El misterio del asesinato sin cadáver ni víctima que tiene perpleja a la policía en Francia:

La policía está convencida de que una mujer ha sido asesinada, pero no hay un cadáver ni reportes de personas desaparecidas.

"En mis 23 años como magistrado, nunca había visto una situación como esta. No tenemos un cuerpo", dijo el fiscal de Normandía.

"Tampoco tenemos fotos ni identidad de la persona asesinada", agregó. Lo que sí tiene la policía es un sospechoso. Es un hombre polaco de 66 años, ebanista de profesión, radicado en Francia durante lustros. Hoy se encuentra bajo custodia.

(Esta nota ha sido agregada por sugerencia del editor*, habiéndola sacado él de una crónica periodística difundida por varios medios locales e internacionales, fechada el 19 de noviembre de 2022. Confrontada con la crónica original, es evidente que fue alterada).

*No se refiere a ningún editor en particular, sino a uno de los personajes de la novela. 
Portada de Crimen incorpóreo.

VI

Nunca se supo a ciencia cierta cuáles malestares acosaban a los padres de Radu porque cada vez que Eduviges del Sangrado les restituía la salud, no acostumbraba a dar detalles de sus procedimientos curativos. Solo se limitaba a decir:

―La pareja sanará pronto. Sus dolencias serán del olvido.

De quienes presenciaron la mejoría en la salud de los rumanos, ninguno negó nunca los poderes sanativos de esta mujer, quien jamás puso cara en las más de las doce ocasiones que la llamaron de urgencia para aplacar los dolores de cabeza, las hinchazones en las articulaciones y las convulsiones estomacales, entre otros males, de los padres de Radu. Como su primera intervención fue exitosa, al mes siguiente el padre de Radu pidió verla de nuevo. Se lo dijo casi avergonzado al esposo de Eduviges del Sangrado, el obrero. Este le respondió que la traería tantas veces como él o su esposa la necesitaran, y sin paga, de manera voluntaria, en agradecimiento al buen trato que él daba a los obreros. El rumano se impresionó ante aquellas palabras: jamás las olvidaría. “¿Qué gentes son estas?”, dijo entre labios. El obrero lo escuchó y le respondió con las siguientes palabras:

―Somos gente corriente, no como usted y su esposa. Ustedes, con todo y ser de alto vuelo, nos pagan bien y nos respetan. Nada más por eso, les trabajaríamos gratis.

El padre de Radu abrazó conmovido al esposo de Eduviges del Sangrado.

―Anda, busca a tu mujer ―le musitó al oído, con un dejo más o menos desesperado.

En esta segunda ocasión, Eduviges del Sangrado volvió a entrecruzar miradas con el niño Radu. Mientras atendía a la madre con brebajes preparados con raíces y hojas del bosque, sintió que él la acechaba desde la abertura de la puerta de una habitación iluminada con la luz de afuera. Fue solo un presentimiento, pero resultó ser verdad. Radu estaba ahí donde está dicho, con el pelo revuelto, más rubio que otras veces.Tenía los labios apretados como si sufriera los espasmos estomacales de su madre. Así, mientras la curandera masajeaba la barriga de la rumana con aceite esencial de romero, cuyas propiedades mejoran la circulación de la sangre y combaten la retención de líquidos y la hinchazón, invitó al niño a acercarse a ella. Bastó un simple movimiento de la mano para que Radu entendiera la solicitud de la visitante, pero él obró de manera muy distinta. Cerró la puerta de un portazo. No podemos contar qué pasó dentro de la habitación porque nadie vio nada ni él habló nunca de lo sucedido allí, si acaso sucedió algo de importancia, porque, niño al fin, a lo mejor se tiró en su cama y se puso a llorar por sospechar, tal vez, que su madre entraría pronto en el mundo de lo desconocido, ese flagelo martirizante, porque ¡quién no quisiera ser inmortal!

