo.
Porque en la palabra habita la memoria, la conciencia y el sentido de lo común.
Una nación que cuida su lenguaje cuida su pensamiento.
Y una nación que cuida su pensamiento, cuida su destino.
Nota
Noam Chomsky: lingüista, filósofo y analista político estadounidense, reconocido por sus aportes a la teoría del lenguaje y su reflexión sobre el poder y la comunicación.
Umberto Eco: escritor, filósofo y semiólogo italiano, estudioso de los signos, la cultura y los medios de comunicación.
Zygmunt Bauman: sociólogo y filósofo polaco, autor del concepto de “modernidad líquida”, que describe la fragilidad de los vínculos en la sociedad contemporánea.
Pedro Henríquez Ureña: ensayista, filólogo y humanista dominicano, referente del pensamiento hispanoamericano, quien concibió el idioma como expresión profunda de la cultura y la identidad.
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