Chicago (José Llanos y María Castillo) es la más reciente consagración del musical como género escénico en la República, una visión crítica que es progresiva y sumatoria sin pretender ignorar o minusvalorar el aporte de tantos artistas, directores y productores desde la aparición, desarrollo y fortalecimiento estético, de los montajes, desde sus ya lejanos primeros pasos en 1950, hasta hoy.

Para el espectador, Chicago 2026 supone respeto, absoluto cuidado de todos sus aspectos: desde el cuidado que se percibe en la perfección de su concepto, la selección de esta trama, crítica a la civilización del espectáculo que seguimos viviendo y sufriendo hoy día, en la cual el delito deja su preeminencia para dar protagonismo al delincuente… como ahora. Amarillismo y al morbo que dominan los medios hace 110 años, alimentando al público con cuchara vacía. Es ese el gran valor temático de Chicago: la validez y permanencia de su mensaje. Como espectáculo, Chicago ha establecido una clase diferenciada de producción, al resumir una estudiada relación de factores en la cual resalta la actuación de su elenco y en particular de sus figuras protagónicas:
Robmariel Olea, mostró en escena una versatilidad artística, particularmente en la interpretación musical, que encarna el protagónico, con un manejo exquisito de su voz y su actuación. Es extraordinaria navegando con impacto en el marco de esta producción. Luego, esta mujer encontró la forma de desarrollar su talento internacionalmente.
Karla Fatule es otro de los puntos luminosos del montaje. Es una artista que hace diferencia y marca su espacio, y lo hace no por su apellido, ni la paternidad heredada. Se ha cultivado y establecido como una marca en nuestro espectáculo. Ha creado una marca, un estilo, una voz, una presencia. Lo que hace con su personaje es tomar el público en un puño y hacerlo viajar a su antojo.
Javier Grullon, la gran sorpresa de la noche, que ha remarcado como nunca antes su fuerza de tenor, y que logró una impresionante brillantez en el registro agudo que destacó por su la claridad, luminosidad y proyección de las notas altas, con agudos de gran belleza y resonancia: Exhibió un dominio del registro agudo con notable control técnico y seguridad. No es el imberbe talento que vimos con La Pinki, ni el joven que desarrolló Amaury Sánchez desde AFA y los muchos musicales que desfilaron por cartelera. Este es otro. Uno que ha crecido y que no nos permite hacer ya la comparación con el pasado.

Hay muchos otros artistas de este montaje que merecerían detalles, pero son muchos, el tiempo del crítico – marcado por las exigencias del mundo real- y no hay ahora, oportunidad de analizarlos. Podría ser luego. Bajemos los egos que nada pasa.
La masa danzaría de apoyo, por su sincronía y precisión, acentuadas por vestuario y plataforma musical, alcanza puntos que captaron la sensibilidad del público. Los aplausos en cierres no fueron protocolares: era emoción emanada del reconocimiento del acto artístico.
La plataforma de esos 20 músicos dirigidos por Junior Basurto desde el foso, completaban ese aspecto esencial. Mención aparte merece la labor escenográfica, que facilitó un espacio de múltiples propósitos y usos (el ambiente carcelario, extraordinario por su dimensión y diseño) el ambiente urbano de NY de aquellos años iniciales, la introducción de elementos mediante plataforma móvil (bufete, tribunal y otros). Un éxito técnico que se agradece por su precisión.
Un factor al cual regularmente la crítica presta poca atención: el diseño de la imagen del musical desde su publicidad exterior, sus productos en redes sociales, su spot de TV y en especial el diseño inicial del escenario cuando el espectador entra a la sala y se encuentra con el nombre del musical en letras lumínicas en tamaño de super formato.
José Llanos
Los criterios de este productor vuelven elevar el género, ahora a su punto más impecable de belleza, musicalidad, expresión escénica. Llanos nos hace sentir que ve el musical es un espectáculo integral para el cual tienen igual importancia la actuación, canto, danza, música, escenografía, vestuario, iluminación, dirección técnica y producción.
Llanos trabaja con tiempo suficiente para la selección de sus montajes el pago de los derechos y luego proceder con la selección de los intérpretes (actores, músicos, bailarines, recursos técnicos innovadores y de primer nivel: escenografías, iluminación, vestuarios (en lo cual se hace énfasis), peluquería, efectos especiales y un cronograma claro desarrollado al margen del conocimiento de los medios. Así, José Llanos se ha lucido con los musicales internacionales: 2019, La llamada; 2022, Hoy no me puedo levantar y el 2024, ¡Mamma Mía!
Ahora tomó el trofeo de la corona y triunfó: Chicago es un musical de condiciones excepcionales: lleva casi 30 años consecutivos. Al 2026 se le computan 11,752 funciones del revival de 1996. Entre 1996–2026 = casi tres décadas ininterrumpidas, ha sido visto por más de 17 millones de espectadores en todo el mundo y ha generado más de US$850 millones, estimación acumulada de sus producciones internacionales, no solamente del Broadway. Como musical, estableció cifras del musical internacional que son históricas: El 3 de junio de 1975 se estrena Chicago: A Musical Vaudeville en Broadway el 3 de junio de 1975, haciendo 936 funciones, hasta el 27 de agosto de 1977.
El musical vuelve a reponerse este fin de semana. Sería casi criminal dejar de verlo, si se puede pagar la boleta.

Ficha técnica
Obra: Chicago
Producción: 2026
Productor general: José Llano
Dirección escénica / dirección general: María Castillo
Lugar: Sala Carlos Piantini, Teatro Nacional Eduardo Brito,
Estreno: 12 de septiembre de 2026
| Dirección escénica | María Castillo |
| Coreografía | Natalie Borsos |
| Diseño de vestuario | Marcos Malespín |
| Escenografía | Ángela Bernal y David Mínguez |
| Música | Orquesta en vivo |
| Banda/orquesta | 16 músicos, |
| Cuerpo de baile | Más de 50 bailarines/artistas, según publicaciones de la producción |
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