La lectura de Ciudadanía y poder, de Radamés Martínez, exige un tipo de aproximación que desborda los hábitos de consumo rápido predominantes en la cultura contemporánea. No se trata de un texto orientado a la cita instrumental ni a la apropiación superficial de ideas, sino de una obra que demanda una lectura atenta, reflexiva y reiterativa. Su densidad no radica únicamente en los contenidos que articula, sino también en las formas discursivas que adopta, en los silencios que sugiere y en las mediaciones a través de las cuales construye sentido.

Este carácter se vuelve particularmente relevante en el contexto de la República Dominicana contemporánea, donde la noción de ciudadanía se encuentra tensionada por prácticas políticas marcadas por el clientelismo, el transfuguismo y la instrumentalización del miedo como dispositivo de control social. En dicho escenario, lo colectivo no solo experimenta un proceso de debilitamiento, sino una fragmentación progresiva que dificulta la articulación de proyectos políticos sostenidos en el tiempo.

En este marco, la propuesta de Martínez adquiere una dimensión crítica que se expresa, en primer lugar, en su negativa a ofrecer soluciones simplificadas. Lejos de inscribirse en la lógica de la consigna, el autor propone un ejercicio de problematización orientado a revisar prácticas, desmontar inercias y cuestionar supuestos naturalizados en el campo político dominicano. Su tesis central puede sintetizarse en una afirmación estructural: el progresismo ha privilegiado históricamente la disputa por el poder electoral sin haber consolidado previamente formas consistentes de poder ciudadano.

Esta inversión de prioridades —la búsqueda de representación sin la construcción de base social— ha tenido como consecuencia la fragilidad de los procesos de cambio, expresada en la dilución de agendas, la postergación de reformas y la progresiva burocratización de las militancias. Frente a este diagnóstico, Martínez propone una reconfiguración del horizonte político: la construcción de ciudadanía como condición previa para la disputa efectiva del Estado.

Radames Martínez.

No obstante, uno de los aspectos más significativos de la obra reside en la relación que establece entre forma y contenido. La escritura de Martínez se configura desde una lógica dialógica que remite a tradiciones del pensamiento crítico latinoamericano, particularmente a las pedagogías emancipadoras. En este sentido, es posible identificar afinidades con la propuesta de Paulo Freire y con la perspectiva de investigación-acción participativa desarrollada por Orlando Fals Borda, en tanto el conocimiento se concibe como un proceso colectivo, situado y en permanente construcción.

La elección de una escritura basada en la conversación, el cruce de voces y la recreación de escenas cotidianas no constituye un recurso estilístico menor, sino una toma de posición epistemológica y política. En ella se expresa una concepción del saber como práctica compartida y, por extensión, una concepción de la política como ejercicio de construcción colectiva. El denominado “diálogo de saberes” deja de ser una categoría abstracta para convertirse en una metodología efectiva de producción de conocimiento.

Asimismo, el texto introduce una dimensión que, en el contexto actual, adquiere un valor analítico particular: la centralidad del afecto en la constitución de lo político. En un escenario marcado por la radicalización del discurso público, la simplificación de los antagonismos y la expansión de lógicas de miedo, la reivindicación de categorías como comunidad, confianza y alegría se presenta no como un gesto retórico, sino como una estrategia de reconfiguración del vínculo social. La reconstrucción del “nosotros” implica, en este sentido, no solo una operación racional, sino también un proceso de recomposición emocional y simbólica.

El análisis de Martínez, sin embargo, no elude las tensiones inherentes al presente. Su lectura crítica de las redes sociales como espacios de circulación acelerada de la indignación, pero limitados en su capacidad organizativa, así como su advertencia sobre los riesgos de liderazgos desanclados de estructuras colectivas, apuntan a problematizar las formas contemporáneas de acción política. De igual modo, su aproximación cautelosa a las candidaturas independientes evidencia una comprensión de las ambivalencias que atraviesan los procesos de apertura política en contextos de debilidad institucional.

Ciudadanía y poder desde abajo: lectura crítica de la propuesta de Radamés Martínez

Una lectura académica rigurosa debe, no obstante, considerar también los aspectos que el texto deja en suspenso. Entre ellos, destacan interrogantes relativas a la escalabilidad de las experiencias de construcción ciudadana, a los mecanismos de traducción entre poder social y representación política, y a las estrategias de interpelación de sectores insertos en dinámicas clientelares por razones estructurales más que ideológicas. Estas cuestiones no invalidan la propuesta, sino que la sitúan en el campo de los proyectos abiertos, susceptibles de desarrollo y profundización.

En síntesis, Ciudadanía y Poder puede ser leída como una intervención significativa en el debate contemporáneo sobre la relación entre sociedad civil y poder político en la República Dominicana. Su aporte principal radica en la articulación de una perspectiva que revaloriza la construcción de lo colectivo como condición de posibilidad para cualquier transformación estructural.

En un contexto de fragmentación social, la insistencia en la necesidad de reconstruir vínculos, articular actores dispersos y fortalecer prácticas comunitarias adquiere un carácter no solo analítico, sino también programático. La tesis que atraviesa la obra —la imposibilidad de un cambio político sostenido sin la existencia de poder ciudadano— se constituye, así, en un punto de partida para repensar las estrategias de acción política en el presente.

Más que ofrecer respuestas cerradas, el texto de Martínez plantea una invitación a pensar lo político desde abajo, desde la densidad de las relaciones sociales y desde la complejidad de los procesos colectivos. En esa apertura reside, precisamente, su mayor potencial crítico.

(Ike Méndez. Crítico literario y ensayista dominicano)

Ike Méndez

Poeta, educador y ensayista

Ike Méndez es ensayista y metapoeta dominicano. Coautor de obras como *"San Juan de la Maguana, una Introducción a su Historia de Cara al Futuro"* (Primer premio en el Concurso Nacional de Historia 2000) y *"Símbolos de la Identidad Sanjuanera"* (Segundo premio en 2010). Ganó el Segundo premio en el Concurso de Literatura Deportiva “Juan Bosch” (2008) y colaboró en la serie *"Fragmentos de Patria"* de Banreservas. También coeditó las antologías *"Voces Desatas"* (poesía, 2012) y la primera antología de cuentistas sanjuaneros (2015). Ha publicado seis poemarios: *Al Despertar* (2017), *Flor de Utopía* (2018), *Ruptura del Semblante* (2020), *Baúl de Viaje* (2022), *Al Borde de la Luz* (2023) y *El Joyero de Ébano* (2024), que reflejan una evolución poética constante. E-mail: jemendez@claro.net.do

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