persona con bandera venezolana ondeándola al aire y con el sol de fondo

AFP via Getty Images

"Esto es como si un villano te estuviera salvando de otro villano".

Así describe Gabriel* su sentir ante lo que ha pasado en los últimos días en su país, Venezuela.

Gabriel es migrante, latino y parte de la comunidad LGTBIQ+. Como dice, él representa "todo en lo que (Donald) Trump está en contra".

Por ello es crítico de las políticas del presidente de Estados Unidos.

Pero también firme opositor a Nicolás Maduro: "El chavismo hizo que tuviera que emigrar de Venezuela de la noche a la mañana con US$250 en el bolsillo, tuve que empezar de cero en otro país y me negó la posibilidad de ver a mi familia durante 10 años".

Ahora, dice, se siente en un limbo.

"Parece que las personas no pueden comprender el estar en contra de ambas posturas, es difícil hacer entender este punto medio", me cuenta.

"En mi círculo cercano nos manejamos en esa batalla interna. Sin duda me da fresquito (alegría) ver a Maduro esposado. Pero por otro lado, ¿le tengo que agradecer esto a Trump?", matiza.

En la narrativa actual mundial, donde pareciera que todo es blanco o negro, Gabriel, así como el resto de personas entrevistadas para este artículo, forman parte de esa amplia gama de grises que es Venezuela.

Son aquellas personas que, siendo opositoras a Nicolás Maduro y al chavismo, también lo son de Donald Trump y de las acciones tomadas por el gobierno de Estados Unidos en los últimos días.

Todas hablaron con BBC Mundo con la condición de que no reveláramos sus identidades.

"Nos invadieron los gringos"

"Me desperté con los bombardeos. Estoy cerca de Fuerte Tiuna (uno de los puntos atacados) y pensé: 'Nos invadieron los gringos, coño'", me cuenta Ana* desde su casa en Caracas.

"Esto es trágico, muy doloroso. Cuando veo las fotos (de los destrozos) me siento mal. El primer día de la invasión terminé llorando de ansiedad. Es demasiado fuerte", me dice.

Por la educación que recibió, Ana es de izquierda y está en contra todo lo que huela a intervencionismo estadounidense.

"América Latina tiene un historial terrible cada vez que a Estados Unidos se le antoja algo o cada vez que cree que un presidente no debería gobernar, como el caso de (Salvador) Allende, por ejemplo".

Incendio en Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de Venezuela, visto a distancia tras una serie de explosiones en Caracas el 3 de enero de 2026.

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Ana vive cerca de Fuerte Tiuna y la despertaron los bombardeos del pasado 3 de enero.

"Así que, cada vez que escuchaba asomar la idea de que Trump podía invadir Venezuela, trataba de explicar que eso iba a ser contraproducente para nosotros. Que un político pida la invasión es lo contrario a la política, porque quiere decir que tú eres incapaz de lograr nada".

En este sentido, critica a la líder opositora María Corina Machado por haber dicho "que solos no podemos (salir del chavismo) y haber invocado al TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) para intervenir el país. Ella lo que quería era que sacaran a Maduro y ponerse a gobernar".

Tal vez un ojo poco entrenado a los grises de Venezuela pudiera decir que Ana es chavista. Pero es una acérrima opositora.

"Jamás los he apoyado (a los chavistas). Siempre me echó para atrás que (Hugo Chávez) fuera militar. Y luego se puso más autoritario y logró manipular más el sistema para quedarse en el poder. Y decíamos como un chiste que no había nada peor que Chávez. Y nos dejaron a Maduro: cero carisma y total brutalidad. La represión es el signo característico de su gobierno, junto a la crisis económica, que le explotó a él y fue terrible".

Un montónd de gente agrupada, ondenado banderas venezolanas y en un claro ambiente festivo en Santiago de Chile.

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Personas celebrando en Santiago de Chile, el sábado 3 de enero de 2026.

Con esta postura, a Ana la han atacado infinidad de veces.

En estos días, esos ataques a todo aquel que se sale de la línea que se considera "el deber ser" dentro de una "postura chavista" o dentro de una "postura opositora", se han intensificado.

Gabriel dice que ha sido abrumadora la cantidad de comentarios y ataques, así como la xenofobia exacerbada que ha visto sobre todo en redes.

Sin celebraciones

Hoy, ser venezolano es habitar muchas emociones a la vez.

Y aunque las imágenes de venezolanos celebrando la foto de un Maduro "con los ganchos puestos" han dado la vuelta al mundo, gente como Gabriel no pensó ni siquiera en festejar.

