En la primera parte dejamos una pregunta abierta: ¿qué responsabilidad tenemos nosotros en la construcción de una política cultural de Estado?

Al volver sobre Pedro Henríquez Ureña, la pregunta adquiere otra dimensión.

Porque quizás uno de nuestros problemas no ha sido la ausencia de pensamiento, sino la distancia entre pensamiento y acción.

Hemos aprendido a citar a Pedro Henríquez Ureña.

¿Hemos aprendido a asumirlo?

El Pedro Henríquez Ureña que nos incomoda

El Dr. Pedro Henríquez Ureña, en Argentina.

Existe un Pedro Henríquez Ureña cómodo: el nombre ilustre, el académico admirado, el autor que se cita para darle autoridad a un discurso y prestigió a su autor. Pero existe otro Pedro, mucho más exigente.

El que obliga a preguntarnos qué hacemos con el conocimiento.

Qué hacemos con la educación.

Qué hacemos con la cultura.

Qué Nación queremos construir.

Ese Pedro resulta menos cómodo porque sus preguntas no terminan en una conferencia ni en una cita para un ensayo o un discurso.

Nos comprometen.

Por eso, el verdadero homenaje a Henríquez Ureña no consiste únicamente en repetir y citar su nombre.

Consiste también en continuar y dar respuestas a sus preguntas.

El conocimiento también es responsabilidad

Academia de Ciencias.

No se trata de condenar a los intelectuales dominicanos ni de negarles el derecho a vivir de su trabajo.

Es legítimo escribir, investigar, enseñar, publicar, recibir reconocimiento y obtener beneficios profesionales del conocimiento.

El problema aparece cuando la cultura termina reducida exclusivamente a un mecanismo de prestigio, reconocimiento o beneficio personal, separado de toda responsabilidad frente a la sociedad.

Porque el conocimiento también puede ser una forma de servicio público.

Un intelectual no tiene que convertirse en funcionario para servir al país.

Puede hacerlo investigando.

Escribiendo.

Formando generaciones.

Defendiendo la memoria.

Cuestionando al poder.

Proponiendo políticas.

Abriendo debates.

Participando en la construcción institucional.

Y también revisando críticamente sus propias posiciones.

La cultura necesita independencia.

Pero independencia no significa indiferencia.

Cultura y poder

Academia Dominicana de la Historia.

El Estado necesita a la cultura.

La cultura también necesita recursos públicos.

Pero existe una frontera que no deberíamos cruzar: la cultura no puede entregar su libertad crítica a cambio de recursos o reconocimiento.

Una sociedad cultural madura debe poder colaborar con el gobierno y, al mismo tiempo, cuestionarlo.

Debe poder reconocer los aciertos y señalar las deficiencias.

Debe exigir transparencia.

Debe participar en las decisiones.

Debe proponer alternativas.

Y los gobiernos deberían entender que una comunidad cultural crítica no es un enemigo del Estado.

Es parte de una democracia saludable.

El problema no es solamente el Estado

26 años después: ¿dónde está la política cultural de Estado? (II)

También debemos mirarnos nosotros mismos.

No podemos exigir institucionalidad mientras actuamos únicamente alrededor de intereses individuales.

No podemos reclamar participación y permanecer ausentes.

No podemos exigir políticas culturales y conformarnos con actividades.

No podemos pedir continuidad si cada grupo defiende solamente su espacio.

La cultura dominicana necesita una sociedad cultural capaz de organizarse, dialogar, proponer, fiscalizar y construir acuerdos.

Y aquí también me incluyo.

He dedicado buena parte de mi vida al teatro, al arte y a la cultura. He dirigido, escrito, participado en instituciones y conocido el sistema desde dentro.

Por eso no quiero escribir esta reflexión colocándome fuera del problema.

También tengo que preguntarme:

¿Qué hemos hecho nosotros?
¿Qué hemos construido?
¿Qué hemos defendido?
¿Qué hemos permitido?
¿Qué dejamos de hacer?
¿Qué pudimos haber hecho mejor?

La crítica solamente tiene sentido cuando produce una consecuencia.

Y esa consecuencia debe ser la propuesta.

Del homenaje al compromiso

El Dr. Pedro Henríquez Ureña junto al historiador dominicano Emilio Rodríguez Demorizi en 1940, mientras dictaba las conferencias Charles Eliot Norton sobre las Corrientes Literarias en América Latina en la Universidad de Harvard, Cambridge, Estados Unidos.

Pedro Henríquez Ureña no necesita que se le siga únicamente citando en ensayos y discursos.

Necesita que sus preguntas vuelvan a incomodarnos.

Necesitamos preguntarnos qué significa hoy construir Nación desde la cultura.

Qué significa formar ciudadanos.

Qué significa defender la memoria.

Qué significa proteger el patrimonio.

Qué significa garantizar libertad de creación.

Qué significa que un intelectual, un artista o un gestor cultural asuma también una responsabilidad frente al país.

Y, sobre todo, qué significa que el Estado deje de administrar la cultura como una sucesión de coyunturas y comience a tratarla como una política permanente.

Ese cambio no puede producirlo únicamente un ministro.

Tampoco un partido.

Ni una generación.

Necesita una voluntad colectiva.

Una responsabilidad compartida

26 años después: ¿dónde está la política cultural de Estado? (II)

Después de 26 años, la deuda cultural dominicana no puede seguir siendo explicada solamente por los errores de un gobierno u otro.

El Estado tiene una responsabilidad enorme.

Los partidos tienen otra.

Los intelectuales, artistas y gestores también.

Las universidades.

Las empresas.

Las fundaciones.

Los medios.

La sociedad civil.

Y los ciudadanos.

Todos formamos parte de la conversación cultural de la Nación.

Por eso, la discusión no debería terminar en la pregunta:

¿Quién tiene la culpa?

Debe avanzar hacia otra:

¿Qué estamos dispuestos a construir juntos?

La primera parte de este ensayo examinó la deuda institucional acumulada durante 26 años.

Esta segunda nos obliga a mirar la responsabilidad intelectual y cultural.

La tercera debe ir un paso más allá:

¿Qué podemos hacer concretamente para que esa deuda comience a saldarse?

Porque una Nación no cambia únicamente cuando descubre sus problemas.

Cambia cuando convierte el diagnóstico en decisión.

Y la República Dominicana ya tiene suficientes diagnósticos.

Ahora necesita voluntad para construir.

Continuará.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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