“La monarquía que gobernaba los pueblos de México en 1519 era más refinada que los caciques del Caribe antes de la llegada de Colón. Los aztecas, a los que prefiero llamar mexicas… tenían muchas cualidades. Estaban bien organizados. En opinión de un conquistador- Diego de Ordás- sus casas eran superiores a las de España. Los mexicanos de clase alta vestían ropa bordada. Los artesanos hacían joyas que asombraron a los europeos. Por ser mayormente urbanos, accedían a una enseñanza que podría considerarse universal (al menos los niños que no fuesen hijos de siervos ni de esclavos.)” Hugh Thomas, La Conquista de México, Moctezuma, Cortés y la caída de un imperio, Edición V Centenario, Crítica, 2020, p. 11.
El 9 de agosto se celebró el Día Internacional de los Pueblos Indígenas declarado por la Asamblea General de la ONU en 1994. Al retomar las palabras de su secretario general el día de la efeméride, las cuales citaré más adelante, a través de esta serie de artículos que inicio hoy deseo visibilizar lo desarrollados que eran los pueblos indígenas cuando llegaron los españoles; cuán rica era su cultura y conocimientos científicos. Escribo desde CDMX, la capital de los Estados Unidos de México, el país de América que en términos absolutos tiene la mayor población originaria, aunque en Bolivia y Guatemala el porcentaje de indígenas respecto a la población total es mayor.
Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen 23.2 millones de personas que se autoidentifican como indígenas, lo que representa el 19% de la población del país, constituidos en 68 pueblos lingüísticos y originarios, de los cuales 7 millones hablan alguna lengua indígena y casi 12 millones viven en hogares indígenas, lo que implica vulnerabilidad habitacional.
Nací en Puerto Rico y he vivido casi toda mi vida adulta en Santo Domingo, y desde pequeña aprendí que los tainos, los pueblos originarios de Borinquen y Quisqueya, desaparecieron de la faz de la tierra apenas décadas después de la llegada de los conquistadores españoles a ambas islas. La extinción fue ocasionada por las guerras, las enfermedades importadas por los colonizadores, y por el abuso y mal trato a los que fueron sometidos en los trabajos que les fueron impuestos y a los que no estaban acostumbrados. La historia los describe como personas dóciles, a diferencia de los indios caribe quienes eran guerreros y caníbales. Se dice que los antepasados de los tainos vinieron desde Venezuela y que tuvieron poco contacto con los pueblos originarios de Mesoamérica.
En mi infancia conocí sobre los taínos al leer las leyendas puertorriqueñas de Cayetano Coll y Toste, basadas en los Archivos de Indias sobre el periodo prehispánico, los mitos taínos y la conquista, cuyo enfoque evidentemente era hispanista. Aunque el libro fue publicado en 1924, tuve la fortuna que mi mamá enseñaba lengua española y me introdujo a temprana edad a la lectura de buenas obras. Desde entonces se despertó en mi un vivido interés y admiración por esos valientes pueblos, al punto que cuando el presidente Jorge Blanco le propuso a mi esposo que fuese embajador de la República Dominicana, dándole a escoger entre Italia o Perú, al ser consultada voté por Perú, por su riqueza indígena. ¡Haber residido allá nos permitió formar entrañables vínculos afectivos y familiares, y a mí, valorar aún más la cultura original de ese país!
Para la ONU los pueblos indígenas están constituidos por personas que se autodefinen como pertenecientes a los pueblos originarios de su país. En función de dicho criterio es que se estima que la población indígena en el mundo alcanza unos 476 millones de personas que representan poco más del 6.2 % de la población mundial, radicados en 90 países. En 1994 la Asamblea General de la ONU proclamó el 9 de agosto como el Dia Internacional de los Pueblos Indígenas como una manera de visibilizar su problemática y promover la protección de sus derechos humanos. Pero, la realidad es, que entonces como ahora, la mayoría de esa población es excluida, sin derechos individuales y colectivos, razón por la cual, al celebrar este año la efeméride, el secretario general de la organización, Antonio Guterres, hizo un llamado al considerar que las comunidades indígenas “enfrentan amenazas desproporcionadas” en todo el mundo. Señaló que “representan 15% de las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables”, y aun así “son guardianes del patrimonio cultural, protectores de ecosistemas vitales y contribuyentes cruciales a nuestro futuro compartido”.
Cada uno de los 68 pueblos indígenas que oficialmente se reconocen en México se relaciona con una lengua originaria propia, que a su vez se dividen en 364 variantes lingüísticas diferentes, por eso muchos pueblos no se entienden entre sí. Los principales grupos, en función de su población actual, son el nahuatl, maya, zapoteca, mixteco, y otomí.