"Es muy complejo. Eso que tanto soñábamos está pasando, pero te sientes un poco culpable. Y además eres cauteloso en redes sociales, porque la primera lectura que hacen es 'aquí está el venezolano celebrando el imperialismo'", explica.

Igual le pasa a Laura*, quien como Gabriel debió migrar del país. Ella tampocó celebró lo ocurrido en la madrugada del 3 de enero y vive consternada por el intervencionismo, "tanto este de Trump como la clara intervención de Rusia y China en mi país".

"A la vez estoy abrumada de todo lo que está pasando y habito una especie de alivio, un resquicio de esperanza por ver a este hombre y a su esposa ante la justicia. Esto es habitar un montón de cosas a la vez".

Un montñon de mujeres, de pie o sentadas, con camisetas de color blanco, ataviadas con banderas venezolanas, cascos de motorizados, y llevando carteles de protesta, en medio de una de las principales vías de Caracas.

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Manifestación de mujeres contra Nicolás Maduro en mayo de 2017.

Desde cada espacio en que Laura trabaja, trata de "hacer de puente" entre dos posturas que parecen insalvables para que "la narrativa de Venezuela se construya de forma compleja" y no solo en una dicotomía blanco y negro.

"Me dicen tibia. Y esto viene de la parte radical de izquierda y de la parte radical pro-Trump. No se trata de que yo quiera estar bien con todo el mundo, sino de habitar realidades complejas. Y esto no me resta rectitud moral ni ética, sino todo lo contrario".

Reconoce que es difícil "mantener la ecuanimidad, porque la experiencia de la dictadura está atravesada en el cuerpo. En carne propia, en lo que nos ha tocado vivir y ver", pero que como venezolana ha vivido también en "la polarización y cómo se ha capitalizado por el poder y las fuerzas políticas para avivar un odio que al largo plazo nos hará daño a todos".

Venezuela a través de dos cristales

A la vez, tanto Gabriel como Laura reconocen que ha sido frustrante ver que en estos últimos días se ha buscado simplificar la cuestión venezolana según el cristal ideológico con el que se mire.

"El éxodo migratorio, las protestas de 2016, de 2017, las lecciones robadas de 2024, la problemática de los presos políticos durante los últimos años, sentir que en repetidas ocasiones hemos levantado la voz, pedido que nos ayuden a difundir, a sumarse a la causa… En los últimos días he sentido que a pesar de todo lo que hemos denunciado tantas veces en Venezuela pareciera que nadie lo ha escuchado o no lo ha leído o nadie lo ha visto", narra Gabriel.

Laura hace hincapié en lo que siente más profundo: la soledad del venezolano.

"Nadie puede decir que no lo hemos intentado todo. Hemos estado abandonados por años por la opinión pública y la izquierda internacional. Abandonados por el mismo Estado para el que no hemos sido prioridad y tampoco lo hemos sido para Estados Unidos. Es desolador".

En primer plano, bandera venezolana, de fondo, personas manifestándose con pancartas donde se puede leer en inglés "Hands off Venezuela" - manos fuera de Venezuela.

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Frente a la Embajada de Estados Unidos en una manifestación organizada por grupos activistas locales liderados por Acción Antiimperialista (AIA), compuesta principalmente por activistas irlandeses críticos con la política exterior estadounidense y la destitución del presidente Nicolás Maduro.

Y Gabriel añade que los ataques y la incomprensión no llegan solo en redes, también con conocidos o compañeros de trabajo. "Pareciera que los últimos días se resumen en 'los venezolanos están celebrando la invasión norteamericana porque ellos sencillamente odian el chavismo'. Y es más complejo que eso".

Ana hace balance de toda la situación: "¿Qué nos dejó la invasión? ¿Valió la pena? Todas las vidas que se perdieron, todo lo que destruyeron. ¿Qué de bueno se logró? Se llevaron a Maduro y a Cilia Flores. Yo los detesto. Pero según los tratados internacionales, ningún país tiene derecho a meterse en otro para secuestrar a un presidente. Y ahora vamos a ser el feudo neocolonial de Estados Unidos, con Delcy mandando, pero neoliberalmente".

Y Laura concluye que muchas veces, en el debate sobre la situación venezolana, "se pierde de vista que en Venezuela la prioridad es la vida, que hay gente sufriendo y cosas que muchos dan por sentando, como tener luz, agua o hablar por teléfono por la calle, que son difíciles de tener".

"Se nos olvida que hablamos de personas", termina.

*Los nombres de todos los entrevistados han sido modificados para proteger su identidad. Por esa misma razón no se especificó dónde se encuentran los dos entrevistados que dejaron Venezuela.

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