Los astrofísicos teóricos estudian la expansión del universo (Hubble,1929) y el efluvismo estudia la expansión del universo poético, en todas sus dimensiones, desde antes del signo lingüístico hasta la más compleja articulación gramatical expresada en el lenguaje oral y escrito. Le interesa el lenguaje y su evolución filogénica y ontogénica (Pinker, S., 1994), (Vygotski, L. S.,1934), (Huaire-Inacio, E. J., 2016), (Piaget, J., 1923), como una manera de comprender los procesos creativos y evolutivos capaces de elevarlo a una dimensión artística. O sea, el lenguaje y su recorrido en la transmutación estética.
El efluvismo tiende a despojar los velos del lenguaje y convertirlos en materia prima para el estudio filológico, que suele ser de interés para la antropología lingüística. ¿Cómo llega el individuo humano a condensar el arte mediante un lenguaje creativo? ¿Qué importancia tiene ese acto para el efluvismo? Más allá de lo simbólico, de metáforas y analogías, de la síntesis y del metalenguaje; más allá de la escritura y de la forma en la expansión del universo poético, ¿existen otras dimensiones artísticas como forma de creación, una teoría del Todo poético?, ¿una causa cósmica vinculante? No nos referimos a una razón matemática, mensurable ni áurea. La complejidad de las sociedades, así como las incertidumbres humanas y cósmicas, sería parte de la explicación de la definición de ese universo poético. ¿A cuál nos referimos? ¿Al universo del individuo humano en particular o al del colectivo humano? A los dos, vistos en sus dimensiones conocidas o por conocer.
El universo poético de un escritor es único e irrepetible y se enriquece con el imaginario colectivo. Todo cabe en ese territorio, mejor dicho, en ese vasto mundo en expansión que se ensancha, se reconfigura y crea visiones definidas y amorfas sobre la realidad, el ser y la existencia. Más allá de estar dotado de simbologías, patrones y espejismos, el ecosistema mental —concepto arraigado en la perspectiva sistémica de Bateson (1998)— alberga una actividad incesante. Plagado de constelaciones lingüísticas, pensamientos, imágenes y obsesiones, este entorno genera sinergias y desencuentros afectivos que se asemejan a piedras arrastradas por un río rebelde que fluye desde la montaña hasta el mar a vertiginosa velocidad. Ante tal construcción y dispersión, el autor disciplina sus capacidades creativas para la síntesis y así alcanzar un lenguaje poético mediante sus configuraciones artísticas.
En la creación poética no existe un límite artístico definido. No se está pelando una cebolla, capa por capa para llegar al centro del bulbo. Resulta que lo poético no tiene una capa última. En ese sentido, el universo de las capas del arte tiende a no tener fronteras. No existe la metáfora culminante, ni la imagen enceguecedora, ni el ritmo, ni el pulso vibratorio y musical que frene el ensanchamiento del universo de un autor.
Al efluvismo le interesan la transmutación mental (la alquimia de la personalidad) y la transmutación espiritual (la alquimia del alma).
Todo lo logrado en la arquitectura de la lengua, como la precisión matemática de los versos en un soneto, desde los clásicos hasta los contemporáneos, no ha alcanzado el límite final explicado por la teoría de la expansión del universo poético. Los versos de Petrarca, Góngora, Quevedo y Lope de Vega, a pesar de alcanzar modelos matemáticos y musicales de alto nivel lingüístico y expresivo, no han agotado el soneto. Por eso se sigue escribiendo en ese formato. El efluvismo reflexiona y practica ciertas técnicas alternativas para aportar una capa artística y crear un lenguaje poético en poemas con versos medidos. Sin embargo, en la creación literaria con versos libres se sientan las bases para escalar magnitudes plásticas de aliento profundo y de vuelos rasantes en valles donde hay paisajes «ingrávidos y sutiles como pompas de jabón» (Machado, A., 2006).