Cuando estudié historia universal y aprendimos sobre las culturas de Mesoamérica, de los pueblos originarios solo se mencionaban los aztecas, los mayas, y en el mundo andino, a los incas. Ahora sé que el pueblo azteca (término que hace referencia a Aztlán, su mítica tierra de origen) es el que históricamente se conoce como mexica, el pueblo más poderoso hasta la llegada de los españoles a principios del siglo XVI. Fundaron la ciudad de Tenochtitlan en 1325, y sobre su Templo Mayor los conquistadores construyeron lo que hoy es la plaza del Zócalo, el palacio presidencial, y la catedral metropolitana. Sus descendientes directos y culturales son los nahuas que forman el pueblo indígena más numeroso y por eso, el náhuatl, su lengua, es la que tiene más hablantes. El Templo Mayor fue rescatado en los años setenta tras una investigación arqueológica dirigida por el domínico-mexicano Eduardo Matos Moctezuma.
No eran solo los aztecas y los mayas los que habitaban lo que hoy es México. Es asombroso saber además que eran tantos en términos numéricos en cuanto a la población y respecto a los grupos étnicos. De acuerdo con historiadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) eran más de 100 grupos étnicos los que habitaban el territorio. Se organizaban en cientos de señoríos independientes (altépetl) agrupando una población estimada en varios millones de personas. No conformaban una sola nación ni una unidad política, hecho que facilitará la conquista pues el territorio estaba fragmentado en múltiples culturas autónomas, reinos y ciudades-estado, frecuentemente enemistados que peleaban entre sí, agravada la situación porque hablaban diferentes lenguas.
No obstante, al llegar los españoles, existían cinco grandes “mosaicos culturales” que agrupaban la población. En primer lugar, el más poderoso bloque era el nahua en Mesoamérica central, lidereados por los mexicas (aztecas). En segundo lugar, estaban los enemigos de los mexicas de los cuales resaltan los tlaxcaltecas, los totonacas y los chalcas quienes se aliaron con Hernán Cortés y a juicio de algunos historiadores se convirtieron en “motor de la derrota de los mexicas”. En el occidente se encontraba el Imperio Purépecha y en el sur, en Oaxaca, los señoríos zapoteca y mixteca. Al sureste y en la península de Yucatán se encontraba el mundo maya, fragmentado en múltiples provincias independientes. Por último, en las zonas áridas del norte existían decenas de grupos seminómadas y cazadores-recolectores conocidos como chichimecas y otros pueblos asentados como los yaquis o los tarahumaras.
Cada uno de esos grupos ha dejado muestras arqueológicas en todo el país que reflejan su esplendor y alto grado de desarrollo social, político, económico, religioso y cultural. Los turistas que solo visitan CDMX posiblemente creen que las impresionantes pirámides del sol y de la luna en el muy cercano valle de Teotihuacán son las únicas. La mayoría desconoce que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ampara 194 zonas abiertas al público en todo el país y que se han descubierto más de mil estructuras e importantes yacimientos arqueológicos, algunos muy recientemente como Minanbé, una antigua ciudad maya encontrada en junio de este 2026 en la zona norte de Calakmul en Campeche. La gran pirámide de Cholula en Puebla se considera la más grande del planeta por su volumen y base.
Para ayudar a visualizar los “basamentos piramidales” como denomina la arqueología mexicana a lo que conocemos como “pirámides”, la diferencia entre éstas y las egipcias es que estas terminan en punta y eran tumbas cerradas, mientras que las de México son estructuras escalonadas y la cima es una plataforma plana para realizar actos y ceremonias políticas y religiosas. Después de Teotihuacán, las más visitadas son las de Chichén Itza en Yucatán, Palenque en Chiapas, Monte Albán en Oaxaca, y Tulúm en Quintana Roo. En casi todos los estados que he visitado, se encuentran basamentos piramidales, incluyendo debajo del centro histórico de CDMX, como señalé anteriormente.
Cuando se inicia la conquista de México los historiadores estiman que la población en España no superaba los 4.5 millones de personas de los cuales casi el 80% se concentraba en Castilla. Se había reducido drásticamente debido a la peste negra que afectó a toda Europa. En cuanto a México cuando llegó Hernán Cortés, los expertos consideran que abundan las especulaciones. A través de los años se han hecho estimaciones minimalistas y maximalistas, dependiendo si se está a favor o en contra de la conquista. Sin embargo, todo parece indicar que la población indígena era mayor que la de España, aunque “recientemente muchos especialistas han evitado comprometerse con cualquier cifra”. (Thomas, Hugh, La conquista de México, p. 670.)
Si comparamos la situación económica de ambos territorios, la de España era muy vulnerable, pues sus ingresos fiscales eran insuficientes para sufragar las guerras impulsadas por el rey Carlos I de España, que también era Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Como dice el refrán: la conquista de México “sacó las castañas del fuego” a España, ya que los primeros grandes cargamentos de oro y plata que comenzaron a fluir desde la colonia aliviaron el gran endeudamiento que esta tenía con los banqueros alemanes y mejoraron el importante déficit fiscal estructural. Por el lado de los pueblos prehispánicos, la situación era lo contrario, particularmente de los mexicas, el principal pueblo, no había precariedades económicas.
En las próximas dos entregas trataré diversos aspectos de los pueblos originarios y sus importantes contribuciones al acervo cultural mexicano.
Compartir esta nota