El misterio del asesinato sin cadáver ni víctima que tiene perpleja a la policía en Francia:
La policía está convencida de que una mujer ha sido asesinada, pero no hay un cadáver ni reportes de personas desaparecidas.
"En mis 23 años como magistrado, nunca había visto una situación como esta. No tenemos un cuerpo", dijo el fiscal de Normandía.
"Tampoco tenemos fotos ni identidad de la persona asesinada", agregó. Lo que sí tiene la policía es un sospechoso. Es un hombre polaco de 66 años, ebanista de profesión, radicado en Francia durante lustros. Hoy se encuentra bajo custodia.
(Esta nota ha sido agregada por sugerencia del editor*, habiéndola sacado él de una crónica periodística difundida por varios medios locales e internacionales, fechada el 19 de noviembre de 2022. Confrontada con la crónica original, es evidente que fue alterada).
*No se refiere a ningún editor en particular, sino a uno de los personajes de la novela.
II
Según acta de nacimiento tardía, este hombre, de nombre Radu, nació en una aldea rumana un 23 de octubre del año 1917, cuando el viejo continente había enterrado a miles de seres humanos por la Primera Guerra Mundial. La aldea era conocida entre sus pobladores ―solo entre sus pobladores― con el alucinante nombre de Razva (lo escribo tal cual lo oí mencionar: tal vez sea otra la grafía), borrado del mapa por puro descuido de los últimos geógrafos que intervinieron los bosques y las aldeas de los territorios de la Europa centro-oriental. Si es cierto, estamos hablando de un hombre que compite en resistencia con el padre de la mujer desnuda y en imaginar cosas que no existen.
Los padres de Radu eran viejos cuando lo procrearon. Debieron tenerlo en su juventud, pero los frecuentes conflictos sociales no les dieron el descanso necesario para celebrar, en la edad apropiada, un evento singular como el nacimiento de un hijo. En consecuencia, su llegada al mundo fue extemporánea.
Se comenta que Radu tenía cinco años cuando vino a vivir aquí con sus padres ―aquí es cualquier parte del globo terráqueo, el lector puede ubicarlo donde quiera, en el territorio de su preferencia, quiero decir―. De cómo Radu y sus padres llegaron, no se tiene noticias, pero debió ser una travesía difícil, aunque quizás no, porque trajeron cierta fortuna de Rumanía. Muestra de ello es la casa que construyeron en medio de este exótico paisaje por donde pedalea a esta hora la mujer imaginada por Radu.
Radu heredó esta casa cuando menos lo esperaba; jamás la abandonaría. Es una casa campestre de un piso estilo colonial, con una caballeriza detrás. La vivienda se diferencia de otras porque los espacios correspondientes a la sala y el comedor son esferoidales; los de las habitaciones, cuadrados y triangulares, unidos como trazos laberínticos. Las paredes están llenas de ventanas que buscan la luz, absorbida la más de las veces por la frondosidad del bosque. La casa fue construida con esmero por obreros traídos de otras localidades, a partir de un diseño concebido por el padre de Radu, un hombre alto, rubio, con las mejillas curtidas. Terminada la casa, su padre también construiría un carruaje que el hijo conservaría con cuidadoso esmero porque le sería útil en sus frecuentes viajes a la ciudad.
Radu sería feliz hasta los diez años en este ambiente, cuando una tragedia lo marcó. No hay un informe detallado ni mucho menos definitivo de lo sucedido, pero se cuenta que sus padres fueron asaltados por tres criminales cerca de una fábrica de alimentos para animales levantada en una zona que por entonces tenía visos de industrial y sería la marca de presentación de la ciudad más próxima a la casa de los rumanos, ciudad aludida, le recordamos al lector, en el primer párrafo de este relato. Los criminales despojaron de sus pertenencias a las víctimas. Luego de despedazar los cuerpos como nunca antes se había visto en estas demarcaciones, decidieron quemarlos hasta volverlos cenizas.
El jefe policial de entonces no se explicaba qué pudo haber inducido a los malvados a perpetrar un acto de esta naturaleza. Todavía hay quienes se rompen la cabeza tratando de descubrir cuáles motivos causaron este comportamiento. Por aquel tiempo había un diario local, fuera ya de circulación, pero son pocas las notas manifiestas de este caso. Si se supo la noticia, fue porque Radu la difundió más adelante, cuando, después de sobrepasar la edad de la juventud, decidió ingresar al cuerpo policial de la ciudad y dedicar los primeros meses a visitar los archivos del otrora periódico, conservados en las oficinas del ayuntamiento municipal de la ciudad industrial. Pero de esto, como de los sucesos posteriores a su orfandad repentina, quizás no nos ocupemos como podría esperar el lector.
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