Hay libros que duelen, porque su discurso está escrito desde la esfera de la angustia. Otros, aunque superen el dolor, suponen un juego de la memoria porque nos dejan anclados en un terreno movedizo que dispara la imaginación. Sin embargo, Ahora y en la hora (Alfaguara 2025), pertenece a otro linaje: es un libro dramático y sobrecogedor, por su elocuente carga de signos y sentidos. Su lectura es inquietante, conmueve y perturba a la vez.
Esa frase tan sugerente del título evoca el presente en el que su autor estuvo tan cerca de la muerte. Quiero decir, el instante define la carga emotiva de la frase que nos acerca al momento de la redención final, al ocaso, al mazazo del tiempo cuando este decide pasar factura con su aliento definitivo de sentencia inapelable.
Apenas recuperado de una cirugía de corazón abierto y en contra de los vaticinios de su familia, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince realizó un viaje a Ucrania en el año 2023, invitado por los organizadores de la Feria del Libro de ese país en la que se pondría en circulación la traducción al ucraniano de una de sus obras fundamentales: El olvido que seremos.
El delito de ser ucraniano
Además aprovecharía el viaje para explorar el horror de la invasión rusa y para reunirse con su amiga, la novelista ucraniana Victoria Amélina. El viaje libresco, de paso, se convirtió en una tragedia que lo salvó de milagro. Para celebrar su estadía y despedirse de sus amigos, fueron a cenar a un restaurante cerca de la región de Donetsk. Mientras compartían allí, un misil ruso con seiscientos kilos de explosivos cayó encima del edificio. En el acto murieron trece personas, incluyendo a la escritora. Faciolince salió ileso de la infructuosa tragedia que marcará para siempre su vida. De esa amarga experiencia ha escrito un libro evidentemente humano y conmovedor, entre la crónica de guerra y la memoria. Un relato muy sugerente, con una prosa rítmica, al mejor estilo Faciolince.
En este libro el escritor colombiano nos relata la crudeza de la invasión rusa; los horrores cometidos en contra de este país desde la época stalinista; la invasión de los nazis, hasta la resistencia de Ucrania para no dejarse aplastar por el ejército de Putin. Un hecho abominable y sin precedentes, que desde febrero de dos mil veintidós ha cobrado miles de vidas entre niños inocentes, jóvenes, ancianos desvalidos y ciudadanos comunes de la sociedad civil, incluyendo militares de ambos países. Una invasión que al día de hoy ha dejado como resultado un amargo sabor en tantas familias devastadas por causa de los bombardeos y miles de niños huérfanos y personas desvalidas junto a las ruinas de un país materialmente destruido, pero moralmente unido, dispuesto a contarle al mundo que no es un delito ser ucraniano.
Lo bueno, lo atinadamente celebratorio es que su autor ha sobrevivido por obra del milagro a estas conjeturas del azar que apuntalan los signos de la tragedia. Más que unas memorias, más que un libro de ensayos, Ahora y en la hora me parece un manifiesto muy valiente sobre el sentido de la libertad, sobre los componentes de la dignidad humana, sobre la capacidad de decir y denunciar. Un artefacto dialogante sobre el acto de pensar libremente y sobre el acto de amar a nuestros congéneres. Este libro es una manera expresa de hacernos comprender el valor que tiene la vida, que la solidaridad humana existe y que puede convertirse en una fuerza redentora. Pues la de Faciolince es una forma muy elocuente de anunciarle al mundo que el diálogo entre los seres humanos es un símbolo universal de supervivencia, que enriquece la vida en todas sus dimensiones y la justifica más allá de los que quieren —y les interesa— aniquilar las verdades en discursos soterrados. Para eso están los libros, para fortalecer las almas, para enaltecer el orden emocional de los hombres, para salvar vidas, para curar heridas interiores. Los libros se escriben para que la humanidad se sostenga en el armazón espiritual que ellos constituyen.
Como Faciolince ha salido airoso de esta catástrofe, imagino que volvió a la vida. Nació ese mismo día porque sobrevivió al ataque de los misiles rusos. Siendo ya un niño, pensando que ha cumplido su sueño hacia el país de las hadas, ahora tiene la experiencia del adulto para transmitir el valor de las palabras y concretar su relato. Quizás Faciolince sea hoy un símbolo de resistencia humana. Tal vez un fantasma cuya voz se acopla desde los fueros más remotos de la imaginación creadora. Lo cierto es que Ahora y en la hora evoca el suplicio del momento final. Por eso, el título no llega a completar la frase famosa de aquella oración que pertenece a la tradición católica: Ahora y en la hora de nuestra muerte.
Aunque se justifique en sus afanes de hombre poderoso y en sus delirios geopolíticos, para Vladímir Putin, el último zar de Rusia, parece un delito ser ucraniano. Como fue un delito ser de origen judío para el nazismo hitleriano que persiguió por todo el mundo a millones de ellos y luego los sacrificó en una cámara de gas durante la Segunda Guerra Mundial. Otros, los que pudieron salir hacia ciudades cercanas, corrieron despavoridos, aunque muchos se suicidaron ante el suplicio final.
