México enfrenta un problema energético desde hace varios años y las recientes tensiones petroleras en Medio Oriente, así como la agresiva política internacional de Donald Trump, está encendiendo alertas: depende mucho del gas de Estados Unidos.
Al menos el 75% del consumo diario de ese combustible en México viene de su vecino del norte, en su mayoría del estado fronterizo de Texas. Y casi la mitad del gas importado lo utiliza para generar energía eléctrica.
Si por alguna razón, política, económica o incluso natural (como ya ocurrió con una severa tormenta en 2021) hubiese un cierre a la válvula transfronteriza de este combustible, México estaría en una grave situación.
Qué hacer para evitar tal riesgo es la pregunta que ha abierto la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y que ha generado un debate entre políticos, analistas y científicos relacionados con el sector energético.
La mandataria ha impulsado la idea de que el país explore una solución a la que se ha opuesto el movimiento de izquierda al que pertenece: la explotación del llamado gas no convencional a través del fracking, una técnica extractiva controversial por sus efectos nocivos al ambiente.
"Yo misma durante muchos años dije 'el fracking no'. Pero cuando veo las nuevas tecnologías, la situación del país en términos de la dependencia, lo peor que podemos es solo decir 'no'; en lugar de 'vamos a averiguar si, en efecto, hay nuevas tecnologías, menores impactos ambientales’", dijo recientemente.
Su pronunciamiento se dio al presentar un panel de científicos y expertos que dictaminará si existe tecnología que haga del fracking una técnica menos nociva para el ambiente y las comunidades donde se realiza.
Mientras se da ese veredicto, Sheinbaum no ha dejado de expresar que la decisión conlleva no solo la soberanía energética del país, sino la propia "viabilidad y el desarrollo" del país y de las próximas generaciones de mexicanos.
El peso del gas importado
México en la actualidad requiere de unos 9.000 millones de pies cúbicos de gas natural al día, pero solo produce 2.300. Los 6.800 restantes (75%) los adquiere en el mercado de Estados Unidos, principalmente del estado de Texas (80%).
Poco más de la mitad de ese gas natural (56%) se destina a la generación de energía eléctrica que requiere el país, mientras que el 19% lo utiliza la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) para la extracción de combustibles. La industria (13%) y los hogares (11%) consumen el resto.
Los números reflejan la vulnerabilidad ante un evento adverso.
El país solo ha instalado almacenamiento de gas para resistir unos tres días, y las otras fuentes de energía no darían abasto para satisfacer la demanda de un país de 130 millones de habitantes.
En 2021, una severa tormenta invernal en Texas y el norte de México llevó al cierre de los gasoductos, lo que causó apagones en casi la mitad del territorio mexicano durante varios días.
"Al construir constantemente más centrales de ciclo combinado para producir electricidad, México se ha vuelto cada vez más dependiente del gas. El problema es que pasamos el pico de la producción nacional del gas en 2009. Entonces, cuando empieza el declive de la producción nacional, se dispara muchísimo la importación de gas", explica el geólogo Luca Ferrari, un investigador italiano del sector energético mundial en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El escenario "es dramático", continúa, pues si se elimina de la ecuación lo que Pemex usa para sus actividades petroleras, la dependencia del gas estadounidense para el consumo en el resto de los sectores del país es casi del 90%.
Y un problema paralelo y no menos grave, advierte, es la caída constante en la producción de petróleo por la que México tiene que importar casi 50% de la gasolina y diésel que consume en la actualidad y que seguirá agudizándose en la próxima década ante el fin de la vida útil de los ricos pozos petroleros que tuvo el país en su apogeo.
"Estamos en esta situación del final de la era del petróleo", asegura. Y no solo en México, sino en muchas partes del mundo.
El dilema del fracking
La presidenta Sheinbaum presentó en su primer año de gobierno un plan energético por el que pretende elevar de 24% a 38% la generación eléctrica con energías renovables para el final de su gobierno (2030).
Pero incluso con eso y otras fuentes nacionales añadidas a la matriz energética, el crecimiento de la demanda no podría ser cubierto en el corto y mediano plazo.
"Si no hacemos nada, pues cada vez vamos a importar más. ¿Qué problema tiene importar el combustible? Vean ahora lo que sufrieron muchísimos países del mundo con lo que pasó en Irán", dijo Sheinbaum al referirse a la escalada mundial de precios de los energéticos producto de la guerra en Medio Oriente.
Para Sheinbaum, que en su época académica fue una científica de investigaciones energéticas, una solución a mediano plazo es la explotación del gas no convencional que existe en el subsuelo de México a través de la fracturación hidráulica o fracking.
Se trata de una técnica que permite extraer el llamado gas de esquisto, un tipo de hidrocarburo que se encuentra literalmente atrapado en capas de roca a gran profundidad. Luego de perforar hasta alcanzar la roca de esquisto, se inyectan a alta presión grandes cantidades de agua con aditivos químicos y arena para fracturar la roca y liberar el gas metano.
Cuando el gas comienza a fluir de regreso lo hace con parte del fluido inyectado a alta presión.