En aquella ocasión ―Eduviges del Sangrado se lo diría a Radu unos años después― ella creyó que el niño era un joven con porte militar, envidia hasta de los más altos oficiales. La curandera se sorprendió al ver al niño-joven acompañado por una mujer desnuda, hermosísima, con cabellos largos, dorados; tan largos que cuando él cerró la puerta, la mitad de la cabellera quedó fuera y la punta fue a parar, deslizándose cual serpiente prevenida de un ataque mortal, a las manos de Eduviges del Sangrado, las cuales no paraban de moverse sobre el vientre inflamado de la madre de aquella criatura que empezaba a preocupar a la curandera porque lo visto por ella era falso, y aunque no fue capaz de desmentirlo ni siquiera por su tranquilidad, tampoco le dio al hecho un carácter definitivo. Eso sí, jamás dejaría de pensar en la imagen de la mujer desnuda junto al joven Radu; por eso, cuando cerró los ojos para dejar este mundo, la reavivó y murió con ella. Su obsesión con este ser fue tal que, muertos los padres de Radu e instalada ella en la casa, donde habría de vivir junto a sus medicamentos naturales como si fuera la dueña, le contó al muchacho los pormenores de la primera aparición de esta fantasía, si es que lo era, así como su experiencia con otras figuraciones de significado parecido. Eduviges del Sangrado le dijo en alguna ocasión:

―Nada es casual.

Él la miró en silencio, sin entender. Él sabía, claro está, porque ya la conocía bastante bien, que ella era una mujer de verbo corto pero incisivo. A veces a él le costaba trabajo entenderla, sobre todo cuando Eduviges del Sangrado hablaba de fenómenos paranormales, descritos en la cultura popular, en el folclore y en otros cuerpos de conocimiento como más allá del ámbito de la comprensión científica. Por consiguiente, era normal que él la escuchara hablar acerca de una sombra que se aparecía todas las noches en el cuarto de un niño rubio como él. La sombra tomaba prestada la cama y la almohada de la criatura, después se echaba a dormir con la luna. Cuando amanecía, la sombra se volvía invisible; reaparecía si la luz del día se solazaba en los brazos de la noche. Siendo como era una veterana rezadora, se sabía de memoria muchos pasajes bíblicos relacionados con fenómenos ambiguos: tal es el caso de un grupo de mujeres que visitaron el sepulcro de Jesús. Él se les apareció y las saludó. Ellas se acercaron a él. Lo adoraron, abrazándole los pies.

De Radu haber escrito las historias contadas por Eduviges del Sangrado, tendríamos a mano una de las mejores colecciones de cuentos jamás escritos. Como entrar en ese mundo sería una misión interminable, es preferible seguirle los pasos a la mujer desnuda, quien, más allá de la intención de Radu, disfruta estar en el árbol en su condición de muñeca.

Desprendernos de una fantasía capaz de trasegar la existencia y devolvérnosla a su cobertura original es complejo. Radu habría de vivir con este tormento en los años sucesivos, pero quizás, o sin quizás, fueron esas historias de Eduviges del Sangrado las que moldearon su vocación policíaca y le dieron el perfil de investigador. Puesto que son elementos taxativos, trataré de narrarlos paso a paso en adelante: trataré, digo, porque escaparse de las oscilaciones escriturales es difícil.

Haffe Serulle

Escritor

Haffe Serulle es un escritor y director teatral. Estudió dirección e interpretación teatral en la reconocida Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, y Sociología Laboral, en la Escuela de Sociología, igualmente de Madrid, España. Autor de más de 20 obras teatrales, cuatro libros de poesia y dos de ensayo, es autor de las novelas: Voy a matar al Presidente, Las Tinieblas del Dictador, El vuelo de los imperios, El tránsito del reloj, Los Manuscritos de Alginatho, El plan perfecto de Poncio Pilá, y Plagas y predicciones de la familia Vick-Aux.

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