¿Cuál es la historia, desarrollo y trascendencia de la Feria del Libro de Santo Domingo? La historia es larga y debe ser contada por períodos.
De tener que resumirlo todo, habría que escribir: El creador del evento: el librero y pastor de la Primera Iglesia Evangélica Dominicana, Julio Postigo, en 1950-1951 y fundador de Librería Dominicana, mientras que el principal promotor desde los medios de comunicación (Listín Diario) fue Rafael Herrera; el primer director de la Feria fue el doctor Raymundo Amaro Guzmán, desde una oficinita en el edificio llamado El Huacal, en épocas del doctor Balaguer, quien fue un estadista que respaldó el proyecto y lo impulsó en su fase inicial; el internacionalizador y estructurador de sus nuevas dimensiones, José Rafael Lantigua; Ángela Hernández perfeccionó sus objetivos, redefinió el programa y sus proyectos, mientras que, en la actualidad, Roberto Salcedo, Ramón Pastor de Moya, Aquiles Julián y Nan Chevalier reafirman su perfil, procurando ampliar su perspectiva de la mayor fiesta cultural dominicana.
1950, el inicio
El punto de partida debe situarse en 1950, cuando el librero y pastor evangélico Julio D. Postigo Arias, propietario de la Librería Dominicana y posteriormente de la Librería Hispaniola, promovió que el 23 de abril fuera reconocido como Día del Libro en la República Dominicana.
Ese hombre menudo, un pastor de la Iglesia Evangélica Dominicana, fue figura fundamental para la promoción del libro dominicano. Además de su actividad como librero, impulsó la conocida colección Pensamiento Dominicano y propuso incluso la creación del Premio Pedro Henríquez Ureña al libro más destacado editado el año anterior, proyecto que tardó en concretarse, pero que es ya una realidad.
La iniciativa desembocó en 1951 en la celebración de la primera Feria Nacional del Libro, realizada en el Parque Colón, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, extendiéndose hasta los espacios de las arcadas del Palacio Consistorial, sede de la Alcaldía de Santo Domingo, en una feria que fue un acontecimiento todavía modesto, acorde con un país que tenía un mercado editorial y librero pequeño, pero significó algo fundamental: el libro empezó a ser concebido como un instrumento de encuentro social y cultural.
El concepto de la Feria del Libro nace en 1950: nace la iniciativa y Postigo logra que el Gobierno establezca, por decreto presidencial, el Día del Libro, pero no es sino hasta 1951 cuando se monta la primera Feria Nacional del Libro.
Durante la década de 1950, las ferias del libro se realizaron con relativa modestia y no tuvieron continuidad absoluta. La dictadura de Rafael Leónidas Trujillo utilizó también determinadas manifestaciones culturales dentro de su política de exaltación del régimen, tal cual acontece con la Feria Iberoamericana del Libro “María Martínez de Trujillo”, celebrada en 1955 dentro de la gigantesca Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, para conmemorar el 25 aniversario de la satrapía.
No fue un evento como lo conocemos hoy. Las delegaciones de los países participantes en la Feria de la Paz recibieron la orientación de traer una colección de libros para exponerlos en un espacio designado, tendiendo a ser más una exposición bibliográfica que una feria con el sentido de intercambio y venta de títulos (como se conoce y practica hoy día).
Esa feria duraría el mismo tiempo de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre —un título, hay que reconocerlo, con un tono genial de marketing político—. Fue inaugurada el 20 de diciembre de 1955, y el programa original de la exposición establecía actividades hasta el 27 de febrero de 1956.
Se llamó Feria Iberoamericana del Libro “María Martínez de Trujillo” de 1955 y constituye un episodio fundamental —y poco estudiado— en la historia de las ferias del libro dominicanas. Es importante, además, colocarla en su contexto debido a que no fue una feria independiente en el sentido actual. La comisión de aquella feria estuvo presidida por Armando Óscar Pacheco, entonces secretario de Estado de Educación, y tuvo como secretario a Manuel de Jesús Goico Castro.
Luego llega un período de ausencia. La Feria Nacional del Libro, sin embargo, sufrió interrupciones en 1956, 1957, 1959 y 1960, en medio de la convulsa situación política del final de la dictadura.
La última edición de aquella primera etapa se celebró en 1961, año de la muerte de Trujillo. Después hubo intentos de recuperación en los años siguientes, pero la continuidad volvió a quebrarse y la actividad terminó suspendiéndose en 1968.
La gran reorganización de la Feria del Libro se produce en el período 1970-1973, cuando la preocupación por su no celebración comenzó a tomar cuerpo desde el inicio del segundo período del presidente Balaguer, quien no tuvo oportunidad de ocuparse del tema con la toma de posesión desde 1966.
Un segundo momento decisivo se produjo durante el gobierno de Joaquín Balaguer. En 1970 se organizó la Exposición Mundial del Libro y Festival Internacional de la Cultura, un acontecimiento de mayores dimensiones que las ferias anteriores, con la dirección del arquitecto José A. Caro Álvarez, mientras que la coordinación operativa estuvo a cargo de Jiménez Cohén. Aunque aquella exposición no tuvo continuidad como feria anual, dejó una experiencia organizativa importante.
