En tan solo ocho días las creadoras de la iniciativa #YoTeCreoColega han recibido más de 200 correos electrónicos con denuncias de presunto acoso sexual a periodistas en contextos laborales en Colombia.
La mayoría provienen de mujeres que aportan su identidad, la de su supuesto agresor y la del medio en el que habrían ocurrido los hechos.
Han recibido, en menor cantidad, denuncias de hombres y anónimas. Varías de ellas están acompañadas de material de apoyo que permitiría verificar los relatos sobre hechos que habrían ocurrido entre 1993 y 2025.
¿Cómo llegaron a tener tal alcance en tan poco tiempo?
Todo empezó el pasado 20 de marzo, cuando Caracol Televisión, el canal con mayor audiencia en Colombia, publicó un comunicado con el que informaba haber recibido denuncias "en contra de dos periodistas presentadores por presunto acoso sexual" y que activó "los protocolos internos y los procedimientos establecidos por la ley".
"Yo vi el comunicado y se me revolvió todo", le cuenta Catalina Botero a BBC Mundo mientras relata cómo fue que decidió publicar en X el mensaje que según algunas de sus colegas dio inicio a la ola virtual.
"No pasaron ni 10 minutos y comienzan a llegarme un montón de historias y testimonios muy fuertes, que datan de hace más de 25 años, de este mismo patrón de uno de los periodistas presentadores", agrega la periodista que estuvo vinculada a Caracol durante cuatro años.
Rápidamente, Mónica Rodríguez, quien cuenta con una larga trayectoria en medios y trabajó para Caracol durante 10 años, replicó los mensajes y expresó su solidaridad en redes sociales, en donde también empezó a recibir denuncias.
Pronto se sumaron Paula Bolívar y Laura Palomino, creadoras del medio independiente Brava News, y propusieron abrir un canal seguro para las denuncias.
Mientras ellas organizaban la iniciativa, el domingo 22 de marzo Juan Roberto Vargas, director de Noticias Caracol, habló del comunicado de su empresa y aclaró al aire en Blu Radio que las denuncias habían sido presentadas por mujeres que trabajan en ella.
"Lo más importante es que estamos del lado de las víctimas", agregó.
El mismo domingo las periodistas publicaron la campaña #MeTooColombia y #YoTeCreoColega por sus redes sociales.
Al día siguiente, Juanita Gómez, quien además de hacer parte de la iniciativa trabajó en Caracol durante 11 años, decidió publicar su testimonio en X.
Tres días después y en respuesta a las numerosas denuncias, la Fiscalía General informó de la apertura de un canal oficial para recibir señalamientos y el inicio de una investigación en torno a dos periodistas presentadores por denuncias de presunto acoso sexual.
Horas más tarde, Caracol Televisión publicó un segundo comunicado en el que informó que dio por terminado el contrato laboral de Ricardo Orrego y que, de mutuo acuerdo, se desvinculó a Jorge Alfredo Vargas.
"Estas decisiones no constituyen un juicio de valor sobre los hechos denunciados, ni implican una conclusión sobre responsabilidades individuales", aclaró el medio en su texto.
Vargas, de 59 años y 20 de ellos en Caracol, confirmó su salida en su cuenta de X.
"Termino esta etapa profesional con la convicción de haber ejercido el periodismo con rigor, independencia y respeto. Con errores, como cualquier ser humano, pero siempre con principios claros y convicción de haber hecho lo correcto", escribió en el mensaje.
"Si en algún momento alguien tuvo una sensación diferente, lo respeto, advirtiendo que nunca mi actuar tuvo esa intención", agregó.
Orrego, de 51 años y 25 en Caracol, publicó por su parte una carta de su abogada en la que se detalla que su salida "obedeció a una decisión unilateral del empleador", que está dispuesto a atender a las investigaciones "administrativas, disciplinarias o judiciales", que "se abstendrá de hacer declaraciones públicas adicionales" y que aún "no existe decisión en firme, sentencia, ni pronunciamiento de autoridad competente" sobre los hechos denunciados.
BBC Mundo contactó a los dos periodistas señalados, pero no ha recibido respuesta.
Dos días después de la terminación de sus contratos, el 26 de marzo, Gonzalo Córdoba, presidente de Caracol, anunció que la empresa decidió avanzar en una "investigación independiente, a cargo de una comisión externa".
Estará liderada -agregó- por Catalina Botero Marino, quien fuera conjuez de la Corte Constitucional en varios periodos, relatora para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2008-2014) y decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes (2016-2021).
