Hace unos días recibí las fotografías oficiales de nuestra puesta en escena de Alicia en el país de las maravillas, capturadas con sensibilidad y precisión por el fotógrafo Mika Pasco. Como es natural, revisé cada imagen buscando encuadres, luces, momentos teatrales… pero lo que encontré fue mucho más que eso.

Encontré miradas.

Miradas de niños que no puedo compartir públicamente, y no debo, pero que me emocionaron como artista y educador. En esos rostros estaba el verdadero acontecimiento de la obra.

Educar la mirada y conquistar la atención de los niños

Había asombro: ojos abiertos con una intensidad que solo se produce cuando algo irrumpe en la realidad cotidiana. Había alegría: sonrisas que no eran solo reacción, sino celebración. Había tensión y tristeza: cejas fruncidas, bocas entreabiertas, silencios corporales que hablaban de una conexión emocional genuina. Había pensamiento: niños que se inclinaban hacia adelante, que abandonaban la pasividad de la butaca para acercarse, casi físicamente, a lo que ocurría en escena.

Ese gesto, aparentemente simple, inclinar el torso, abrir la boca, sostener la mirada, es, en realidad, un acto transformador profundo.

Es la evidencia de que la atención ha sido conquistada. Y en estos tiempos, conquistar la atención de un niño es casi un acto heroico.

Muchos docentes se hacen la misma pregunta todos los días:
¿Cómo seducir al estudiante?

¿Cómo lograr que quiera aprender?

¿Cómo hacer del conocimiento una experiencia viva?

La respuesta no está únicamente en el contenido, sino en la forma en que ese contenido se narra.

Educar la mirada y conquistar la atención de los niños

Porque educar también es contar. Y cuando contamos bien, cuando logramos activar la imaginación, provocar emoción, despertar preguntas, el aprendizaje deja de ser una obligación para convertirse en una experiencia significativa. Eso fue lo que vi en las fotografías de Mika Pasco, aprendizaje en estado puro.

No un aprendizaje medible en una prueba, sino uno que se instala en la memoria sensible del niño. Uno que se convierte en referencia, en emoción recordada, en semilla de pensamiento.

También confirmé algo que siempre he defendido: los clásicos no envejecen. La obra de Alicia en el país de las maravillas sigue produciendo, siglo tras siglo, ese mismo efecto inaugural. El ingenio de Lewis Carroll continúa habitando nuestras salas, nuestras páginas, nuestras pantallas… y, sobre todo, nuestras mentes.

¿Por qué?

Porque los clásicos tocan lo esencial. Porque no hablan solo a una época, sino a la condición humana. Y cuando un niño entra en contacto con eso, aunque no lo nombre, aunque no lo comprenda del todo, algo en su interior se ilumina.

Por eso creo, cada vez con más convicción, que la mirada se educa. Se educa cuando exponemos a los niños a experiencias estéticas de calidad.
Se educa cuando los invitamos a contemplar, a sentir, a detenerse.
Se educa cuando les damos la oportunidad de maravillarse. Lo que vi en esas fotografías no fue solo público disfrutando una obra. Fue la confirmación de que el arte sigue siendo una de las vías más poderosas para formar sensibilidad, pensamiento y humanidad.

Y aunque no pueda mostrar esos rostros, sé que están ahí: vivos. Impactados y transformados, como debe ser.

Patricio León

Educador y artista multidisciplinario

Patricio León. Educador y artista multidisciplinario. Educador, actor, escritor y músico. Doctorando en Ciencias de la Educación en la Universidad Anáhuac (México), con experiencia en formación docente, educación infantil, gestión curricular y literatura infantil. Ha publicado ensayos, ficción, poesía y teatro. En escena, ha interpretado personajes clásicos y contemporáneos en obras de autores como Beckett, Lorca y Sábato. Su trabajo integra arte y pedagogía, fomentando la formación integral a través de la palabra y el escenario. patricioleoncruz@gmail.com

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