1973, año decisivo
Es el tiempo de la institucionalización. El presidente Joaquín Balaguer, mediante el Decreto núm. 4331, del 11 de marzo de 1973, creó la Comisión Organizadora Permanente de la Feria del Libro, presidida por Rafael Herrera, director del Listín Diario, y dispuso que fuera el doctor Jorge Tena Reyes su secretario y Julio Postigo, el precursor de la iniciativa, su tesorero. La Feria volvió a celebrarse formalmente en 1973, teniendo como sede la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña.
El evento se siguió celebrando sucesivamente en el Museo del Hombre Dominicano, Palacio de Bellas Artes, Museo de Historia y Geografía, Fortaleza Ozama y, a partir de 1983, en la Plaza de la Cultura. La celebración empezó a adquirir una dimensión institucional mucho mayor.
Hay que hacer un alto en la figura de Rafael Herrera, que resulta fundamental para comprender la etapa 1973-1980. Él comenzó a promover la idea de la Feria del Libro desde sus editoriales del Listín y mediante contenidos especiales.
Había conocido en el exterior, particularmente en España, lo que era una feria del libro como espacio de interacción de escritores, libreros y lectores, y era un entusiasta de la idea. Sin su papel desde el Listín Diario, que entonces era el medio de mayor influencia en la opinión pública, la Feria del Libro no habría tomado el curso que finalmente adoptó.
La Feria dejó de ser solamente una iniciativa de libreros y escritores y comenzó a convertirse en una política cultural permanente del Estado, y durante esta etapa se fortaleció también la costumbre de dedicar cada edición a una figura importante de las letras dominicanas, reconociendo sucesivamente a:
- Flérida de Nolasco;
- Juan Pablo Duarte;
- Manuel de Jesús Troncoso de la Concha;
- Tulio M. Cestero;
- Eugenio María de Hostos;
- Héctor Incháustegui Cabral;
- Domingo Moreno Jimenes;
- Pedro René Contín Aybar;
- Fernando Arturo de Meriño;
- Pedro Henríquez Ureña;
- Vetilio Alfau Durán;
- Máximo Gómez;
- Manuel Arturo Peña Batlle;
- Máximo Avilés Blonda;
- Ercilia Pepín;
- Camila Henríquez Ureña;
- Salomé Ureña.
Esto produjo uno de los efectos culturales más importantes de la Feria: convertir la historia intelectual dominicana en materia de divulgación pública.
Pedro Bisonó -1978-1985
En 1978, Jorge Tena Reyes fue sustituido en la Comisión Organizadora por Pedro Bisonó, propietario de la Librería América, quien permaneció en esa responsabilidad hasta 1985, entrando en su lugar un librero de tradición, el pastor evangélico y librero dueño de un punto comercial de referencia, emplazado en la Ciudad Colonial
Se iniciaba una nueva etapa en la cual la Feria comenzaba a funcionar como una especie de mercado cultural nacional.
Raymundo Amaro Guzmán: 1985-1990, la profesionalización
En 1985, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, que decidió, por continuidad de Estado, mantener el respaldo al evento, se produjo una nueva reestructuración de la Comisión Permanente. Mediante el Decreto núm. 2968 se designó una nueva Comisión Organizadora, presidida por Raymundo Amaro Guzmán, mientras Rafael Herrera pasó a ser presidente de honor.
El poeta Cándido Gerón sustituyó a Jorge Tena Reyes como secretario. La comisión integró, entre otros, a Julio Postigo, Emilio Rodríguez Demorizi, Bernardo Vega, Pedro Troncoso Sánchez, Máximo Avilés Blonda, Marianne de Tolentino y José Luis Corripio.
Raymundo Amaro Guzmán, quien procedía de la Dirección de Planificación y Administración de Personal, era un apasionado del libro, profesional de formación cultural y maestro.
Fue asistido en el cargo por Maritza Pérez Gimbernard y le asignaron dos oficinas en el piso once del Edificio de Oficinas Públicas que el tono popular bautizó como El Huacal, en referencia al envase utilizado para trasladar las botellas. (“Botellas”, en función de personal en el Gobierno, se refiere a quienes cobran, pero no desarrollan ninguna labor), que no era el caso de Amaro Guzmán y el equipo que montó por muchos años la Feria del Libro en la Plaza de la Cultura. Es una figura que merece mayor reconocimiento en la historia de la Feria. Bajo su conducción, el evento adquirió mayor estructura administrativa.
En 1987, el Decreto núm. 183-87 otorgó a la Comisión Permanente carácter de jurisdicción nacional, la adscribió a la Presidencia de la República y la convirtió en un órgano de derecho público con autonomía funcional y administrativa. Esto fue trascendental: la Feria dejó de ser una actividad cultural ocasional para adquirir una estructura institucional propia dentro del Estado dominicano.