La indagación contará con "todas las garantías necesarias para asegurar que cada persona pueda ser escuchada con respeto y confidencialidad", añadió.
Y concluyó diciendo que "una institución solo puede ser verdaderamente fuerte cuando las personas que la conforman se sienten seguras dentro de ella".
Es un escándalo que no ha hecho sino empezar a destaparse. Ya son varias las personalidades, organizaciones y colectivos que han expresado públicamente su solidaridad con las denunciantes.
"Por las denuncias recibidas, sabemos que esto no se trata de unos casos puntuales y aislados en un medio de comunicación. Es una práctica estructural y común que se viene replicando desde hace muchos años y en distintos medios", explicó Juanita Gómez.
Las investigaciones acaban de empezar y no hay duda de que la sociedad colombiana las seguirá de cerca. Entre tanto, cinco mujeres periodistas que hoy tienen entre 30 y 52 años decidieron unirse para decirles a sus colegas que les creen y que van a trabajar juntas. "Ningún trabajo debería costarnos nuestra dignidad", subrayan.
BBC Mundo habló con Catalina Botero, Mónica Rodríguez, Juanita Gómez, Paula Bolívar y Laura Palomino de forma virtual, mientras se reunían en un apartamento en Bogotá.
Catalina y Monica fueron las primeras en empezar a recibir denuncias en sus redes sociales. ¿Con qué se encontraron?
Catalina: Recibí testimonios de algunas personas que conocía, otras desconocidas y de personas que son de diferentes generaciones. Incluso una mujer que fue jefa mía se acercó a contarme su historia. Son historias impactantes de acoso e incluso abuso sexual. Se me hiela el cuerpo.
Entendí que estaba asumiendo una responsabilidad muy grande, que tenía en mis manos un montón de testimonios y que tenía que publicarlos porque en los medios de comunicación, cuando hay estos escándalos, lo primero que quieren hacer es bajarle la caña. Empecé a publicar los testimonios y eso generó otra ola de calor.
Mónica: A mí me empezaron a escribir una cantidad de personas no solamente en X, sino también en Instagram. Comenzaron a destaparse mensajes de muchas personas que trabajaron en Caracol. Periodistas, maquilladoras, personas que hacían parte de producción.
Una de ellas no solo sufrió acoso, sino que vivió algo que rayó en el abuso. Ha sido muy doloroso.
Y una vez lanzan su campaña #MeTooColombia y #YoTeCreoColega no han parado de recibir correos electrónicos con denuncias. ¿Qué patrones han identificado?
Mónica: A pesar de que son denuncias distintas, sí hay muchas coincidencias en nombres y son los mismos comportamientos.
Algo clave es que a la mayoría de personas que hablaron o contaron lo que les pasaba, no les prestaron atención. Hay también un patrón de encubrimiento.
Paula: En los correos hemos identificado varios patrones.
La jerarquía. Abusos de cargos de poder, donde el agresor utiliza su influencia para condicionar la estabilidad laboral, el crecimiento profesional y el acceso a oportunidades. La reincidencia; varios de los testimonios coinciden en señalar a los mismos individuos a lo largo de décadas.
En cuanto al perfil de las víctimas, son principalmente mujeres en etapas de prácticas profesionales o recién graduadas. Se aprovecha su inexperiencia y el deseo de hacerse un nombre y la precariedad de sus contratos.
Hemos visto que la vulnerabilidad, la dependencia de una firma, o de una recomendación para entrar al gremio actúan como un mecanismo de silencio efectivo.
En cuanto al modus operandi, en los correos hemos identificado varios escenarios críticos, como cabinas de radio, ascensores, escaleras y oficinas privadas donde se busca el arrinconamiento.
También se habla de viajes de cubrimiento nacional e internacional en los que se aprovecha para atacar de forma sorpresiva, y del uso de mensajería, principalmente a través de Instagram.
Los testimonios coinciden en que las agresiones suelen empezar con un abuso verbal. Como "qué rica estás", "ay, qué bonito te queda eso", "qué bien se te ven las piernas"… y va aumentando.
Y también en que hay una normalización de esos comportamientos en las salas de redacción.
¿Cómo han vivido ustedes esa normalización de la que hablan en los espacios laborales del periodismo?
Paula: Lo que reportan las mujeres que nos han escrito es que en muchos casos los colegas varones que lo presenciaron, o estuvieron en medio de esas conductas, lo minimizaron diciendo que son coqueteos o chistes y dejando a la víctima aislada con comentarios como "ay, pero si es recocha", "él es así, pasado, normal".
