Enrique González Martínez (1871-1052), no solo destacó por su poesía, sino también por ser un hombre formado en el área de la salud. Se educó como médico y cirujano, dicha experiencia desarrollo su sensibilidad y lo hizo inclinarse hacia la filosofía y la introspección. Desde muy joven se acercó al mundo literario con la publicación de versos en periódicos y revistas en Sinaloa, México, su ciudad natal.
En 1917, junto a Ramón López Velardo y Efrén Rebolledo fundaron la revista Pegaso. En 1909 fue electo como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua; ya para el año 1911, durante la Revolución Mexicana, viajó a la ciudad de México. Allí ingresó al Ateneo de la juventud, se trataba de un grupo de jóvenes intelectuales mexicanos conformados por escritores y artistas visuales que se caracterizaban por proponer nuevos valores, ya que creían que prevalecía un tiempo decadente por la dictadura de Porfirio Díaz. Ellos se reunían para leer libros de filosofía y literatura clásica; es por estas razones que, a través del arte y la educación, luchaban por erradicar las injusticias del gobierno y proponer que la educación llegara a todos.
Enrique fue una figura clave en la transición del modernismo hacia un tipo de poesía más reflexiva. Aunque los modernistas se caracterizaban por una poesía más estética, es por esto por lo que Enrique decide apartarse de este estilo por considerarlo superficial. Esto se representa en su célebre poema Tuércele el cuello al cisne, simboliza esta ruptura: el cisne representa el modernismo, símbolo de belleza, pureza y elegancia que Rubén Darío y sus seguidores enaltecieron; este fue sustituido por el búho, símbolo de sabiduría, inteligencia y reflexión.
En este ensayo analizaré los poemas Tuércele el cuello al cisne y la Parábola del huésped sin nombre de Enrique González Martínez. En ambos textos, el autor muestra su cambio del modernismo hacia una poesía más profunda y menos superficial a través de símbolos como el cisne, el búho y el viajero sin nombre.
Tuércele el cuello al cisne
Es un poema publicado en 1910, el autor simboliza la ruptura con el modernismo decorativo que en aquel entonces predominaba en la literatura hispanoamericana. Con un tono firme y simbólico, Enrique abandona la belleza vacía del cisne para inclinarse por una poesía más auténtica representada por el búho.
Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni el olor del paisaje.
En estos versos, Martínez González busca romper con la poesía superficial representada por el cisne. El cisne es bello, elegante “de engañoso plumaje”, pero esto él lo considera vacío porque “no siente el alma de las cosas”. El cisne simboliza esa belleza falsa que parece perfecta en su exterior, pero que no se siente el alma de las cosas. Es decir, una poesía que solo se ve bonita, pero que no expresa las emociones verdaderas ni conecta con nuestro verdadero ser. Enrique busca una poesía que tenga alma.
En la segunda estrofa Martínez nos enseña una visión del arte. Nos dice que el poeta debe huir de las formas vacías del lenguaje y escribir con el ritmo latente de la vida. Este simboliza lo auténtico, lo que vibra por dentro. El poeta debe sentir profundamente, y que sus palabras deben nacer de una conexión real, de la que se siente y lo que se vive. La poesía debe fluir como la vida misma, ser natural, sincera y llena de sentimiento.
Mira el sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…
En la tercera estrofa aparece el búho, que como ya hemos dicho anteriormente, representa la sabiduría y la reflexión, y diferencia del cisne, el búho no canta, sino que escucha; el búho es tranquilo y observador. Por ende, Enrique nos motiva a escuchar el silencio, un poeta sabio no canta por vanidad, sino que escucha y busca la verdad en el silencio.
También aquí hace referencia a Palas Atenea, la diosa griega de la sabiduría. El búho es su ave sagrada que baja del Olimpo para posarse en la tierra cerca del ser humano.
Ya para la última estrofa, nos dice que, aunque el búho no tiene la misma elegancia del cisne, posee algo más valioso y es una mirada profunda que penetra la sombra y el silencio nocturno. Aunque Enrique nos quiere decir que no se necesita adornos ni palabras bonitas, sino mirar más allá de lo visible, entender el misterio de la vida y lo que no todos pueden ver ni sentir. La sabiduría se descubre en la calma, en la soledad y el silencio del alma.
La parábola del huésped sin nombre
Desde una perspectiva simbólica, el poema representa una escena que representa el encuentro entre el ser humano y aquello que invade desde lo desconocido. El viajero desconocido que llega en la noche no es únicamente un personaje más, sino un símbolo del misterio, de lo impredecible y de todo aquello que el ser humano no puede controlar. Su falta de nombre, de origen y de destino lo convierte en una figura universal que puede representar a cualquier ser humano, pero también a las fuerzas externas que atraviesan nuestra vida sin predecirlo.
La noche en que aparece el huésped simboliza la incertidumbre, por lo mismo, la llegada del viajero durante la noche resalta la idea de que lo desconocido se manifiesta cuando el sujeto se encuentra más vulnerable o abierto a la introspección.
Por otro lado, la casa del hablante funciona como símbolo del yo, un espacio interno donde se resguarda la identidad. Que la puerta se encuentre cerrada al inicio indica una postura defensiva o una forma de resguardo ante lo exterior. En cambio, la decisión de abrirla simboliza un acto de hospitalidad hacia el misterio, una disposición a permitir que lo extraño entre en su vida, en su diálogo con lo propio. En este sentido, el poema sugiere que el crecimiento humano requiere permitir el acceso de aquello que nos desafía a lo que estamos acostumbrados.
El fuego que comparten dentro de la casa es clásico símbolo de claridad, conciencia y vínculo. En conjunto, el poema puede entenderse como una parábola sobre la necesidad de acoger lo inesperado. El huésped sin nombre simboliza todo aquello que llega sin explicación: una experiencia, un cambio vital, una pregunta interior. Al abrirle la puerta, el hablante realiza un gesto que trasciende lo literal y acepta la presencia del misterio en su vida y reconoce que la identidad humana se construye no solo a partir de lo familiar, sino también de aquello que llega desde fuera, sin nombre, pero con un sentido transformador.
Al final, todos en algún momento de nuestra vida somos ese viajero sin nombre que caminamos por el misterio de la vida. No es necesario tener todas las respuestas, sino reconocer que somos humanos y aunque sea por instante compartir la luz de la compresión.
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La autora es estudiante de la Licenciatura en Letras Puras, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Bibliografía
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(S/f). Circulodepoesia.com. Recuperado el 7 de diciembre de 2025, de https://circulodepoesia.com/2019/08/apuntes-para-una-literatura-ancilar-tuercele-el-cuello-al-cisne-de-enrique-gonzalez-martinez/
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