Plaza de la Cultura: 1983-1995
En 1983, la Feria encontró una sede que terminaría convirtiéndose en su gran espacio histórico: la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, espacio en que permaneció hasta 1995, convirtiéndose en uno de los principales acontecimientos culturales anuales de Santo Domingo.
La Plaza se presentaba como el espacio ideal para la Feria del Libro, ya que permitía realizar exposiciones; instalar puestos para librerías; realizar conferencias; presentaciones de libros; actividades infantiles; teatro; música; artes visuales e instituciones culturales, condiciones que llevaron a que la Feria dejara de ser solamente una feria comercial del libro y comenzara a transformarse en un festival multidisciplinario de la cultura. Fue el período en que se instalaron las primeras casetas de lona y madera prensada (plywood), que servirían durante años, pero que se deterioraban a la vuelta de un par de años.
1996, la crisis
En 1996, la Feria no pudo celebrarse debido a la falta de apoyo financiero gubernamental, sucediendo esto, increíblemente, en un gobierno presidido por Joaquín Balaguer, quien terminó su período el 16 de agosto para dar paso al régimen que lideraba Leonel Fernández, otro presidente lector y escritor.
Esto puso en evidencia una de las debilidades históricas del acontecimiento: su enorme dependencia de las decisiones presupuestarias del Estado. La interrupción fue particularmente significativa porque se produjo después de 23 años de celebración anual desde 1973.
Lantigua: punto de inflexión, 1997-2000
Si hubiera que escoger una figura decisiva en la transformación de la Feria Nacional en la moderna Feria Internacional del Libro, esa persona sería José Rafael Lantigua. Leonel firma el Decreto núm. 44-97, se reformuló la Comisión Permanente y se produjo un cambio profundo en materia de organización, filosofía, objetivos, programación, promoción y dimensión internacional.
Lantigua asumió la dirección de esta nueva etapa y logró que el evento evolucionara hacia su primer ensayo internacional con la convocatoria a aproximadamente 40 editoriales de ocho países: España, México, Venezuela, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico y Cuba.
Lantigua se apoyó en sus relaciones culturales para traer al país a Eduardo Galeano, Julia Álvarez, Junot Díaz, Luis Rafael Sánchez y Luis Sepúlveda, entre otros, quienes representaban lo mejor de la producción literaria latinoamericana. Los escritores dominicanos tuvieron oportunidad de intercambiar con ellos, enriquecerse de sus experiencias y escritos.
Lantigua tomaba muy en serio la Feria como su evento insignia, al punto de que inició la costumbre de instalar en un furgón con aire acondicionado un espacio para dormir y trabajar de noche, una vez que la Feria había cerrado sus jornadas. Ese furgón se instalaba detrás de las oficinas de la Feria del Libro, entre el Paraboloide y el Museo de Arte Moderno. Es el único titular de Cultura que ha hecho eso. Y se decidió hacer de esa edición un programa piloto de internacionalización de la Feria del Libro.
Su objetivo era tener conocimiento, control y acción, sobre todo, mediante sus funcionarios a cargo de cada área.
La internacionalización de la Feria del Libro fue un éxito gracias a ese celo y cuidadoso seguimiento.
Lantigua creó el sistema de áreas con coordinadores a cargo. Estableció y bautizó nuevos espacios de exhibición, fomentó la llegada de editores y firmas internacionales para comercializar el libro dominicano y estableció espacios para negocios.
Fortaleció la línea de países invitados, hizo más selectiva la definición de los escritores homenajeados y amplió los reconocimientos a los creadores de literatura, estableciendo nombres de autores nacionales a las calles del campus de la Feria y determinando que se hiciera un acto diario de apertura de la Feria con el bautizo de cada calle y dedicando un programa de actos de todo el día a esos creadores.
1998: nace la Feria Internacional
Lo que se hizo en 1997 abrió las puertas para lo que vendría en 1998: el evento consolidó la internacionalización y pasó a llamarse Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. España fue el país invitado de honor y la edición fue dedicada a la Generación Literaria del 48.
La nueva concepción convirtió la Feria en un acontecimiento masivo que incorporaba: conferencias; talleres; la creación del pabellón o zona infantil; literatura infantil; el nuevo trabajo de la Editora Nacional respaldando la Feria con colecciones vinculadas a los escritores homenajeados o invitados; artes escénicas y, en especial, grandes montajes y teatro callejero en torno al campus de la Feria; diversos eventos de música; actividades educativas y presentaciones editoriales.
Se hizo oficial desde entonces que cada edición tuviera un país invitado de honor y un escritor o movimiento literario homenajeado.
Año – País – Escritor invitado
1999, México -Don Pedro Mir.
2000, Francia Juan Bosch.
2001 – Chile – Manuel del Cabral
Jorge Edwards, Gonzalo Rojas, Raúl Zurita, Verónica Zondek, Diego Maquieira, Javier Bello, Guillermo Valenzuela, Rosabetty Muñoz, Soledad Fariña, Óscar Hahn, entre otros chilenos.