El rayo poético

El tema del rayo poético en el efluvismo es inagotable; cada concepto genera otro u otros, como un sistema algorítmico de múltiples dimensiones que iremos describiendo en las próximas entregas.
No resulta difícil identificar, en algunas personas, el dominio de ciertas facultades cognitivas, tecnocognitivas, psicológicas, neurobiológicas y humanas. Aquí las llamaremos «rayos». Hay personas que vibran en el rayo de la música, otras en el de la salud, o en el de las ciencias (por ejemplo, las matemáticas), en el del arte, la riqueza, la abundancia, la suerte, el amor, la literatura, la espiritualidad, las lenguas… Desarrollan grados de maestría en el área de dominio. Encontramos mentes supremas, espiritualidades trascendidas y los espejos de las magias. El matemático se trepa al rayo de los números y, mentalmente, establece una relación con ellos capaz de tocar las puertas de grandes verdades universales que otros no alcanzan a descifrar. Es imposible separar la mente de los sentidos físicos y espirituales de la actividad creativa en las ciencias. El estudio de la lógica y la razón en los textos filosóficos antiguos (Platón, Aristóteles) no se limita a las actividades del pensamiento, sino que integra la intuición y la inteligencia (Bergson, H., 1934), (Zaragüeta, J., 1941) y de esa misma manera lo entiende el efluvista.
En el caso de los poetas, es el rayo de la poesía. En el efluvismo, si usted identifica el «rayo poético» y es capaz de «dominarlo» con técnicas apropiadas, el creador empieza a transitar el sendero efluvista.
¿De qué está compuesto el rayo poético? Esta pregunta no la desarrollaremos del todo en este artículo porque requiere una mayor profundidad temática y bases teóricas previas. En principio, diremos que, en lenguaje figurado, son emanaciones, efluvios. ¿De dónde parten? No ha tenido principio ni fin. Es inmanente y, a la vez, trascendente. Es el «vínculo común» que existe entre todos, en los universos conocidos y por conocer, en la materia oscura cósmica.
Al efluvismo le interesan la transmutación mental (la alquimia de la personalidad) y la transmutación espiritual (la alquimia del alma).
CONTINUARÁ
Domingo 9 de agosto de 2026
Publicación para acento No. 187
Referencias
Bateson, G. (1998). Pasos hacia una ecología de la mente: Una aproximación evolutiva a la autocomprensión del hombre (R. Alcalde, Trad.). Lohlé-Lumen. (Obra original publicada en 1972)
Bergson, H. (1907). La evolución creadora. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1907).
Bergson, H. (1934). El pensamiento y lo moviente. Espasa-Calpe. (Obra original publicada en 1934).
Bergson, H. (2018). Introducción a la metafísica (E. Tabernig, Trad.). Editorial Cactus. (Obra original publicada en 1903)
Freud, S. (2013). La interpretación de los sueños (Vol. 4). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1900).
Hubble, E. (1929). A relation between distance and radial velocity among extra-galactic nebulae. Proceedings of the National Academy of Sciences, 15(3), 168-173. doi.org
Huaire-Inacio, E. J. (2016). Filogénesis y ontogénesis del lenguaje. Revista CienciaTeoría, 1(1). Disponible en repositorios como Dialnet o ResearchGate.
Jung, C. G. (1964). El hombre y sus símbolos. Caralt Editores
Machado, A. (2006). Campos de Castilla (A. L. Prieto, Ed.). Editorial Cátedra. (Obra original publicada en 1912
Pinker, S. (1994). El instinto del lenguaje: cómo la mente crea el lenguaje. Alianza Editorial
Piaget, J. (1923). El lenguaje y el pensamiento en el niño. Editorial Paidós.
Vygotski, L. S. (1934). Pensamiento y lenguaje. Editorial Fausto
Zaragüeta, J. (1941). La intuición en la filosofía de Henri Bergson. Instituto Luis Vives de Filosofía.
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