"Estamos ante un nuevo desafío".
Con estas palabras, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) encabezó una entrada en su página web para describir la reducción de las lluvias, agravada por el fenómeno de El Niño, que nuevamente obliga a limitar el número de buques que transitan por la vía interoceánica más famosa de América.
Desde este jueves, la cantidad de barcos que cruzan el Canal pasará de un promedio de 36 diarios a 34. El ajuste será progresivo hasta el 15 de septiembre, cuando el número se reducirá a 32.
La decisión, indicó la ACP, es necesaria "para respaldar la sostenibilidad a largo plazo de las operaciones de tránsito".
El Niño, que este año se registra con una gran intensidad, es un patrón climático natural asociado con temperaturas más cálidas de lo habitual en las aguas de las zonas central y oriental del océano Pacífico tropical.
En algunas áreas de Panamá, incluida la cuenca del Canal, esto se ha traducido en una reducción de las lluvias, una tendencia que podría agravarse en los próximos meses.
"Aunque Panamá se encuentra en temporada lluviosa, las precipitaciones observadas en la cuenca han sido inferiores a lo previsto", sostuvo la ACP en un correo electrónico enviado a BBC Mundo.
Cualquier alteración en el funcionamiento del Canal puede repercutir tanto en el comercio global como en la economía panameña.
Por esta vía transita cerca del 6% del comercio mundial y genera para el Estado panameño más de US$3.000 millones anuales, le explicó a BBC Mundo el economista Carlos Arauz García.
"Cuando ocurren disrupciones, vemos una desmejora en las cadenas de suministro y de conectividad logística del mundo", comentó el experto en una entrevista previa al inicio de las restricciones.
No es la primera vez que la vía enfrenta un escenario de este tipo.
Hace tres años, una de las peores sequías de su historia obligó a la ACP a restringir el tránsito. Algunos barcos permanecieron esperando durante semanas y las navieras llegaron a pagar millones de dólares por conseguir un cupo.
El episodio actual se produce, además, en un momento de fuertes alteraciones en el transporte marítimo internacional. La guerra en Irán ha reducido el tráfico de buques por el estrecho de Ormuz, otra de las principales rutas del comercio mundial.
Pero ¿qué tiene el Canal de Panamá que lo hace especialmente vulnerable a la falta de lluvia?
La respuesta está en una característica fundamental de su construcción, que lo distingue de otros canales del mundo.
¿Cómo funciona el Canal?
El Canal de Panamá conecta el océano Atlántico con el Pacífico y acorta las distancias de los viajes marítimos, evitando que los barcos tengan que rodear continentes enteros.
Pero, a diferencia de otros canales, como el de Suez, donde las embarcaciones navegan a nivel del mar, en el sistema panameño deben ascender unos 26 metros para atravesar el lago Gatún, le explicó a BBC Mundo el consultor ambiental e investigador Manolo Zárate.
La razón está en los orígenes de la obra.
A finales del siglo XIX, una compañía francesa intentó abrir una ruta interoceánica excavando la cordillera panameña para crear un paso a nivel del mar.
Pero la magnitud del desafío, sumada a problemas financieros y sanitarios, hizo fracasar el proyecto y llevó a la empresa a la quiebra.
Cuando Estados Unidos retomó la construcción, optó por una solución distinta: creó el lago Gatún y el embalse Alajuela y construyó un sistema de esclusas para elevar los barcos hasta el lago y permitirles completar el recorrido entre ambos océanos.
"Las esclusas funcionan como ascensores de agua", explica Ilya Espino de Marotta, subadministradora de la ACP que este septiembre asumirá como la primera mujer en dirigir la entidad.
El sistema puede entenderse como una serie de cámaras de concreto.
Cuando un barco entra en una de ellas, esta se llena con agua dulce y la embarcación se eleva hasta alcanzar el nivel de la siguiente. El proceso se repite hasta llegar al lago Gatún.
Una vez la embarcación llega al otro lado del Canal ocurre lo contrario: las cámaras se vacían y el navío desciende hasta alcanzar nuevamente el nivel del mar.
Todo funciona por gravedad. El agua que entra en las esclusas no se bombea, señala Espino de Marotta.
La operación es "sencilla" de entender, dice Zárate. El desafío está en maniobrar los buques dentro de las esclusas.
Para hacerlo, en dos de las esclusas el Canal utiliza remolcadores: embarcaciones pequeñas, pero de enorme potencia, que ayudan a maniobrar y estabilizar los barcos al entrar en las cámaras.
En otras tres utiliza locomotoras que, como si fueran trenes, los guían a través de las esclusas.