2002 – Venezuela – Pedro Henríquez Ureña
Participación de escritores venezolanos; falta en las fuentes digitales consultadas una nómina suficientemente fiable para presentarla como completa.
2003 – Cuba – Eugenio María de Hostos
Participación de una importante delegación cubana; las fuentes disponibles no permiten establecer aquí una nómina completa con el mismo grado de seguridad.
2004 – Puerto Rico – Pablo Neruda
Escritores puertorriqueños y latinoamericanos; la edición incluyó, entre otros, referencias a Rosario Ferré, Mayra Montero y Ana Lydia Vega como figuras asociadas al proceso internacional de la Feria.
2005 – Italia – Aída Cartagena Portalatín
Escritores franceses, belgas, mexicanos, venezolanos, cubanos e italianos, entre otros. La prensa confirma la fuerte presencia internacional.
2006 – Argentina – Marcio Veloz Maggiolo
Importante delegación argentina y latinoamericana. La Feria reunió 31 países y 19 escritores de la diáspora dominicana.
2007 – Colombia – Franklin Mieses Burgos
Delegación colombiana y escritores de otros países. La edición reunió autores de Venezuela, Panamá, El Salvador, Guadalupe, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay, entre otros.
2008 – Asociación de Estados del Caribe – Emilio Rodríguez Demorizi
Derek Walcott, Junot Díaz, además de Bryce Echenique, Zoé Valdés, Antonio Skármeta, Mario Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Krauze, Fernando Savater, Jorge Castañeda, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, Rosa Beltrán, Sergio Ramírez, Eliseo Alberto, Jaime Bayly, entre otros.
2009 – Brasil – Juan Bosch
Participación brasileña y latinoamericana. La documentación de la época destaca la dimensión internacional de la Feria. UNESCO confirma la presencia de autores, editores, libreros y profesionales del libro de numerosos países.
2010 – México – Freddy Gatón Arce
Carlos Fuentes, Guadalupe Loaeza, Adolfo Castañón, David Miklos, Enrique Serna, David Toscana, Myriam Moscona, Bernardo Esquinca, Brenda Lozano, Rocío Cerón, León Plascencia Ñol, Benito Taibo y Christopher Domínguez, Daniel Mordzinski, Víctor Andresco, Adela Fernández.
2011 – Santa Sede/Ciudad del Vaticano – Mons. Francisco José Arnáiz y P. José Luis Sáez
Participación de escritores e intelectuales vinculados a la delegación de la Santa Sede y de otros países.
2012 – Centroamérica – Enriquillo Sánchez
Sergio Ramírez, Abilio Estévez, Daniel Chavarría, entre otros.
Participaron 64 escritores de 17 países.
2013 – Ecuador – Hilma Contreras
Juan Gelman, José Ovejero, Edwin Madrid, Leonardo Valencia, además de Cristóbal Zapata, Francisco Herrera Arauz, Carlos Gustavo Rodríguez Jaramillo, Daniel Leonard Wild Stapel, Paola Sánchez Perugachi, Andrea Moreno Wray, Patricio Montaleza y Yonny Marcil Nazareno.
2014 – Panamá – Domingo Moreno Jimenes
Importante delegación panameña.
2015 – Perú – Manuel Rueda
Escritores peruanos y latinoamericanos. La inauguración oficial confirma Perú como país invitado y Manuel Rueda como homenajeado.
2016 – República Dominicana – Salomé Ureña
La edición estuvo dedicada especialmente a la diáspora dominicana, además de reunir escritores extranjeros.
2017 – Paraguay – René del Risco Bermúdez
Delegación paraguaya de escritores, historiadores, editoriales y artistas.
2018 – Guatemala – Lupo Hernández Rueda
Denise Phé-Funchal, Mario Roberto Morales, Dante Liano, Elías Jiménez, Sabino Esteban, Francisco Wingston González, Ilonka Matute Iriarte, Rosa Chávez, Carlos López, Alexis Díaz Pimienta, Jorge Urrutia, Sheila Barrios, Rosario Danilo Manera, Marina Bianchi, Gabriele Morelli, Eduardo Vázquez Martín y Mario Bellatin, entre otros.
2019 – Puerto Rico – Virgilio Díaz Grullón
18 escritores puertorriqueños dentro de los 33 escritores internacionales confirmados. La edición también rindió homenaje a Julia de Burgos.
2020 – Camila Henríquez Ureña y Abigail Mejía
Romina Sacre (México), Ivonne Sánchez Barea (Colombia), Alina Dadaeva (Rusia), María Antonieta Flores (Venezuela), José Ángel Leyva (México), Héctor Hernández Montecinos (Chile), Pedro López Adorno (Puerto Rico), José Antonio Mazzotti (Perú), Aleyda Quevedo (Ecuador), Samuel Trigueros (Honduras), Enzia Verduchi (México), entre otros. Fue una edición virtual debido a la pandemia.
