El 21 de julio de 2026, la música dominicana perdió a uno de sus valiosos exponentes, Miguel Emilio Peña Morales, cariñosamente conocido como «Miguelo», destacado trompetista, director de orquesta y músico cotuisano que dedicó gran parte de su vida al cultivo, desarrollo y difusión de nuestra música popular. Su fallecimiento representa una sensible pérdida para el patrimonio cultural de Cotuí, de la provincia Sánchez Ramírez y de la República Dominicana, pero también nos invita a reflexionar sobre la trascendencia de su obra y la importancia de preservar la memoria de quienes, con talento, disciplina y vocación, contribuyeron a enriquecer nuestra identidad musical.
Miguel Emilio Peña nació en Cotuí el 22 de febrero de 1936, su vida está marcada por una pasión inquebrantable por la música, que lo llevó a convertirse en uno de los más destacados exponentes de su generación.
Primeros años y formación musical
Desde muy joven, Miguel mostró un interés notable por la música. A la edad de ocho años, comenzó sus estudios musicales bajo la dirección de Ramón Oviedo y José Graciano, dos importantes figuras de la música en la región de La Vega. Esta educación temprana le proporcionó una base sólida en teoría y práctica musical. Más tarde, amplió su formación con Juan Eutimio Jerez (Nino), un reconocido maestro que contribuyó a su desarrollo como músico.
La dedicación de Miguelo a la música lo llevó a explorar diversos instrumentos, pero fue la trompeta la que realmente capturó su atención. Desde sus primeros años, Miguelo se destacó como tamborero, lo que le permitió adquirir un profundo sentido del ritmo y la percusión, elementos esenciales en la música popular dominicana.
Primeros pasos en el escenario internacional
En 1958, la vida de Miguel dio un giro significativo cuando fue invitado a viajar a Estados Unidos con una delegación encabezada por la célebre cantante Casandra Damirón. Esta experiencia no solo amplió su horizonte musical, sino que también le permitió compartir escenario con algunos de los mejores artistas de la época. Acompañando a Damirón como tamborero, Miguelo empezó a forjar su nombre en el mundo de la música, un paso que sería fundamental en su carrera.
La creación de La Orquesta Universal

En 1969, impulsado por su deseo de compartir su talento y pasión por la música, Miguelo fundó La Orquesta Universal, junto a un grupo de amigos músicos. Esta orquesta rápidamente ganó popularidad en el país, amenizando fiestas y eventos en clubes y salones de baile. La combinación de ritmos caribeños con arreglos innovadores hizo que la orquesta se convirtiera en un referente de la música popular de la época, llevando la alegría y la energía del merengue a diversas audiencias.
Versatilidad musical y colaboraciones destacadas

Miguel Emilio Peña, no solo se limitó a tocar la trompeta; su versatilidad le permitió tocar varios instrumentos, incluyendo el bombardino y el trombón de vara. Esta diversidad le abrió puertas en el mundo musical, donde pudo colaborar con orquestas y artistas de renombre. Durante su carrera, Miguelo se desempeñó como primer trompeta en la Orquesta Sinfónica Nacional, y fue miembro destacado de la orquesta de Rafael Solano y de la orquesta San José del maestro Papa Molina.
Su talento y profesionalismo le valieron la oportunidad de unirse a la orquesta 4-40 del maestro Juan Luis Guerra, una de las más influyentes de la música latina contemporánea. Su participación en El Show del Mediodía, bajo la dirección de Jorge Taveras, lo consolidó aún más en la escena musical dominicana.
A lo largo de su carrera, Miguel Emilio Peña acompañó a numerosos artistas tanto nacionales como internacionales, incluyendo a Luchi Vicioso, Maridalia Hernández, Antony Ríos, Víctor Víctor, José José, Rafael de España, Marco Antonio Muñiz, Daniel Santos, la Sofi de Puerto Rico, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Miami Sound Machine, grupo Mocedades, Richie Ray y Bobby Cruz, entre otros.
Contribuciones a la música dominicana
La influencia de Miguelo en la música dominicana va más allá de sus presentaciones en vivo. Su participación en estudios de grabación ha sido fundamental para la creación de merengues clásicos que se escuchan en las emisoras del país. Entre las orquestas que demandaron los servicios de Miguelo Peña, para grabaciones se encuentran: Wilfrido Vargas, Jonny Ventura , Fernandito Villalona, Dioni Fernández, el Zafiro, Alex Bueno, Bonny Cepeda, Cuco Valoy, Aníbal Bravo, Rasputín, Ramón Orlando, los Hermanos Rosario, Jochy Hernández, Monchi Capricho, Jorge Solano, Luisito Martí y el sonido original, Fausto Rey, Luis Ovalle, los Nietos del Rey, los Reyes del Caribe, Sergio Vargas, Rubí Pérez, Peter Cruz, Sandy Reyes, Ray Polanco, La Gran Manzana, Tulile, Benny Sadel, Carlos David, Sergio Hernández, Nando Galán, Milly Quezada, Aramis Camilo, La Artillería, Grupo Tambo, Manuel Jiménez entre otros, permitiendo dejar su impronta en una época dorada de la música popular dominicana. En el año 1989 ingresa a la Orquesta Internacional que dirigía el maestro Ramón Orlando con la que permanece un largo tiempo como trompetista.
Además, Miguelo ha colaborado con renombrados maestros de la música, como Manuel Tejada y Bertico Sosa, aportando su talento a producciones que han resonado en la memoria colectiva de la República Dominicana.

