Con guion de Chris McKenna, Erik Sommers y Justin Kuritzkes, “Brand New Day” es la cuarta entrega de Tom Holland y la primera sin Jon Watts en la dirección cuyo relevo lo toma ahora Destin Daniel Cretton, venido de “Shang-Chi” (2021).
Su punto de partida es directamente heredado de “No Way Home” (2021) en la que han pasado cuatro años desde aquellos eventos y Peter Parker vive como adulto completamente solo, borrado voluntariamente de la vida y la memoria de aquellos amigos cercanos, consecuencia del hechizo final de Dr. Strange.
Sobre esta base la película arma una estructura donde un personaje utiliza una fuerza psíquica capaz de poseer cuerpos ajenos para infiltrarse en el Departamento de Control de Daños.
La no revelación de la identidad de la villana (Sadie Sink) la cual se mantiene escondida buena parte del metraje buscando algo llamado “V-Max” y donde su rostro no se revela hasta prácticamente la mitad del filme, es una decisión de misterio que puede impacientar un poco a la audiencia, pero la estrategia logra su cometido cuando la amenaza se le da rostro y motivación.
Aquí el Departamento de Control de Daños se muestra como una entidad que es la pieza más interesante de todo el andamiaje narrativo de la película el cual el guion se encarga de construir un giro más político. El acierto de esta construcción es que desplaza el rol de villano de una figura con poderes hacia una figura estrictamente burocrática.
Ahí es donde el DODC deja de ser una subtrama de la película y empieza a funcionar como puente hacia el siguiente arco de la saga, un tipo de premisa institucional que históricamente ha precedido las tramas de persecución anti mutante en los cómics de X-Men.
También se presenta la mutación de Parker de sus propias hormonas arácnidas que le otorgan telarañas orgánicas, una idea inspirada en el arco de cómic de 2005-2006 “Spider-Man: el otro”, en la que el propio director habló de una transformación aterradora en la que Parker cree inicialmente que se está convirtiendo en otra cosa.
Se puede señalar que el guion está lo bastante bien hilado como para que las piezas funcionen con cierto entusiasmo, puesto que lo interesante del planteamiento de Cretton es que trata el olvido colectivo de “No Way Home” no como un simple gancho de trama sino como condición existencial sostenida durante toda la película.
Peter ya no es el adolescente que negociaba entre la vida normal y la heroica voluntad de hacer el bien, ahora es alguien empujado a elegir la desaparición total como recurso de protección de los demás.
Entre los momentos que Parker actúa como “un muchacho normal” y su actitud de héroe que intenta hacer lo correcto mientras carga con el peso de pérdidas irreparables, la historia se balancea sosteniendo ambas ideas que al final repercuten en la buena dirección y en el rumbo que le han querido dar a este nuevo capítulo.
Una corrección de rumbo respecto a la trilogía anterior en la que la apertura de tantos multiversos y contextos artificiales digitales, al parecer, han hecho recapacitar a Marvel de que Spider-Man, antes de ser un héroe, es un joven que ha pasado por tantos traumas como cualquier adolescente, esencia básica de conexión emocional con la audiencia.
Una de las cosas que se puede inferir también en el trabajo de Holland es que su rol empuja esta película hacia un registro distinto. Si vemos que su labor actoral se encuentra actualmente en dos películas de manera paralela en cartelera, se puede decir, y así lo han expresado varios analistas, que el influjo que tiene en este film es por la rigurosa preparación que tuvo con Christopher Nolan durante el rodaje de “La Odisea”, donde interpreta a Telémaco.
Este dato puede parecer intrascendente, pero aquí funciona casi como una bisagra de método en la que Holland traslada una disciplina actoral aprendida en un contexto de cine de autor hacia una franquicia de superhéroes, pues no es extraño que la crítica haya calificado su actuación como la más “acoplada” al personaje hasta el momento.
Viendo hacia el futuro de esta historia se puede establecer que el panorama que se dibuja es el de una franquicia que empieza a usar a Spider-Man como articulación hacia el resto del UCM como una puerta de entrada a los mutantes por su interacción con el personaje de Sadie.
Esta tensión de fondo que define hacia dónde va esta saga es que cuanto más éxito tiene la película en anclar a Peter en una historia personal e íntima, más presión tiene Marvel para convertir a ese mismo personaje en el conector estructural de toda la Fase Seis.
La escena postcréditos, deliberadamente sugiere que Cretton y sus guionistas son conscientes de ese riesgo y están tratando de dosificarlo. Si lo logran en la siguiente entrega, la pregunta será si esa segunda trilogía cumplirá lo que promete o repetirá el patrón de disgregación que sufrió buena parte de la Fase Cuatro y Cinco.
Dicha escena, definitivamente, empuja la resolución hacia la siguiente entrega en lugar de cerrarla aquí y donde ya se presentan los recursos necesarios para convertirse en el primer paso de una exitosa segunda trilogía de la era de Tom Holland como Spider-Man.
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