2021 – Pandemia – No hubo edición presencial regular
La pandemia interrumpió el ciclo presencial; los premios de las ediciones 2020-2021 sí fueron desarrollados institucionalmente.
2022 – Unión Europea – Carmen Natalia y Pedro Peix
Manuel Vilas, J. J. Armas Marcelo, Juana Salabert, Miqui Otero, Yolanda Castaños, Mempo Giardinelli, Nora Rabinowicz, Valeria Correa Fiz, Mario Bellatin, David Toscana, Carlos Gómez Beras, Emilio del Carril, Michael Bucknor, Santiago Gamboa, Andrés Mauricio Muñoz, James Noël, Adriana Lisboa, Yannick Enet, Stephanie Servant, Arnaud Souli, Inger-Maria Mahlke, Nicol Witt, Jordi Roca, Desiree Correa, Jan Carson, Kallia Papadaki y Giovanni Dozzini, entre otros. Más de 70 invitados de 15 países.
2023 – Israel – Jeannette Miller
Adolfo Roitman, Karla Suárez, Carlos Bardem, Carmen Posadas, Gioconda Belli, Gonçalo M. Tavares, Paco Ignacio Taibo II, William Ospina, Nora Rabinowicz y Raúl Zurita, entre otros. Participaron más de 50 invitados internacionales de 18 países.
2024 – Washington Heights, Nueva York – Mateo Morrison
Participación de escritores internacionales y de la diáspora dominicana en Estados Unidos. La edición contó con más de 500 actividades.
2025 – Red de Ferias y Festivales Literarios de América Latina – Frank Moya Pons
- M. G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura; Irene Reyes-Noguerol, Raquel Lanseros, Marina Perezagua, Basilio Rodríguez Cañada, José Manuel Fajardo, Mónica Rodríguez, Chiki Fabregat, David Machado, Héctor Abad Faciolince, Fernando Iwasaki, Mercedes Rosende, Laura Alcoba, João Paulo Cuenca, Lina Meruane, Eduardo Berti, Sandra Lorenzano, Ronaldo Menéndez, entre otros. La programación reunió más de 100 escritores internacionales.
2026 – Panamá – José Mármol. Poeta, ensayista, gestor cultural
A partir de ahora, se pueden definir cuatro etapas de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo:
- 2000-2004: consolidación del carácter internacional mediante países invitados de América Latina, el Caribe y Europa.
- 2005-2012: expansión considerable; la Feria se traslada a la Plaza de la Cultura y comienza a convertirse en un verdadero festival cultural internacional. En 2008 y 2010, por ejemplo, llegan figuras de enorme prestigio internacional.
- 2013-2019: fuerte institucionalización internacional, con grandes delegaciones de Ecuador, Panamá, Perú, Paraguay, Guatemala y Puerto Rico.
- 2020-2025: pandemia, transformación digital y posterior reconceptualización. En 2022 se produce el regreso presencial; en 2023 Israel es invitado; en 2024 se incorpora Washington Heights como comunidad invitada, y en 2025 se pasa a una red internacional de ferias latinoamericanas como invitada de honor.
La internacionalización significó mucho más que traer escritores extranjeros: permitió que la literatura dominicana comenzara a dialogar sistemáticamente con otras tradiciones literarias.
Carlos Esteban Deive: 2000-2004
Con el cambio de gobierno en 2000, la dirección pasó al intelectual y narrador Carlos Esteban Deive, quien dio continuidad al proceso de internacionalización. Su primera Feria fue en 2002, con Chile como invitado, y se homenajeó a Manuel del Cabral; pasó la Feria del Libro a la Plaza del Conservatorio Nacional de Música y se estableció una oficina física en un espacio que parecía de muñecas. En 2003, Cuba fue invitada y se homenajeó a Eugenio María de Hostos, y en 2004 Puerto Rico fue invitado y se homenajeó a Pablo Neruda.
En estos años adquirió especial importancia el Pabellón de Literatura, además de una creciente programación artística.
Vuelve Lantigua como ministro y Alejandro Arvelo: la gran modernización de 2005
En 2004, José Rafael Lantigua fue designado secretario de Estado de Cultura. Su gestión tendría una enorme importancia para la Feria. En 2005 se produjo otro punto de inflexión. La dirección general pasó a Alejandro Arvelo, mientras Pedro Antonio Valdez asumió como director ejecutivo.
La Feria regresó a la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, pero bajo un concepto completamente renovado. Se sustituyeron los viejos stands por estructuras nuevas y aparecieron espacios especializados, entre ellos el Pabellón de Autor@s.
La programación se expandió extraordinariamente y la Feria empezó a funcionar claramente como un gran festival cultural nacional e internacional.
La prensa de la época estimaba que la edición de 2005 podía recibir alrededor de un millón de visitantes y destacaba la presencia de cientos de expositores y escritores internacionales.
