El reguetón no es mi género musical favorito. Aun así tengo que aceptar que el espectáculo que presentó Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl LX fue realmente sensacional, por su calidad artística, su creatividad escénica y su narrativa cultural simbólica.

Su voz se alzó ante más de 135 millones de espectadores que seguían el evento por TV y las redes, en medio de la incertidumbre causada por los prejuicios y la segregación, proyectando un profundo sentimiento de dignidad y orgullo de ser lo que se es. Además de resaltar de forma inclusiva y plural lo que ya John F. Kennedy reivindicó en su libro A Nation of Immigrants, que Estados Unidos es una nación fraguada con el aporte de todos aquellos que arrimaron el hombro, al llegar a esa tierra de promisión.

Sobre todo, el espectáculo fue un mensaje de resistencia y determinación para reafirmar las raíces y los valores de la identidad puertorriqueña e hispanoamericana en general, con el grito de “!Qué rico es ser latino!” Y lo hizo emocionado cantando en español, la lengua vernácula de Puerto Rico y de otros dieciocho países de la América hispanoparlante, a lo cual se suman 40 millones de personas residentes en Estados Unidos.

Tras el desenlace de la Guerra Hispano-Norteamericana, España traspasó la soberanía de Puerto Rico a los Estados Unidos por medio del Tratado de París en 1898. Sin embargo, pese a mantener una estrecha vinculación política, económica y migratoria con la nueva metrópoli bajo el Estado Libre Asociado -alcanzando niveles de desarrollo socioeconómico superiores al promedio de Iberoamérica-, Puerto Rico ha conservado su lengua materna para expresar sus modos de ser y de sentir.

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El mensaje en el balón de Bad Bunny: Juntos somos América.

Esa prevalencia del habla castellana, con la cual Puerto Rico forjó su personalidad colectiva, ha sido la vía más expedita para afianzar las esencias del ethos puertorriqueño y asumir, asimismo, la decisión inquebrantable de afirmar su permanencia dentro del conglomerado de países hispanoparlantes. De modo que la convivencia de dos lenguas no ha logrado desfigurar su verdadera fisonomía étnica, ni les ha apartado emocionalmente de la lengua que se habla en América y España.

El escritor y lingüista Ernesto Juan Fonfrías, en su obra Razón del idioma español en Puerto Rico (1968), afirma que “Pueblo sin voz no es pueblo y si no tiene voz propia no llegará nunca a serlo”. Al respecto, Karl Volssler, creador del idealismo lingüístico, destaca que: “Cuando el sentimiento nacional ha sido despojado de todos los refugios, el lenguaje se convierte en la fortaleza espiritual desde la cual un día, cuando los tiempos sean propicios, saldrá a reconquistar su puesto”.

La formidable herencia cultural que es el idioma constituye, en opinión de Miguel de Unamuno “la sangre del espíritu”. De hecho, la lengua es el vehículo que expresa el alma de los pueblos. Y el alma de Puerto Rico late, siente y se expresa en español. De este modo, ha podido retener su identidad cultural, en adición a un amplio conocimiento de la lengua inglesa por parte de la generalidad de los ciudadanos boricuas, que en vez de desmerecerlos los conecta con una lengua franca de alcance universal, medio por excelencia de la tecnología, los negocios y la diplomacia.

La académica y filóloga María José Rincón, en su columna del Diario Libre, destaca el reciente reconocimiento que le ha hecho la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española a Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido por su nombre artístico de Bad Bunny, resaltando “no solo su aportación excepcional a la difusión de la lengua española en el mundo, sino su contribución a la proyección del español de Puerto Rico como seña de identidad personal y colectiva: el reconocimiento académico puntualiza que el español de Puerto Rico constituye un elemento esencial en la identidad y la obra artística del cantante”.

Para la República Dominicana, por los vínculos históricos, migratorios y de vecindad insular que nos unen a Puerto Rico, es esencialmente relevante la actitud asumida por el pueblo puertorriqueño al reafirmarse consecuente con su origen antillano. Sintiendo un enorme orgullo por su cultura ancestral y confirmando su sólida identidad que, en buena medida, comparte con la nuestra.

Manuel García Arévalo

Historiador y empresario

MANUEL ANTONIO GARCÍA ARÉVALO es empresario e historiador. Nació en Santo Domingo, el día 6 de noviembre de 1948. Realizó estudios de Administración de Empresas en UNAPEC y obtuvo la licenciatura en historia en la Universidad Católica de Santo Domingo. En adición a su actividad en el ámbito empresarial y financiero, se ha destacado en el área de la investigación etnohistórica y arqueológica. En 1971 creó la Fundación García Arévalo, entidad que ha patrocinado la instalación de una Sala de Arte Prehispánico, y mantiene un programa editorial sobre temas históricos, antropológicos y de divulgación educativa. Es miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Ocupa igualmente posiciones de dirección en varias instituciones culturales y de enseñanza superior, al igual que en fundaciones filantrópicas y de desarrollo comunitario y protección ecológica. Es autor de varias publicaciones sobre prehistoria, folclor y la inmigración española en la República Dominicana y el área del Caribe. Ha representado al país en numerosos congresos y seminarios. Como ensayista y articulista es asiduo colaborador de revistas académicas y de la prensa nacional.

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