Al inicio de la década del 1920, Zacarías Arías era el curandero más famoso de Baní. Conocía el arte de la sugestión con su carisma y curaba por la orina. Se paseaba impunemente por un pueblo sin médicos ni farmacias. Todo el mundo lo respetaba, con un chamaco de “fuerte azul” y un sombrero ancho montado en un inmenso caballo blanco que lo obedecía ciegamente.
Bibiana de la Rosa, una mujer “regordida, de ojos galanos y rostro de ternura”, era la mujer y ayudante de Zacarías. Se separaron y cada uno cogió su camino. Una noche, Bibian soñó que había sido escogida para fundar un lugar de respecto y de curación, que en su momento le sería revelado el lugar.
Bibiana, nueva mujer de Florencio Bautista Isabel, le cuenta su sueño y juntos salen de Higuana Arriba, Baní, en la búsqueda del lugar prometido. Al llegar a un vallecito, en las lomas entre San Cristóbal y Baní, recibe la señal del lugar predestinado, bautizándolo como” Mana”, de Maná. Allí, en una pequeña enramada comienza a curar y hacer “milagros”. Sin internet, esta nueva buena rápidamente recorre los caminos y comienzan a llegar peregrinos en busca de sanación y de salud, en una región donde no había médicos, medicinas, clínicas ni hospitales para estas poblaciones pobres, campesinas y urbanas.
Con el tiempo, se construyó una ermita, convertida luego en iglesia, una enramada con varios catres denominada “hospital”, para atender a los enfermos que llegaban, una “casa de visitantes” y la vivienda personal de Bibiana y sus allegados. Se escogió a la Virgen de las Mercedes como patrona y sus festividades pasaron a realizarse el 8 de septiembre, no el 24 de ese mes como indica la liturgia católica, porque ese día, en 1911, se inauguró la iglesia.

Virgen de la Mercedes, patrona de Mana (fuente externa)
Mana se convirtió en un centro permanente de peregrinación, donde las personas llegaban el año entero, todos los días, amparados en la Virgen de las Mercedes, llenas de esperanza y optimismo, en busca de sanación, en busca de paz.

Era un espacio libre, en comunicación con la naturaleza, donde no había vigilancia ni represión. Todo era compartido, la comida, el trabajo, la dormida, nada era individual, impuesto, sino espontaneo, con generosidad, con sonrisas y amabilidad.
No existía la propiedad privada. Había una sensación de armonía, de tranquilidad, de compartir, de seguridad, de amor, donde las intrigas, los chismes, los robos, los crímenes, la violencia, la explotación y las arbitrariedades eran inexistentes. La realización de vida era de esperanza, optimismo y felicidad, rodeados de flores, pájaros y mariposas. ¡Era un paraíso, un maná, era terapéutico, paradisiaco, nadie quería regresar a sus lugares donde sobrevivían cotidianamente!
Muchos se fueron quedando, otros pasaban un tiempo y la mayoría regresaban de nuevo a sus lugares de origen. Mientras tanto, la figura de Bibiana, por su sapiencia, su carisma y sus “milagros” cada día se hacía más trascendente, más carismática, con dimensiones mitológicos, a tal punto que, para muchos, “era una diosa bajada del cielo”, presagiando los inicios de un movimiento mesiánico abortado por su muerte, el 28 de agosto de 1925.
Florencio, se fue a vivir a Fundación de Peravia y era compañero de Doña Panchita, la madre de María Saldaña, la esposa de mi padre en su segundo matrimonio. Iba a mi casa trajeado, a caballo, enigmático, con carisma. El me comenzó hablar por vez primera de Bibiana, “la santa” de Mana. Quedé impactado para siempre de las cosas que me contó sobre este personaje.
Me fui a estudiar sociología a Río de Janeiro, Brasil, en una ciudad, la más bella del mundo, donde en cualquier esquina de noche había colocada una “macumba”, con ofrendas, flores, velas y velones en honor de Yemaya y cientos de personas llevaban flores y ofrendas a esta Virgen negra de Regla, con baños de purificación y de sanación en la playa de Copacabana.
Con la familia Pimentel-Valera-Franjul de Bani, “abanderados” de Bibiana, al regresar a Baní, fui varias veces en peregrinación a Mana. En 1974, publiqué mi primer libro: “Mana, un Movimiento Mesiánico Abortado”, reditado en 1986 y Juan Bolívar Díaz, escribió varios artículos sobre Mana, con impactantes fotografías de Alfredo Vásquez, en Ultima Hora. Ángela Peña, periodista de investigación, también escribió sobre sobre este personaje y esta leyenda.
A pesar de la muerte de Bibiana, todavía hoy, es una iglesia símbolo, con su cuerpo detrás del altar principal, los creyentes les reza, les piden, les dan gracias, creen en ella y los más fanatizados esperan su resurrección. No existe fotografía de ella, su descripción solo se conoce por la descripción de quienes la conocieron.
Yo conocí y conversé con sus colaboradores más cercanos, con docenas de personas que la conocieron, que curó y que fueron testigos de cantidades de sus “milagros”. Ella mantuvo excelentes relaciones con la iglesia católica, con sacerdotes, incluso con el Padre Marcelino Borbón, de San Cristóbal, a quien ella, según la tradición, le devolvió la vista, porque era ciego. Incluso, para las festividades de las Mercedes, un sacerdote católico oficiaba una misa en Mana y luego bautizaba.
Para estas celebraciones, dentro y fuera de la iglesia había Atabales y Salves, expresiones sagradas y profanas, con cantos y bailes. Estas grabaciones realizadas por mí, sirvieron para los aportes rítmico de canciones de Convite, como “Cibaeña”, “Mamá Tingó” y “Tú eres Bonita”.
De acuerdo con la tradición una de las manifestaciones de más impacto entre los seguidores de Bibiana, fueron sus “profecías”. Predijo la presencia de los aviones, de la Radio, de la televisión y el que Trujillo fuera presidente de la República.
Un día recibí unas velas decoradas de parte del legendario guerrillero amigo Hamlet Hermán desde Cuba. Se las envió una guerrillera panameña desde Nicaragua, por un “milagro” que ella le atribuía a Bibiana de la Rosa. Hamlet le había prestado mi libro sobre Mana. Bibiana fue una figura histórica, pero el personaje se convirtió en leyenda, en un proceso válido contra el olvido.
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