La minificción literaria puede ser entendida como la capacidad de contar hechos de la forma más escueta posible. Es un género que exige precisión lingüística y densidad semántica, no solo por su extensión, sino por la hondura conceptual que le atañe. Décadas después de aquel disruptivo: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (Monterroso, 1998, p. 77), han surgido distintos autores que exploran el universo del microrrelato en diferentes facetas. Ibeth Guzmán es, precisamente, una de estas escritoras.

En su libro El microrrelato: teoría e historia (2006), el crítico literario argentino Lagmanovich concibe la mutación estructural como rasgo técnico de los microtextos, definiéndola como la intensificación de los elementos narrativos para provocar un clímax alternativo o imprevisto. Esa metamorfosis en la estructura del relato puede derivar en el plot twist o giro argumental, un fenómeno de carácter transformacional en la interpretación textual. Al analizar la colección Yerba mala (2015), se observa cómo su autora, la doctora Guzmán, emplea hábilmente este elemento como recurso de cierre en varios de sus microrrelatos, generando enfoques independientes en la comprensión de la trama.

El primer texto de esta obra se titula “Moda” y posee cuatro oraciones. Las dos primeras narran lo siguiente: “La moda era su preocupación metafísica. Revistas y desfiles eran la principal ocupación de su vida” (p. 7). Hasta este punto, sin estereotipos de género, es probable que el lector imagine un personaje femenino dedicado al universo del estilo. No obstante, las dos últimas oraciones de la misma página transforman esa conceptualización: “Nadie ha vuelto a saber de él. Se dice que anda por el mundo convertido en maniquí”. No solo se presenta el género del personaje con un pronombre masculino, sino que él, de tanto consagrarse a la moda, metamorfosea en un objeto de esta.

Dra. Ibeth Guzmán, escritora y académica.

Dicha hibridación literaria se presenta tanto en objetos como en animales. “Para volar” presenta a un niño aficionado al Nintendo y al espacio. En sus ansias de volar, el espíritu maligno lo visita y promete darle esta facultad si acepta cambiar su forma. Al ser una propuesta de varias interpretaciones, la autora deja en suspenso la trama hasta el enunciado de cierre: “A la mañana siguiente amaneció convertido en mosquito” (p. 9). Del mismo modo sucede en “Por tu amor me convertí en cocodrilo”, donde los personajes se convierten, en ese caso, en reptiles.

La autora introduce en estos casos un plot twist microtextual: de un deseo infantil de volar a un zoomorfismo evidente; de un deseo salvaje a una criatura salvaje. Este es un mecanismo de presentación de lo fantástico, cuestionando la veracidad de los hechos. Además, puede mantener al lector expectante del posible desenlace en la narración.

Un aspecto relevante de este volumen de minificción es su extensión, con textos de una sola oración —estilo monterrósico, si se quiere— y otros un poco más extensos. Entre esos últimos se destaca “De piernas mates y matrimonios extraños”, cuyo título es una premonición sutil de su desenlace. Luego de describir la vestimenta de un personaje femenino vestido de gala, señala que sufría una agonía tan fuerte que obstruía su voz, saliendo en forma de ladrido. Al final, se produce el cambio: “Esta noche se va a casar y su futuro marido ladra igual que ella cosas ininteligibles, con la única salvedad de que él sí anda en cuatro patas” (p. 12). ¿Será su marido un perro? ¿Es la esposa otro cuadrúpedo? ¿Es acaso metafórico? Todo esto desemboca en una vacilación interpretativa.

El 'plot twist' como recurso de cierre en la obra 'Yerba mala', de Ibeth Guzmán

Cómo escribir un microrrelato (2017), de Ana María Shua, destaca que esta forma narrativa en ocasiones parece un estallido sugerente. En consonancia, “Certeza” parece ser desde su inicio la descripción de un suicidio: “Se acostó con la certeza de que la vida se le agotaría justo en ese tránsito entre el día y la noche. Cuando se descubrió capaz de observar el amanecer, fue a la cocina, tomó un cuchillo…” (Guzmán, 2015, p. 23). Sería acertado pensar que, como desenlace el lector intuye su muerte, pero no es así, más bien, “peló plátanos para el desayuno”.

Otro microrrelato de temática coincidente es “Una carrera para curarse”, la historia de una mujer que estudió psicología para exorcizar sin éxito su deseo de autodestrucción. “Y entonces vio en la oportunidad de planificar su muerte un delgadísimo fleco de alegría” (p. 25). Lo que se intuye como reflejo de sus últimos hálitos de vida da lugar a un plot twist de desenlace sorpresivo. Luego de recibir iluminación divina, reflexiona que, al gustarle tanto la muerte, le vendría mejor abrir una funeraria.

Son tan diversas las formas de lo fantástico en la narración que no se limitan a transformar lo real en irreal, sino que también pueden convertir un idilio utópico en una realidad predecible. De ese modo, “Mi lado animal” refleja a un individuo que decide vivir en el monte para alejarse de sus semejantes: “Entonces vivió feliz día tras día. Los animales salvajes armonizaban de maravilla con su espíritu” (p. 27). El microrrelato parece tener un desenlace positivo para el personaje, pero termina muriendo a causa de un animal, lo cual constituye, paradójicamente, el final más previsible.

Un título no es simplemente la identificación de un texto, sino que constituye una clave interpretativa. Álamo Felices (2010) lo considera como “la primera conjetura narrativa” (p. 167). En ese sentido, “Pobre criminal” se puede concebir como la historia de vida de un delincuente, quizá inocente o desdichado. No obstante, se presenta un giro abrupto de esta posible idea desde el inicio. En el texto de dos oraciones se muestra que el criminal no es humano, sino un día de la semana. Como el martes quería ser primero que el lunes, decidió asesinarlo. ¿El final? Resultó ser más odiado que su victimario.

En suma, a la luz de estos microrrelatos, se aprecia que la escritora y educadora Ibeth Guzmán emplea de manera puntual la capacidad de presentar el plot twist, vuelta de tuerca o giro argumental en su volumen Yerba mala. Es, fundamentalmente, un recurso de cierre evidente en varios de sus textos y permite delimitar su estilo como narradora y microrrelatista. En textos cortos no siempre es sencillo desarrollar tramas que motiven a la reflexión. Por medio de este recurso, no solo se estimula lo anterior, sino que se propicia la resignificación del texto en contextos específicos.

Referencias

Álamo Felices, F. D. (2010). El microrrelato. Análisis, conformación y función de sus categorías narrativas. Signa: revista de la Asociación Española de Semiótica, (19), 161-180. https://www.cervantesvirtual.com/obra/el-microrrelato-analisis-conformacion-y-funcion-de-sus-categorias-narrativas–0/

Guzmán, I. (2015). Yerba mala. Editora Búho.

Lagmanovich, D. (2006). El microrrelato: teoría e historia. Menoscuarto Ediciones.

Monterroso, A. (1998). Obras completas (y otros cuentos). Editorial Anagrama.

Shua, A. M. (2017). Cómo escribir un microrrelato. Alba Ediciones.

Andrés Martínez

Licenciado en letras, docente e investigador

Andrés Martínez. Profesor e investigador. Es Licenciado en Letras, summa cum laude, por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, mágister en Educación en el Área de Docencia e Investigación (pendiente de tesis) por la Universidad Santander, México. Ha participado en cursos, talleres y diplomados a nivel nacional e internacional. andresmartinezmorales48@gmail.com

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