2005-2011: la etapa de consolidación
Se puede considerar esta la etapa de madurez institucional de la Feria Internacional. El esquema de país invitado y autor homenajeado se fortaleció.
La Feria incorporó progresivamente la participación escolar y universitaria, los pabellones temáticos, las conferencias magistrales, premios, concursos literarios, actividades juveniles, incremento de literatura infantil y se reafirmó el perfil cultural del evento con teatro, tanto de calle como de salón, una programación especial de cine y literatura, conciertos clásicos y populares y exposiciones de artes visuales.
En 2011, Alejandro Arvelo continuaba como director general y Pedro Antonio Valdez como director ejecutivo. Y se inicia la integración a la organización de Valentín Amaro e Ibeth Guzmán y Pedro Antonio Valdez.
Los ministros de Cultura y la Feria
Desde la creación de la Secretaría de Estado de Cultura en 2000, posteriormente convertida en Ministerio de Cultura, la Feria ha estado bajo distintas administraciones.
La secuencia es:
| Período | Titular | Relación con la Feria |
| 2000-2004 | Tony Raful | Continuidad y fortalecimiento de la internacionalización |
| 2004-2012 | José Rafael Lantigua | Gran reformulación y consolidación internacional |
| 2012-2016 | José Antonio Rodríguez | Continuidad y expansión del programa |
| 2016-2018 | Pedro Vergés | Reordenamiento institucional y editorial |
| 2018-2020 | Eduardo Selman | Transición y Feria virtual durante la pandemia |
| 2020-2021 | Carmen Heredia | Descentralización y modalidades híbridas |
| 2021-2025 | Milagros Germán | Reconceptualización y recuperación de la Feria presencial |
| Desde 2025 | Roberto Ángel Salcedo | Nueva etapa, récord de asistencia en 2025 |
La creación de la Secretaría de Estado de Cultura se produjo en 2000 mediante la Ley 41-00.
El propio Ministerio reconoce a Tony Raful, José Rafael Lantigua, José Antonio Rodríguez, Pedro Vergés y Eduardo Selman como los primeros titulares de la cartera hasta la llegada de Selman.
Posteriormente, Carmen Heredia fue juramentada en agosto de 2020; Milagros Germán sustituyó a Heredia mediante el Decreto 544-21, con efectividad del 10 de octubre de 2021; y Roberto Ángel Salcedo fue designado ministro mediante el Decreto 48-25, en febrero de 2025.
Los principales directores de la Feria
| Período | Responsable / estructura |
| 1951-1961 | Julio D. Postigo Arias, precursor |
| 1970 | José A. Caro Álvarez, director ejecutivo de la Exposición Mundial |
| 1973-1978 | Rafael Herrera, presidente de la Comisión Permanente |
| 1978-1985 | Pedro Bisonó, Comisión Organizadora |
| 1985-1996 | Raymundo Amaro Guzmán, presidente de la Comisión |
| 1997-1999 | José Rafael Lantigua, director de la nueva etapa |
| 2000-2004 | Carlos Esteban Deive |
| 2005-2011 | Alejandro Arvelo, director general; Pedro Antonio Valdez, director ejecutivo |
| 2012-2015 | Pedro Antonio Valdez, director ejecutivo; posteriormente Valentín Amaro como director general del Libro y la Lectura |
| 2016 | Valentín Amaro, director general del Libro y la Lectura; Pedro Antonio Valdez, director ejecutivo |
| 2017 | Ruth Herrera, directora general de la Feria |
| 2018-2020 | Ruth Herrera y equipos sucesivos de la Dirección de Ferias |
| 2020 | Ruth Herrera, directora de la Feria Internacional Virtual |
| 2022-2025 | Joan Ferrer Rodríguez, director de las Ferias del Libro |
Hay documentación contemporánea que confirma, por ejemplo, a Arvelo y Valdez en 2011; a Valdez y Valentín Amaro en 2015-2016; a Ruth Herrera en 2017 y 2020; y a Joan Ferrer desde 2022 hasta 2025, cuando pasa a la Dirección General de Museos.
Década de 2010: expansión y nuevas generaciones
La Feria llegó a la década de 2010 convertida en una verdadera institución cultural nacional.
En 2012, por ejemplo, la XV Feria Internacional tuvo una programación de 19 días y Pedro Antonio Valdez era director ejecutivo.
En 2015 participaron 430 editoriales internacionales; 209 librerías e instituciones; 630 autores dominicanos. Además, se destinaron RD$4.5 millones en bonos para estudiantes, lo que demuestra que la Feria comenzaba a utilizarse también como mecanismo de promoción de la lectura y de acceso económico al libro.
En 2016, bajo el ministro Pedro Vergés, se impulsó la Biblioteca Dominicana Básica, concebida como una colección de cien títulos representativos del pensamiento y la cultura dominicanos.
En 2017, la Feria también impulsó el Premio Joven Feria del Libro, destinado a estimular a nuevos escritores en cuento, poesía y periodismo.
