En junio de 1926, un anciano con ropa desaliñada fue atropellado por un tranvía al cruzar la calle de camino a la iglesia. Unos días más tarde, falleció en un hospital para indigentes.
El hombre era Antoni Gaudí, quien llegaría a ser conocido como "el arquitecto de Dios".
Gaudí dejó tras de sí una tarea titánica. Murió en medio de la construcción de la Sagrada Familia, una iglesia emblemática y altísima situada en Barcelona, al noreste de España.
Desde la distancia, la iglesia se eleva sobre el horizonte de la ciudad como un gigantesco ser orgánico erizado. De cerca, luce aún más como un ser vivo. Las fachadas, hipnóticamente detalladas y que representan escenas bíblicas, parecen brotar de la piedra.
Pensada para continuar mucho después de su muerte, la construcción de la Sagrada Familia planteó retos extraordinarios a quienes continuaron la obra.
Los bocetos y maquetas de Gaudí fueron destruidos durante la Guerra Civil Española en 1936, lo cual dejó a sus sucesores con escaso material para trabajar.
En su momento se pensó que las altísimas torres eran demasiado altas para sus cimientos y vulnerables al viento.
Sin embargo, 100 años después de su muerte, el pináculo central de la iglesia, la Torre de Jesucristo, se yergue completa a 172,5 metros. Esto convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo.
Y para celebrar el centenario, el papa León XIV presidirá este viernes una misa en la iglesia y bendecirá la recién culminada torre de Jesucristo, la más elevada del lugar.
Inspiración antigua
Como joven arquitecto católico, inmensamente ambicioso y devoto, Gaudí tenía dos objetivos, afirma Gijs van Hensbergen, historiador del arte y biógrafo de Gaudí.
"Crear, en primer lugar, una Biblia en piedra, que es la Sagrada Familia. Pero también corregir todos los errores de los estilos arquitectónicos anteriores".
Para ello, tendría que recurrir a una de las maravillas del mundo antiguo, el Arco de Taq Kasra en la antigua ciudad de Ctesifonte, en el actual Irak, un imponente ejemplo temprano de una estructura extremadamente estable denominada arco catenario.
Gaudí estaba convencido de que el arco catenario le permitiría corregir lo que él consideraba un elemento molesto de las catedrales de su época.
Para sostener sus techos abovedados, las grandes iglesias neogóticas se apoyaban en arbotantes —dedos de piedra que se extendían desde las paredes superiores hacia los niveles inferiores—. Gaudí los consideraba "muletas" para sostener un edificio que no podía soportar su propio peso.
En su lugar, recurrió al arco catenario para las 18 torres del edificio. Si se basaban en esta forma, las torres podrían soportar su propio peso.
"Era claramente alguien fascinado por las matemáticas, pero siempre porque era obra del Creador", afirma Van Hensbergen. Gaudí creía que la gravedad y el arco catenario eran inventos divinos.
"Eso, para él, lo habría convertido en un maravilloso leitmotiv, por así decirlo, un guiño a Dios como el gran arquitecto".
A medida que se desarrollaban sus conocimientos sobre estructuras y fuerzas, se sintió más seguro para eliminar las bóvedas y los arcos de la basílica que no eran estructuralmente necesarios.
"Rediseñó el templo tres veces", dice Liam Duff, ingeniero estructural que dirige un equipo que trabaja en la Sagrada Familia en la firma de ingeniería Arup.
Utilizó columnas ramificadas y despojadas en el interior de la nave, el espacio central de la iglesia. Inspirándose en la naturaleza, las columnas se construyeron para parecerse a árboles, con sus ramas extendiéndose hacia arriba para soportar el peso del techo y las torres superiores.
Desde la nave de la iglesia, iluminada por los tonos naranjas y rojos que se filtran a través de las vidrieras del oeste, las columnas en forma de árbol dan la ilusión de ingravidez.
Torres pesadas
A pesar del diseño sencillo y económico de las torres, la construcción de una de las más altas supuso un enorme desafío: era demasiado pesada.
La Torre de la Virgen María mide 138 metros de altura, sólo superada en altura por la Torre central de Jesucristo, de 172,5 metros.
Cuando se estaba construyendo la Torre de la Virgen María, se comprendió que las columnas situadas debajo se verían sobrecargadas por su peso si se construía utilizando métodos tradicionales de mampostería o en hormigón armado con revestimiento de piedra.
