"Como un discreto y detallista orfebre, Olivo ha ido poblando su mundo literario con historias y seres que pugna por entrar a un imaginario más vasto, tornándose metáforas de elevado nivel. Un juez ya no es un juez, sino la 'justicia', un asesino es un espejo, un artista un abismo…". Rafael J. Rodríguez Pérez

Mientras en los cuentos de Edgar Allan Poe, el concepto del vacío se manifiesta de varias formas, sirviendo como una fuerza psicológica y existencial que impulsa la trama y define a los personajes. No  solo como la ausencia de algo, sino eso inquietante que atormenta y descompone la mente humana, asociándose al vacío  con el aislamiento, la locura, la pérdida y la disolución de la identidad, en los relatos de Gustavo Olivo Peña, reconocido periodista dominicano, galardonado escritor y dueño de una admirable personalidad, el vacío pasa a ser un personaje más.

El vacío como personaje, en 'Desde un costado de la (des) memoria', de Gustavo Olivo Peña

En su libro "DESDE UN COSTADO DE LA (DES) MEMORIA",  Río de Oro Editores, colección Logos, 2025, don Gustavo trasmuta esta ausencia de emociones a un sujeto objeto de múltiples presencias. Un espacio lleno de intrigas, sinsabores, con personalidad propia. En el cuento "Regalo"  el vacío hace su presencia de inmediato. No es un proceso, es un impulso donde el autor  demuestra su habilidad atrapante descuartizando así una escena  donde la nada empezará a tener partida:

"La niña se distrajo y cruzó la calle sin reparar en el vehículo. El otro acudió a protegerla. Ambos murieron por el impacto de la camioneta". (Pág.47)

Aquí la ausencia ahora está presente en toda la historia: "Éramos inseparables". "(…) en mi casa se sentían aromas de flores de funerales, se escuchaban conversaciones a modo de murmullos, puertas se abrían y cerraban, y se veían y oían caídas de objetos en la cocina, en pasillos y otros espacios de la casona solariega".  Ese vacío, esa realidad paralela, vive junto a los demás personaje de los relatos:

"(..)A partir de ese momento tenía conciencia de mis sueños y los conservaba en la memoria con claridad y minuciosidad de detalles. Fue un tránsito natural, sin sobresaltos, donde parecía convertirme en un viajero del pasado y del futuro. Me gustaba la sensación de transitar por lugares imaginados me hacía feliz saber que existía esa vida paralela a la que asistía como un testigo pasivo". (Pág.49)

En el cuento "El legado" el vacío tarda un poco más por llegar. Y al fin llega. Ahora es una presencia que queda más allá de la lectura final, en la mente del lector:

"(…) dejó caer el auricular para luego colocar, con señal de dolor, la mano derecha contra el pecho, justo antes de desplomarse." (Pág.33)

Don Olivo Peña, al igual que lo hacía Allan Poe, a menudo muestra a el vacío como un reflejo del tormento interno de sus personajes. Sus protagonistas son en su mayoría individuos solitarios, atrapados en sus propias mentes y obsesionados con recuerdos traumáticos o ideas fijas. Sin embargo, don Gustavo lo lleva más allá  vistiendo al vacío de carne, de piel, dotándolo de emociones propias:

"- Bien- respondió Raúl, sin emoción, al saludo matinal de la compañera de labores. Le daba lo mismo callar o rendirse al rito protocolar. Su mirar apagado, las oscuras ojeras y el caminar cabizbajo desmintieron la afirmación de bienestar. La mujer, amable, carismática, con la que coincidía en los pasillos y en el elevador, ese día lo observó compasiva, como si estuviese frente al sobreviviente de una cruenta guerra. 

Raúl se enfrentaba de nuevo al insondable vacío, al abismo de su yo". Viaje a la nada (Pág.43)

Y es que lo insondable es la realidad misma, el diario vivir, las situaciones a las que nos enfrentamos, ese vacío existencial  que ahora convive como una concreta existencia en medio de la trama:

"El hombre se arrastró hacia la mujer, como si quisiera protegerla, y solo pudo derrumbarse a su lado y en la agonía balbucear algo ininteligible, que ella ya no pudo escuchar ni responder. En el tránsito entre los últimos instantes de la existencia y los primeros pasos hacia la muerte revivieron con claridad las imágenes y las palabras de las últimas horas juntos". La fotografía (Pág.74)

En "La mirada"  el vacío se llena de rumores. Nadie sabe quién ha estado allí, pero lo está. El vacío respira odio, envidia, rencores, malicia. Es un ser omnisciente, que se mueve como un basilisco, una criatura letal con aliento venenoso y el poder de matar con solo mirarla:

“En esos años, principios de los ochenta, no se contaba con teléfonos móviles. Transcurrieron más de dos horas a la espera de una grúa. Venus se encendió la radio. Empezó a sonar la canción 'Honesty'. Corrieron sus lágrimas, tomé mi pañuelo y lo pasé por sus mejillas. Nos recostamos en el costado derecho del coche y charlamos sin prestar atención al constante tráfico. El sol comenzó a ponerse. Supongo que alguien nos reconoció, y no tardó en contarte en qué lugar nos habían visto, y estoy convencido de que ese alguien aderezó el relato para ponerte a pensar cualquier cosa; aunque tengo que admitir que la circunstancias jugaban en contra nuestra". (Pág.40)

El autor de "Un hombre discreto y otras historias", nos reta. Nosotros asumimos el reto y acompañamos a sus personajes por los senderos del silencio. El vacío no nos deja, se sube sobre nosotros y encorvados tratamos de sobrellevar la carga que, al mismo tiempo, nos duele y disfrutamos:

"Aquella noche calurosa de junio, el teniente Gael Hidalgo llegó más agotado que de costumbre a su casa. Minutos antes, durante el trayecto, sacudía la camisa del uniforme sudada y adherida a su piel, como si estuviera manipulando un abanico de mano. Las pisadas de los transeúntes contra el asfalto provocaban un rumor sordo. Antes de entrar a su hogar echó hacia atrás la cabeza y miró al cielo, sombreado, infinito y vacío. Algunas lucecitas parpadeantes reforzaron la sensación de que algo malo y desproporcionado ocurriría. El teniente cargaba ese pálpito como un pesado fardo”. El regreso (Pág.15)

El vacío como personaje, en 'Desde un costado de la (des) memoria', de Gustavo Olivo Peña

El maestro Gustavo Olivo Peña, no deja de ¡sorprendernos!

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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