Vida académica y compromiso educativo
A lo largo de su vida, Miguelo también se ha dedicado a la enseñanza. Se desempeñó como maestro en el Liceo Secundario Francisco Henríquez y Carvajal, compartiendo su amor por la música con nuevas generaciones. Su compromiso educativo refleja su deseo de inspirar a otros a seguir sus pasos en el mundo musical.
En 1974, Miguelo se trasladó a la ciudad capital y se unió a la Banda de Música del Ejército Nacional, donde no solo actuó como músico principal, sino que también enseñó a jóvenes músicos, contribuyendo al desarrollo del talento en la música militar y popular.
Fue un ejemplo de dedicación y amor por la música. Su trayectoria no solo es un testimonio de su talento, sino también de su compromiso con la cultura musical dominicana.
Miguel Emilio Peña fue, sin duda, un ícono de la música dominicana, un testimonio del poder transformador de la música y su capacidad para unir a las personas. Con una trayectoria que abarca más de seis décadas, Miguelo ha dejado una huella indeleble en la historia de la música de su país, y su legado sigue vivo. Su pasión, versatilidad y compromiso con la música lo convierten en una figura admirada y respetada en la comunidad musical, asegurando que su contribución a la cultura dominicana perdure por generaciones.
Artistas opinan sobre los aportes de Miguel Emilio Peña
Miguelo Peña fue una de las personas que más cariño y amor le tuve. Hombre bueno, sencillo y un músico de muchísima pegada y calidad. Cuántos momentos alegres lindos me hiciste vivir. Miguel Emilio Peña fue uno de los trompetistas más importantes de la historia de este país. Te saludo donde quiera que te encuentres y le digo al mundo que sin ti hubiese sido imposible escribir la música que ha traído tanta gloria a la República Dominicana. Te amo, Dios te bendiga, Miguelo Peña. (El maestro Ramón Orlando Valoy. Músico, arreglista, compositor y cantante).
La orquesta Universal; una inspiración para los jóvenes aficionados a la música en el municipio de Cotuí en la década de los 70. La juventud de los 70 en el municipio de Cotuí, y podríamos decir que en el conjunto de la provincia Juan Sánchez Ramírez, teníamos en la Orquesta Universal una verdadera inspiración para los que sentíamos afición por la música.
El profesor Miguel Emilio Peña, quien fungía como maestro de música en la academia del cuerpo de bomberos de Cotuí, y que al mismo tiempo era el director de la banda municipal, acciones que compartía con la labor magisterial que ejercía como profesor de música y literatura en el Liceo Francisco Henríquez y Carvajal, se sintió motivado por el surgimiento de expresiones orquestales que comenzaban a conformarse en las grandes ciudades del país y decidió formar la Orquesta Universal.
Fue así, como Cotuí empezó a ser parte del conjunto de ciudades que tenían orquestas de música popular de alta calidad especializada en merengues, boleros y ocasionalmente algún otro ritmo como la mangulina. Comenzamos entonces, a deleitarnos con los mejores músicos e intérpretes que desfilaron por dicha orquesta, entre ellos: Caifás, Salvador Mirambeaux y Juan Lanfranco.
La orquesta universal, se convirtió en una cantera que producía buenos intérpretes y buenos músicos, y fue también el espacio soñado por los que, como yo, sentíamos una profunda inclinación por la música. En mi caso particular, no llegué a ser parte de la Orquesta Universal, pero, debo admitir que, de forma indirecta, la universal fue responsable de mi primera participación en una agrupación musical. Pues al salir Juan Lanfranco de dicha orquesta para formar parte de la orquesta de Primitivo Santos, yo, que era el intérprete de boleros de los quisqueyanos del sabor que dirigía el Profesor Bartolomé Alemán, pasé a ser el sustituto de Salvador Mirambeaux, quién, a su vez, había entrado a la Orquesta Universal como sustituto de Juan Lanfranco, y esa situación, me puso en el camino de la música.
Como anécdota del resultado, les cuento, que años más tarde, ya en la década de los 80s, Miguelo, como siempre le hemos dicho a Miguel Emilio Peña, era trompetista, nada más y nada menos, que, de la Orquesta Sinfónica Nacional, y que fue quien, en 1983, grabó las trompetas de mi primera producción musical titulada: “Coplas al viento y al hombre”.
Gracias a la orquesta universal y al profesor Miguel Emilio Peña, muchos como yo, de origen Cotuisano, tienen su cimiente en el legado de la famosa Orquesta Universal y del Profesor Miguel Emilio Peña. Vayan todos mis reconocimientos, tanto a la orquesta, como al maestro a quien le guardo eterna gratitud. (Manuel Jiménez.Músico, arreglista, compositor y cantante).
Compartir esta nota