Una solución fue una estructura interna de acero para sostener la torre, revestida con paneles de hormigón más finos para aligerar la carga de la torre. Con este plan, la Sagrada Familia contrató en 2014 los servicios de un equipo de ingenieros estructurales de la empresa Arup, del Reino Unido.
"La Sagrada Familia es un lugar legendario, ¿no?", dice Steve McKechnie, ingeniero estructural de Arup que participó en el proyecto desde sus inicios. "Es algo en lo que uno soñaría con participar y simplemente se nos presentó la oportunidad".
Los ingenieros de Arup tuvieron una idea radical para abordar el peso de la torre.
Sugirieron prescindir por completo de la estructura de acero y del hormigón armado. En su lugar, propusieron utilizar una capa más fina de piedra tensada con tendones de acero internos. Fue un cambio significativo con respecto al plan anterior.
"Fue un cambio muy grande", afirma McKechnie. "Hubo un momento en el que pensamos que nuestros servicios no iban a ser necesarios, y el proyecto quedó en suspenso".
Afortunadamente eso cambió, dice McKechnie.
La teoría detrás de la idea de los paneles de piedra pretensados es que la piedra se vuelve extremadamente resistente si se comprime, pero si se hace lo contrario a la compresión y se intenta separarla, se agrieta fácilmente bajo la tensión y pierde resistencia.
Cuando el viento sopla contra una torre y la empuja hacia atrás, somete a tensión el lado de barlovento de la torre. Esta tensión pone a la torre de piedra en riesgo de sufrir grietas y daños.
La forma del arco catenario ayuda a mantener la piedra en compresión utilizando la propia masa de la torre. Pero el uso de paneles pretensados internamente con tendones de acero añade aún más compresión, lo que la hace más resistente.
Con este diseño, cuando sopla el viento, se produce muy poca tensión en el lado donde sopla el viento.
Los tendones situados encima y entre las ventanas también ayudaron a pretensar zonas que, de otro modo, podrían ser propensas a agrietarse. Esto era importante, ya que los diseños de Gaudí estaban llenos de ventanas para iluminar la basílica que se encuentra debajo.
La Torre de la Virgen María y otras cinco torres centrales, incluida la Torre de Jesucristo, se completaron con el uso de paneles de piedra pretensados.
"Gaudí se habría emocionado mucho con las posibilidades" de estas nuevas tecnologías, cree Van Hensbergen.
El arquitecto experimentó con diferentes métodos en la Torre de San Bernabé de la Fachada de la Natividad, que se culminó mientras estaba vivo.
Comenzó en la parte inferior con arenisca extraída de la cercana montaña de Montjuïc, cuyo color varía sutilmente del gris al beige, verde, ocre, dorado, morado y rojo. En la parte superior, utilizó cemento Portland.
"Era un material nuevo en Barcelona en aquella época", dice Duff.
Sus experimentos dieron sus frutos. "Es impresionante conocer la calidad de la construcción de la época de Gaudí", indica Fernando Villa, director de tecnología e innovación de la Sagrada Familia.
La iglesia de Gaudí, aún sin terminar
Mientras dignatarios como el papa León XIV se reúnen para celebrar el centenario de la muerte de Gaudí, la construcción de la iglesia aún está lejos de haber concluido. Entre otras áreas, la Fachada de la Gloria, la principal de la iglesia, aún está por terminar.
Incluso tras su finalización, las tecnologías modernas ayudarán a mantener el edificio. Los cambios en el viento, la temperatura y el movimiento del edificio con el paso del tiempo pueden provocar la proliferación de grietas tanto en el interior como en el exterior de la iglesia, afirma Villa.
Anteriormente, la Sagrada Familia dependía de escaladores para inspeccionar las grietas y fallas del edificio, una tarea que requería dos años para revisar cada parte de la basílica. Hoy se utilizan drones e inteligencia artificial para detectar grietas que requieren atención.
"Una vez que hayamos entrenado a la IA, será posible escanear toda la basílica en un mes", explica Villa.
Lejos de ser un monumento inamovible de piedra, la Sagrada Familia responde a los elementos casi como un ser vivo. Este movimiento y evolución constantes reflejan el diseño orgánico de la iglesia de Gaudí, dice Villa.
"La naturaleza es su maestra".
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