A los desorbitados precios de las entradas para los partidos del Mundial 2026, en algunas sedes de Estados Unidos se suma un gasto inesperado: el transporte hasta el estadio.
Recorrer unos pocos kilómetros en tren o autobús puede costar casi US$100, lo que ha generado críticas de grupos de aficionados, políticos locales e incluso de la propia FIFA.
El caso más polémico es el de Nueva York y Nueva Jersey, donde se disputará la final y otros siete partidos del Mundial que se celebra entre el 11 de junio y el 19 de julio.
Los aficionados que viajen en tren desde Manhattan hasta el MetLife Stadium deberán pagar US$98 por un billete de ida y vuelta.
Aunque se rebajó la tarifa en dos ocasiones tras una oleada de críticas, sigue siendo muy superior al precio habitual del trayecto durante los partidos de la NFL, que es de unos US$12.
En Boston, otra de las sedes estadounidenses, el tren especial hasta el Gillette Stadium costará US$80, cuatro veces más que en eventos deportivos normales.
Esto contrasta con lo que ocurrió en las Copas del Mundo más recientes.
En Rusia 2018 se habilitaron trenes gratuitos entre las ciudades sede, y en Qatar 2022 los aficionados con entrada tuvieron acceso sin coste al metro y a otros servicios de transporte público.
La controversia sobre los precios del transporte ha abierto, además, un debate más amplio sobre quién debe asumir los costes extraordinarios de movilizar a cientos de miles de aficionados en el mayor torneo futbolístico del mundo.
Nueva York y Nueva Jersey, en el centro de la polémica
La mayoría de las críticas por el precio del transporte se enfocan en la región de Nueva York y Nueva Jersey, donde se celebrarán ocho partidos del Mundial, entre ellos la final.
La polémica comenzó cuando NJ Transit, la empresa pública que opera el transporte ferroviario en Nueva Jersey, anunció que el billete especial de ida y vuelta entre Manhattan (Nueva York) y el MetLife Stadium costaría US$150.
La cifra provocó una inmediata reacción de aficionados, autoridades locales y de la propia FIFA.
El organismo rector del fútbol mundial llegó a advertir de que una tarifa tan elevada podría tener un "efecto disuasorio" sobre los aficionados que quisieran asistir a los partidos.
Tras semanas de negociaciones y presión pública, el precio se rebajó a US$105 y posteriormente a US$98.
Aun así, la tarifa sigue siendo muy superior al coste habitual de ese mismo trayecto durante los partidos de los New York Giants o los New York Jets de la NFL, que suele costar alrededor de US$12,90.
Y, para quienes prefieran acudir al estadio en su vehículo, los precios del estacionamiento superan en muchos casos los US$200 en los días de partido, según medios locales, lo que ha provocado aún más indignación.
Boston es la otra sede envuelta en la controversia por los costes del transporte para el Mundial.
Los aficionados que quieran desplazarse en los trenes especiales hasta el Gillette Stadium, ubicado en Foxborough, deberán pagar US$80 por un billete de ida y vuelta, frente a los US$20 que suele costar un servicio similar durante otros eventos deportivos.
En este caso, las autoridades locales alegan que será necesario poner en marcha servicios especiales para trasladar a decenas de miles de aficionados hasta el estadio, situado a unos 45 kilómetros del centro de Boston.
Las soluciones de Miami, Filadelfia o Atlanta
En todo caso, este no es un problema que afecte a la mayoría de las sedes donde se celebrará el Mundial.
Algunas ciudades han optado por absorber parte de los costes o buscar fórmulas alternativas.
En Miami, por ejemplo, las autoridades del condado han anunciado que ofrecerán autobuses gratuitos para trasladar a los espectadores hasta el estadio Hard Rock durante el torneo.
Según explicó el comité organizador local a la agencia AP, el objetivo es facilitar el acceso al estadio y reducir la congestión del tráfico.
En Kansas City los aficionados podrán utilizar servicios de lanzadera por US$15 ida y vuelta, una cifra muy inferior a las de Nueva Jersey o Boston.
Mientras, en Filadelfia el gobierno local firmó un acuerdo con Airbnb, patrocinador oficial de la FIFA, para aportar servicios de transporte gratuito de regreso después de los partidos.
Otras ciudades como Atlanta, Houston y Seattle mantendrán los precios habituales de sus redes de transporte público durante el Mundial.
La disputa sobre quién paga la factura
La polémica por las tarifas del transporte ha abierto el debate sobre cómo deben repartirse los costes de organización del Mundial entre la FIFA y las ciudades anfitrionas.
La controversia tiene su origen en los acuerdos firmados cuando Estados Unidos, Canadá y México obtuvieron la sede del torneo.
Los contratos originales suscritos por las ciudades anfitrionas en 2018 exigían ofrecer transporte gratuito a los aficionados para acudir a los partidos, pero la FIFA modificó ese requisito en 2023 al considerar que suponía una carga financiera excesiva para las sedes.
Desde entonces, las ciudades solo están obligadas a garantizar que los poseedores de entradas tengan acceso a transporte hacia los estadios, aunque tengan que pagar por ello.
Por eso algunas urbes han optado por subvencionar parte de los gastos o buscar patrocinadores privados, mientras otras han trasladado una parte importante de la factura a los aficionados.
En este caso, además, hablamos del mayor Mundial de la historia: la edición de 2026 será la primera con 48 selecciones y 104 partidos, y la FIFA espera obtener ingresos cercanos a los US$13.000 millones durante el ciclo 2023-2026, frente a los US$7.500 millones registrados en el ciclo anterior.
A esa cifra aluden quienes consideran que la organización debería asumir una parte de los gastos.
La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, afirmó que NJ Transit afronta una factura de unos US$48 millones para transportar de forma segura a unos 40.000 aficionados por partido hacia y desde el estadio.
Sherrill cuestionó que esos costes recaigan sobre los contribuyentes locales mientras la FIFA obtiene miles de millones de dólares en ingresos.
Por su parte, el líder demócrata del Senado estadounidense, Chuck Schumer, sostuvo que "lo mínimo que puede hacer la FIFA es garantizar que los residentes de Nueva York puedan llegar al estadio sin que les cobren precios abusivos".
La FIFA, por su parte, rechaza estos argumentos.
El organismo alega que eliminó la exigencia de transporte gratuito precisamente para aliviar la presión financiera sobre las ciudades anfitrionas y asegura que ha trabajado durante años con las sedes en sus planes de movilidad, además de impulsar la obtención de fondos federales para apoyar las infraestructuras de transporte.
También aduce no tener constancia de que en otros grandes eventos deportivos o musicales celebrados en el MetLife Stadium los organizadores hayan asumido el coste del transporte de los espectadores.
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