Escribir en ucraniano, pensar en ucraniano es algo abominable, según sus propias convicciones de hombre poderoso, alentado por el delirio y el irracionalismo ideológico como todos los dictadores del mundo contemporáneo y como todos los abanderados de las ideologías extremas, que han causado tanta hambruna, muerte y dolor en el mundo. Putin tampoco entiende la ineludible determinación de los pueblos (no lo entendió Stalin, ni Fidel Castro, ni Hitler, ni Trujillo, ni Maduro, mucho menos Donald Trump), cuando estos tienen el derecho de ser libres y soberanos, sobre todo cuando los arrastra el sentimiento de nación y cuando el poder de una cultura es determinante porque corre en la sangre desde el interior de las venas.
Sin duda alguna, Putin seguirá intentando destruir a Ucrania, pero lo que nunca podrá es borrar su identidad, ni mucho menos el sentimiento de una nación cuya cultura ha definido el carácter de un pueblo y construido un gran imperio de ciudadanía en la memoria de sus habitantes. De todos los países rusos, quizás el de Ucrania sea el menos ruso, de manera que ni siquiera en las escuelas podrán enseñar a los niños a ser rusos cuando estos quieren ser ucranianos, aunque lleven a cabo y empleen todas las maquinarias posibles de adoctrinamiento.
A través de la historia, Ucrania ha sido un país que ha sufrido dramáticas lamentaciones: la primera de todas es la mejor conocida como el Holodomor cuyo propósito era eliminar el movimiento independentista ucraniano, una hambruna obligada por decisión de Stalin en la que se impedía a la población alimentarse debidamente. La idea era borrar todo vestigio de identidad étnica, racial y religiosa del pueblo, considerado como uno de los crímenes más escandalosos y repugnantes que se hayan cometido en la faz de la tierra, epítome de la maldad humana. El segundo episodio histórico al que Faciolince le pone fina atención se trata de las purgas stalinistas de 1937 en las que fueron perseguidos, encarcelados y asesinados cientos de escritores, intelectuales y trabajadores de la cultura que habían protagonizado el Renacimiento Cultural Ucraniano. El tercero, es el holocausto en el que la Alemania nazi condujo al exterminio casi por completo de la notable población judía ucraniana.
Héctor Abad Faciolince. Fuente: https://www.biblored.gov.co
¿Acaso estos hechos y estas purgas no reúnen una horda de rechazo en contra de Moscú?
Como la única luz que puede iluminar la oscuridad es la verdad, ha dicho el novelista ucraniano Vasil Grossman, los registros de esa penosa época están ampliamente recogidos y tratados con ojo clínico en su monumental obra maestra Vida y destino.Quizás Faciolince no debió hacer este viaje, por el peligro que suponía en ese momento pisar un territorio atravesado por misiles, sin embargo, su determinación y arrojo de escritor arriesgado lo llevaron a este lugar. Pero lo que relata el autor es algo tan desgarrante, que lacera la condición humana y demuestra cómo un país con un patrimonio tan rico y significativo para la humanidad puede llegar a ser devastado por causa de la ambición de poder. De todas formas, el mundo sabe que la de Putin ha sido una empresa inútil e infructuosa. Sabemos que no ha logrado el resultado esperado porque su propósito ha sido fabricar la muerte. El mundo está consciente de que ha hecho un daño moral, tratando de humillar la grandeza de una nación tan valiosa como la de Ucrania, que ha parido a grandes figuras universales para el arte, para la cultura.
No es que Faciolince intente en estas páginas presentarnos una verdad absoluta alrededor de las manías y los caprichos de Putin frente a Ucrania. Se trata de ver a profundidad los hechos mismos, con el silencio tan elocuente de las víctimas, que han pagado con la muerte, las que en definitiva anuncian el lenguaje del mal. Precisamente, lo que obliga a pensar que también el mundo analice y cuestione las condiciones psicopatológicas del bárbaro.
Con este libro, quizás Faciolince no apela al reconocimiento personal. Tal vez aspira a denunciar las miserias que supone el propio hecho, pero sí invita a la conmiseración, a la indignación que causa la muerte de tantos inocentes, gracias a los efectos devastadores de la violencia y la ceguera de poder. Se trata más bien de compartir una experiencia individual, muy conmovedora que necesita ser vista a través de su literatura, convertida en un relato poderoso: en tragedia universal.

Eugenio Camacho

Escritor y educador

Eugenio Camacho. Estudió educación y derecho en UTESA, además realizó una maestría en Educación Superior en la UASD, es escritor, cuentista y ensayista. Profesor universitario. En varias ocasiones ha dictado conferencias en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. Por su labor como cuentista ha obtenido diversos premios en los concursos de cuentos de Casa de Teatro, Radio Santa María y La Alianza Cibaeña. Actualmente se desempeña como técnico de educación en el Distrito Educativo 06 -06 de la ciudad de Moca. Sus trabajos han aparecido en diversas antologías. Ha publicado: Melodías del Cuerpo Presente (CUENTOS), en el año 2007, Antología de la Literatura Contemporánea en Moca (2012) y Bestiario Mínimo (Minifcciones) 2022. silverio.cultura@gmail.com

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