El fracking se ha usado en el mundo desde mediados del siglo pasado y desde entonces la técnica fue criticada por el excesivo consumo de agua que requiere, la contaminación del líquido con químicos nocivos, las filtraciones a los mantos acuíferos subterráneos, la sismicidad que causa en el entorno y la afectación a comunidades cercanas, entro otros problemas.
La presidenta ha reconocido que tiene efectos, como "toda actividad humana", y no es la principal solución ni una opción definitiva para el problema. Pero desde que abrió el debate sobre su implementación, su discurso se ha inclinado a usar el fracking como una solución para la soberanía energética del país.
"Si yo tantos años me dediqué al cambio climático, no voy a decir que 'el petróleo es la solución'. Pero necesitamos una parte, durante un buen rato, en lo que desarrollamos otras alternativas. Sí lo tenemos que seguir usando, en lo que seguimos disminuyendo el consumo de energía", dijo recientemente.
La clave del uso del fracking, considera, es emplear nuevas técnicas que no requieran de un uso masivo de agua, que no empleen químicos tan nocivos y que haya un consenso con comunidades de las zonas.
¿Es una solución?
México tiene varias cuencas en las que hay presencia de gas de esquisto que podrían ser explotadas, en especial la que está en el noreste del país (y que forma parte de la región geológica que explota Texas), y en algunos puntos cercanos al Golfo de México.
Según el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, los "abundantes recursos de gas natural" del país que "no se han aprovechado" permitirían generar unos 8.000 millones de pies cúbicos para 2035, un volumen poco inferior al consumo actual, lo que daría cierta viabilidad a la autosuficiencia.
Pemex ya ha realizado desde hace varios años decenas de perforaciones mediante fracking que el presidente Andrés Manuel López Obrador limitó al máximo al llegar al gobierno (2018-2024).
Aunque defiende las causas de su predecesor, Sheinbaum insiste en que su gobierno ha detectado "una innovación enorme en este tema que permite que ya no se usen químicos tan contaminantes, que se usen químicos biodegradables, y también el reciclamiento de agua".
"Entonces, eso nos hace ver que hay que voltear a ver nuevamente al gas no convencional con ojos de soberanía y con ojos de reducción al máximo de los impactos ambientales. No digo 'cero impacto ambiental', porque no hay ninguna actividad humana que sea de cero impacto ambiental, sino reducción y mitigación de los impactos ambientales".
Convocó a un equipo de investigadores de las principales instituciones académicas públicas para evaluar en dos meses si hay viabilidad a las posibles nuevas técnicas.
Ferrari, sin embargo, señala problemas clave con el uso del fracking masivo como pretendería hacerlo el gobierno de México.
Por una parte, el investigador asegura que no existe una industria desarrollada ni estudios consistentes que validen que hay una tecnología más "verde" en la actualidad en el uso del fracking.
"Yo me puse inmediatamente a buscar en la literatura científica, porque propaganda de pequeñas empresas que venden magia siempre hay. Pero artículos científicos hay unos pocos y son cosas bastante experimentales, probadas a escala piloto aquí y allá, que realmente no cambian mucho la cuestión del impacto ambiental", asegura.
"Sobre todo, no son el estándar de la industria. Porque son más caros y no hay ni siquiera una producción industrial de estos compuestos que llaman biodegradables. Son cosas muy de boutique, intentos que hace la industria para pintarse de verde, porque obviamente hay mucha oposición", añade.
Por otra parte, las investigaciones que ha elaborado Ferrari con un equipo de la UNAM han mostrado modelos que apuntan a que el fracking solo podría sostener la oferta de gas para el país unos pocos años. Y cada vez sería más complicado por el crecimiento de México y el tipo de desarrollo económico de industria de manufactura y turismo que tiene.
"Estados Unidos empezó en 2005 y ya ha llegado al máximo. Y si no perfora brutalmente va a caer igual en 10 años. Pero ellos tienen muchísimo más gas no convencional que México, que tiene probablemente un 10% o 15% de los recursos que tiene Estados Unidos. Entonces también para México sería mucho más corto el tema", explica.
Desde su punto de vista, el gobierno mexicano está atravesando por fuertes presiones de EE.UU. para abrir su territorio al fracking y así poder vender el gas a mercados más atractivos que México en Europa y Asia.
"A Estados Unidos le conviene más mandarlo como gas licuado a Europa o Asia que exportarlo a México a un precio pactado relativamente bajo", considera Ferrari.
Pero, si no es el fracking, ¿qué se puede hacer?
La respuesta no es sencilla. Y requiere de mucho más que buscar en el subsuelo.
México, al igual que otros países del mundo, se enfrentará a menos disponibilidad de hidrocarburos, una extracción cada vez más costosa y demandas de energía cada vez más grandes.
Ferrari explica que hay varios modelos de desarrollo para las próximas décadas, pero apuesta por un ajuste de casi todos los aspectos de la vida humana para armonizar el consumo de energía.
"El tema aquí es muy incómodo, pero la conclusión científica, y hay muchos artículos de las mejores revistas que lo dicen, es que tenemos que crear con menos energía, o sea, tenemos que vivir con una cantidad inferior de energía y de materias primas, también por cuestiones ambientales", explica Ferrari.
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