Cada tránsito por el Canal, que tiene una longitud de 80 kilómetros, puede durar entre ocho y diez horas.
Y cada proceso de esclusaje requiere entre 51 y 55 millones de galones (entre 193,1 y 208,2 millones de litros) de agua dulce del lago Gatún.
Una parte de esta enorme cantidad de agua se reutiliza; otra termina en el mar.
¿Cuál es el impacto de El Niño?
Los lagos son la clave de la vulnerabilidad del Canal frente a las sequías, porque el agua que los alimenta proviene enteramente de la lluvia.
Este agosto, el gobierno panameño declaró un estado de emergencia ante la falta de precipitaciones asociada al fenómeno de El Niño.
Entre abril y agosto, el déficit acumulado de lluvias en la cuenca del Canal de Panamá alcanzó el 35,8% respecto del promedio histórico. Junio fue el mes más seco del año, con un 44% menos de precipitaciones que el promedio, y no hay señales de una recuperación a corto plazo, señaló la ACP a BBC Mundo.
Hasta la publicación de esta nota, el nivel del lago Gatún se mantenía en 84,2 pies (25,66 metros), por debajo de los 85 pies (25,91 metros) que la ACP considera óptimos.
Aunque la diferencia puede parecer pequeña, el problema no está solo en el nivel actual del lago, sino en la cantidad de agua que podrá seguir entrando al sistema.
La ACP afirma que, debido a que las lluvias de los últimos meses han estado por debajo de lo esperado y a las proyecciones meteorológicas sobre la intensidad de El Niño, el Canal decidió ajustar sus operaciones de forma planificada.
En un comunicado, el gobierno de Panamá advirtió que las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño podrían agravarse entre octubre de este año y marzo de 2027.
¿Cómo puede afectar a Panamá y al mundo?
El Canal de Panamá no solo es clave para el comercio mundial.
Sus lagos también abastecen de agua potable a cerca de dos millones de personas desde Ciudad de Panamá, hasta Colón y La Chorrera, además de sostener servicios esenciales como hospitales y escuelas, y actividades económicas que incluyen aeropuertos y negocios.
"En 2023 restringimos el número de buques para no impactar el consumo de la población. Eso es algo que queremos evitar en el futuro", le dijo a BBC Mundo el pasado mayo la subadministradora de la ACP, Ilya Espino de Marotta.
Durante la crisis hídrica de 2023 y 2024, el número de tránsitos diarios se redujo a 24.
Según Espino de Marotta, esto provocó una caída del 21% en el tránsito anual de embarcaciones y significó unos US$900 millones menos en aportes al Estado panameño.
Y, por supuesto, el impactó trascendió las fronteras del país.
De acuerdo con un informe de 2024 de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), la sequía en Panamá coincidió con los ataques de los rebeldes hutíes contra buques comerciales en el mar Rojo, que alteraron la navegación a través del Canal de Suez.
La combinación de ambas crisis elevó los costos del transporte marítimo, disparó las tarifas de flete y generó presiones inflacionarias a nivel mundial.
Las restricciones también pueden tener consecuencias a largo plazo para la vía interoceánica, comenta, por su parte, el economista Carlos Arauz García.
"No es un monopolio", advierte el analista, por lo que las navieras pueden optar por rutas alternativas si el Canal no logra garantizar un tránsito fluido.
Una de las conexiones más sensibles es la que une Asia, especialmente la producción china, con la costa este de Estados Unidos, continúa.
Para reducir su vulnerabilidad frente a futuras sequías, la ACP impulsa la construcción de un nuevo reservorio mediante el represamiento del río Indio, en la provincia de Colón.
Sin embargo, el proyecto, cuya construcción está prevista para comenzar en 2027, requeriría el reasentamiento de más de 30 comunidades, una medida que enfrenta la oposición de parte de los habitantes de la zona.
La represa de río Indio le daría unos 50 años de seguridad hídrica al Canal, asegura la ACP.
El consultor Manolo Zárate está de acuerdo con el proyecto, pero considera que no será suficiente.
También cree que Panamá debe desarrollar económicamente el interior del país y crear polos de desarrollo que reduzcan la migración hacia las zonas cercanas al Canal, donde la población se concentra en busca de mejores oportunidades laborales y aumenta la demanda de agua potable.
Arauz García también considera urgente la construcción del reservorio.
Añade que las comunidades que podrían ser desplazadas deberían recibir apoyo financiero y educativo para facilitar su reubicación y hacer posible el darle una vida más larga al Canal, una obra que, a su juicio, no solo pertenece a la nación centroamericana.
"Por accidente, está en Panamá, pero su impacto mundial es trascendental", concluye.
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Ilustración por Daniel García Arce.
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