2018: Guatemala y Lupo Hernández Rueda
La XXI Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2018 estuvo dedicada al escritor, poeta y dramaturgo Lupo Hernández Rueda, con Guatemala como país invitado de honor. El ministro de Cultura era entonces Pedro Vergés.
2019: el traslado a la Ciudad Colonial
La XXII Feria Internacional del Libro y la Cultura 2019 representó otro cambio importante. La Feria salió de la Plaza de la Cultura y se instaló en la Ciudad Colonial. Fue dedicada al escritor Virgilio Díaz Grullón y tuvo a Puerto Rico como invitado de honor.
La programación alcanzó alrededor de 1,400 actividades, según las cifras divulgadas entonces. La utilización de la Ciudad Colonial introdujo una dimensión adicional: la Feria comenzó a funcionar también como instrumento de turismo cultural. Los visitantes no solamente iban a comprar libros: recorrían museos, plazas, iglesias, calles y monumentos históricos.
2020: la pandemia transforma la Feria
La pandemia de COVID-19 obligó a suspender el formato presencial. La Feria se transformó en Feria Internacional Virtual del Libro y la Cultura 2020. Se desarrolló fundamentalmente mediante Zoom y plataformas digitales, con escritores nacionales e internacionales, talleres, tertulias, recitales, conferencias y paneles.
La edición fue dedicada a Abigail Mejía y Camila Henríquez Ureña, con Honduras como país invitado. Fue un momento histórico porque demostró que la Feria podía sobrevivir fuera del espacio físico.
Carmen Heredia y la experimentación híbrida
Durante la gestión de Carmen Heredia, el Ministerio exploró formatos semipresenciales y virtuales. La XVI Feria Regional del Libro Bahoruco 2020, por ejemplo, combinó presencia física y plataformas digitales, llegando a públicos que no necesariamente podían acudir al recinto.
Este proceso contribuyó a que la política del libro comenzara a considerar con mayor seriedad: plataformas digitales; transmisiones; participación remota; nuevos públicos; booktubers y jóvenes lectores digitales.
2022: regreso a la Ciudad Colonial
Después de dos años afectados por la pandemia, la XXIV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2022 volvió al formato presencial. Se celebró del 23 de abril al 2 de mayo de 2022, en la Ciudad Colonial.
Fue dedicada a Carmen Natalia y Pedro Peix, con la Unión Europea como invitada especial. La organización estuvo encabezada por la ministra Milagros Germán, el director de las Ferias del Libro Joan Ferrer y el equipo encabezado por el viceministro Ramón Pastor de Moya.
Participaron más de 150 escritores y se anunciaron 85 nuevos libros y revistas para circulación.
Pero las quejas fueron muchas: el espacio era muy amplio, los parqueos pocos, la posibilidad de concentración cultural se vio dificultada y se dispersó. Dejó una sensación agridulce.
2023, Milagros y Ángela: la gran reconceptualización
La edición de 2023 fue especialmente importante. La designación en la Dirección General del Libro y la Lectura de Ángela Hernández, Premio Nacional de Literatura 2015, responsable de una obra en varios géneros y con experiencia nacional e internacional en planificación de eventos, produjo una conceptualización nueva, un enfoque teórico renovado que inició por retornar el evento a la Plaza de la Cultura.
Hernández es una gestora natural del libro y las bibliotecas desde antes de llegar a la Dirección General del Libro y la Lectura.
Era la XXV Feria Internacional del Libro, estuvo dedicada a Jeannette Miller y tuvo a Israel como país invitado. Se recuperó el carácter del evento y fue una de las mejores ediciones.
Se produjo una importante renovación física y organizativa: pabellones climatizados; utilización a fondo de los museos y otras instalaciones de la Plaza.
La Feria recibió además la certificación de Marca País, lo que significó su reconocimiento como uno de los activos culturales con capacidad de proyectar internacionalmente a República Dominicana.
Las ventas de librerías superaron los RD$50 millones, según las autoridades del Ministerio de Cultura.
2024: Mateo Morrison y Washington Heights
La XXVI Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2024 se celebró del 7 al 17 de noviembre en la Plaza de la Cultura, dedicada al escritor Mateo Morrison, y tuvo a Washington Heights como comunidad invitada.
La ministra era Milagros Germán, la directora de la DGLL, Ángela Hernández, y Joan Ferrer continuaba como director de las Ferias del Libro.
La edición registró: más de 220,000 visitantes; más de 500 actividades y ventas superiores a RD$57 millones.
Aquí se observa claramente una transformación: la Feria ya no se dirige exclusivamente al lector tradicional, sino también a comunidades dominicanas en el exterior.
La gestión de esta Feria no se puede medir solo por las cifras: se trata de que se profundizó la concepción del evento, llevándolo más allá del criterio que formuló José Rafael Lantigua.
2025: Frank Moya Pons y el récord histórico
La XXVII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2025 se celebró del 25 de septiembre al 5 de octubre en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte.