Juanita: Por ejemplo, en su momento, alguien me dijo: "Usted no piense, su mente transparente, porque usted es presentadora".
El ambiente empieza a ser hostil, se vuelven espacios donde no es segura la conversación ni la interacción.
Y es desde el lenguaje, desde ese primer momento en el que tú consideras a esa subalterna como inferior, de una u otra manera también estas permitiendo que ahora estemos llegando a este punto y hablemos directamente de acoso sexual.
Se han normalizado los espacios laborales en donde las mujeres, además de trabajar y vivir, tienen que estar proyectando escenarios del tipo: "¿Será que me visto de esta manera o mejor de otra?, ¿será que hablo de esta manera o de otra?, mejor evito caminar por este pasillo, mejor me hago amiga de ellos y me mimetizo". Todo para intentar sobrevivir en medio de ambientes hostiles.
Ningún trabajo debería costarte ni tu tranquilidad, ni tu mentalidad, ni tu escala de valores, ni la manera en la que vistes o te comportas.
Y, sobre todo, no debería costarte la dignidad.
Ustedes también han llamado la atención sobre el silencio y el miedo a denunciar.
Paula: Encontramos que las oficinas de recursos humanos son entes pasivos o un lugar donde no se protege a la víctima. Suelen proteger la reputación del medio o la figura de poder involucrada.
Además, cuando la víctima rechaza las insinuaciones, el agresor pasa al acoso laboral. Cuando yo digo no quiero, no acepto y levanto la mano, empieza el acoso laboral hasta que me sacan o termino renunciando.
Catalina: Luego de ese acoso laboral puede llegar el ciberacoso también, que está muy presente en el gremio periodístico.
En mi caso, al no acceder a las pretensiones de uno de los acosadores, comenzó una campaña de difamación no solo al interior de la empresa, sino al exterior.
Paula: Otra de las dificultades a la hora de denunciar son las pruebas. Los agresores saben, por ejemplo, dónde está la cámara, o que las cabinas de audio suelen ser oscuras. Así que lo hacen en la oficina o en el cafecito que queda lejos.
Ese es uno de los mayores problemas de demostrar el acoso sexual en Colombia, pero hay procesos que se han logrado ganar ante la Justicia.
Ahora tenemos mujeres con nombre y apellido, y muchas están dispuestas a dar la cara y hablar.
Juanita: Extrañamente toda la atención recae sobre quienes deciden denunciar, versus las personas que generaron la agresión. Y por eso el reconocimiento es para esas jóvenes que decidieron denunciar y decidieron detonar todo esto.
Son unas revolucionarias con otra mentalidad. Es gracias a ellas que se abrió un poco esa grieta y que hoy estamos tramitando todo esto.
Ustedes han dicho que su objetivo es pasar de la denuncia a la acción. ¿Cómo planean hacerlo?
Paula: El plan de este movimiento tiene varias fases. La primera va a ser de análisis, de revisar qué es lo que tenemos.
La segunda, brindar un apoyo jurídico a las víctimas, que cada una nos diga qué quiere que hagamos con su testimonio. Solo nosotras tenemos acceso al correo, para que esto se haga de forma responsable.
Y la tercera fase será hacer un comunicado en conjunto sobre lo que encontramos, y dependiendo de la autorización de cada una de las mujeres y hombres. Porque también hay denuncias de hombres.
Es muy importante poder darle al país un consolidado de lo que logramos identificar.
¿Qué esperan que ocurra en los espacios laborales de los medios de comunicación para evitar situaciones como las que se denuncian?
Catalina: Nos han llegado preguntas sobre qué se considera acoso. Entonces, lo primero es la formación, tanto para hombres como para mujeres, para que conozcan qué es el acoso y cuáles son los límites.
Y lo segundo, rutas de atención, pero que sean efectivas, articuladas con algún ente de control.
Juanita: También es muy importante que haya un mea culpa real y auténtico por parte de los directivos de los medios de este país. A pesar de que medios internacionales han decidido visibilizar lo que para toda Colombia es evidente, muchos aquí ni siquiera han querido hacer al menos mención de esto.
Y no sé si es por acción o por omisión, pero mientras esa sea la manera de afrontar este tema, va a ser muy difícil que las cosas cambien. Ese sin duda tiene que ser el comienzo.
Laura: Yo hago un llamado a los directores de medios de comunicación, hombres que todavía en este momento están guardando silencio frente a esta situación.
El silencio ha sido ensordecedor, no han dicho absolutamente nada, no se han pronunciado y es un llamado a que se pronuncien, a que apoyen esta causa.
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