El libro Lienzos de amor fue editado en Océano Azul Ediciones e impreso en Editora Búho, SRL., Santo Domingo, República Dominicana, 2019. La obra consta de setenta (70) págs. La corrección de estilo de esta obra fue realizada por el poeta y pintor dominicano Eladio de los Santos.
La obra nos presenta un cuerpo temático integrado por un prólogo bajo la firma del poeta y académico Pablo Hernández Severino, una presentación firmada por el autor y cuatro (4) bloques de poemas, encabezados cada uno por un título. Veamos:
“En lo sentimental”, págs. 15/30; “Naturaleza y más”, págs. 31/40; “Personalmente hablando”, págs. 41/64; y el titulado “Algo de religión”, págs. 65/69.
Desde estos bloques, el lector ha de encontrarse con una diversidad temática que le ha servido al autor para exponer sus “Lienzos de amor” ante el mundo, poniendo de manifiesto su mirar y su sentir como sujeto sintiente y creador.
El abogado e investigador del derecho aquí se quita la toga y se asume como poeta para dejar sobre el escenario de la vida su canto de amor y de nostalgia. Se nos muestra en su condición de “enamorado” y delata aquel instante en que “Dos cuerpos que se entrelazan y así comparten las penas, la satisfacción es plena en todos los escenarios”. (Ver pág. 18, obra citada).
Hay una voz lírica que ronda entre la angustia, la declaración de amor y, entre lo carnal y lo espiritual. Y hasta la expresión de “celos por la sonrisa si a mí no está dirigida”. “Siento celos de esa noche en la que tú te refugias”.
Aunque el poema donde están estos versos se titula “Indefinidos”, todo queda bien definido: que estamos ante un poeta ciegamente celoso. (Ver pág. 19, obra citada).
Son poemas con expresiones directas, lo que implica que hay que trabajar más la construcción metafórica y el ritmo en el uso y organización de las palabras dentro del verso. No es simplemente decir lo que siento, sino saberlo decir de manera musical.
Este poeta no es simplemente celoso: es un conocedor de la “mujer leal, delicada y apasionada”, como lo deja traslucir en su poema titulado “La mujer ideal”, en la página 29, obra citada.
Su mirada se extiende también hacia la naturaleza, la temperatura, los insectos, el amanecer y los manantiales. Eso nos dice que su amar va más allá de la carne, para refugiarse en los linderos de la primavera.
No solo es amor y celos lo que aquí, a nivel temático, podemos ver, sino también un llamado a la perseverancia, como quien procura que, en la vida, evitemos el fracaso. El poeta nos llama de manera insistente a perseverar.

Y como si se tratara de una senda filosófica, el poeta procura definir lo que somos como seres humanos en este presente, desde su poética. Y, además, se centra en los designios y nos hace el llamado de asumir las respuestas que nos da la vida en su transcurrir.
El poeta encamina su decir hacia los bordes del rencor, el odio y la vanidad, rechazando su presencia en su corazón y en los demás. Aspira a vivir en concordia entre los otros.
Sobre la vida y los microbios, cual biólogo más que poeta y abogado, también fija su decir en esos linderos y deja que su poética sea parte de ese vivir terrenal, exponiendo su canto sobre la naturaleza.
Como abogado, procura autodefinirse y presentar su imagen como humano, haciendo del poema un armazón filosófico sobre su Yo y su actuar profesional en una sociedad de antivalores éticos y morales. He aquí a un poeta de la toga y el birrete, exponiendo ante el juez de la vida y de la muerte, ante Dios.
Y nos dice sobre el abogado que él debe ser, desde su poesía melancólica y lírica. Desde sus poemas expresa la ética jurídica que aspira plasmar, como símbolo de un proceder transparente y justo.
Aunque se dice ser un mediocre, su poética se vislumbra desde una fuente espiritual que trasluce equilibrio emocional y potencialidad humana.
Aquí nos coloca entre el juzgar o ser juzgado, por lo que su discurso poético traspasa los estrados para afianzar su mirada en hechos de justicia y fuerza emocional frente a lo humano. El poeta se antepone al abogado y hace del estrado su espacio de reflexión en torno a los actos de él y de los otros.
Y en otra vertiente espiritual, otro tema que hay en estos poemas es el referente a la tolerancia como forma y/o conducta que el poeta le reclama a los otros, haciendo de su decir poético una manifestación para el buen vivir y la paz entre los humanos.
Entre la religiosidad, Judas y la iglesia, su creencia se extiende en esta obra, dejándonos su fervor de creyente que pretende llegar a su Dios desde la fe y la visión de hombre, en medio de este universo material que nos delata y nos sacude.
Entonces, estamos ante el creyente, poeta y abogado que sabe colgar la toga para imaginar y hablar con el juez de jueces, desde la palabra y sus metáforas de amor y melancolía.
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