Fue dedicada al historiador Frank Moya Pons y tuvo como tema central la literatura infantil. La invitada de honor fue la Red de Ferias y Festivales Literarios de América Latina, fortaleciendo el papel de Santo Domingo como punto de articulación de las ferias literarias de la región.
Entre los invitados internacionales estuvo el Premio Nobel de Literatura J. M. G. Le Clézio.
El director de las Ferias del Libro fue Joan Ferrer y el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo. Participó activamente el viceministro Ramón Pastor de Moya.
La Feria registró, según comunicado de Cultura: más de 700,000 visitantes; alrededor de 650 actividades; más de RD$75 millones en ventas de libros, lo que supone un incremento superior al 30 % respecto al año anterior, y 11,045 libros distribuidos gratuitamente a estudiantes mediante el Bono Libro.
Diez logros en 75 años de Feria
- Creó una cultura pública del libro
Su logro fundamental. En 1951, el libro era un producto relativamente restringido a librerías y círculos intelectuales. La Feria convirtió el libro en una experiencia pública y colectiva. Cada año, cientos de miles de personas entran en contacto con autores, editores, librerías, bibliotecas y nuevas publicaciones.
- Contribuyó a crear nuevos lectores
La Feria acercó el libro a: niños; adolescentes; estudiantes universitarios; profesores; familias; investigadores; escritores jóvenes.
Los programas de bonos y distribución de libros profundizaron esa función social. En 2025, por ejemplo, se distribuyeron gratuitamente más de 11,000 ejemplares a estudiantes.
- Creó un mercado editorial
La Feria se convirtió en un punto de encuentro entre: autor → editor → librero → lector.
Las cifras económicas recientes son reveladoras. Más de RD$57 millones en ventas en 2024 y más de RD$75 millones en 2025 (cifras oficiales de Cultura) muestran que la Feria también funciona como una plataforma económica para la industria editorial.
- Democratizó el acceso al conocimiento
La Feria sacó la literatura de los espacios elitistas. Un niño de una escuela pública puede asistir al mismo encuentro que un escritor reconocido internacionalmente. Un joven puede escuchar una conferencia de un autor extranjero. Un lector puede comprar un libro con descuento. Un escritor desconocido puede presentar su primera obra.
Ese proceso tiene un enorme valor democrático.
- Internacionalizó la literatura dominicana
La transformación de 1997-1998 fue decisiva. Con la llegada de España; México; Chile; Francia; Cuba; Puerto Rico; Argentina; Colombia; Brasil; Italia; Guatemala; Israel; Unión Europea y países latinoamericanos, la literatura dominicana dejó de mirarse solamente hacia dentro.
La Feria convirtió a Santo Domingo en un espacio de diálogo literario internacional.
- Creó una memoria de la literatura dominicana
Otro aporte extraordinario es la tradición de dedicar cada edición a un escritor.
La Feria ha permitido que nuevas generaciones conozcan nombres como: Pedro Mir, Juan Bosch, Aída Cartagena Portalatín, Manuel del Cabral, Pedro Henríquez Ureña, Marcio Veloz Maggiolo, Franklin Mieses Burgos, Emilio Rodríguez Demorizi, René del Risco Bermúdez, Lupo Hernández Rueda, Virgilio Díaz Grullón, Jeannette Miller, Mateo Morrison y Frank Moya Pons, entre muchos otros.
La Feria funciona, es un gran archivo vivo de la memoria intelectual dominicana.
- Integró literatura y otras artes
La Feria nunca permaneció exclusivamente literaria. Con el tiempo incorporó: teatro; cine; música; danza; artes visuales; fotografía; patrimonio; gastronomía; historieta; literatura infantil; poesía y periodismo.
Por eso es más correcto definirla como un festival cultural cuyo centro es el libro, no simplemente como una exposición comercial de publicaciones.
- Descentralizó la política cultural
La creación de las Ferias Regionales del Libro amplió el modelo hacia las provincias. Santiago, Bahoruco, Puerto Plata y otras localidades han acogido eventos regionales.
En Puerto Plata, por ejemplo, el Ministerio destacó expresamente la función de estos acontecimientos en el desarrollo de las industrias creativas y la descentralización cultural.
Esto es especialmente importante para un país donde la actividad cultural tiende históricamente a concentrarse en Santo Domingo.
- Vinculó cultura y turismo
El traslado de la Feria a la Ciudad Colonial en 2019 y nuevamente en 2022 introdujo una relación muy interesante entre: literatura + patrimonio + turismo cultural.
Aun cuando son válidas las críticas en cuanto a deficiencias en organización y dispersión de las ofertas culturales y bibliográficas.
- La Feria como instrumento de identidad nacional
Quizás este sea su efecto más profundo.
La Feria ha conseguido reunir cada año una representación simbólica de lo que somos: nuestra historia + nuestra literatura + nuestros autores + nuestra memoria + nuestra música + nuestros jóvenes + nuestras instituciones + nuestras relaciones internacionales.
Por ello, su importancia supera ampliamente el número de libros vendidos.
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