El 14 de febrero, además de asociarse popularmente con el amor, ocupa un lugar propio en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica. La fecha recuerda a figuras que, en distintos siglos y contextos, fueron reconocidas por su testimonio de fe, su labor evangelizadora o su martirio.

San Valentin de Roma

Considerado el santo protector de los enamorados, que vivió en el siglo III, durante las persecuciones contra los cristianos en el Imperio Romano. La tradición sostiene que fue arrestado por predicar el cristianismo y asistir espiritualmente a los fieles, y que murió decapitado alrededor del año 270 bajo el mandato del emperador Claudio II.

Su reconocimiento como santo se debe a su condición de mártir, es decir, por haber defendido su fe hasta la muerte. Con el paso del tiempo, su figura quedó vinculada a la protección de los enamorados, una asociación que se consolidó en la Edad Media europea, aunque su veneración original está ligada al testimonio religioso y no a una celebración romántica.

San Cirilo y San Metodio

Hermanos originarios de Tesalónica que vivieron en el siglo IX y desarrollaron una intensa labor misionera en Europa Central y Oriental. Enviados a la región de la Gran Moravia, impulsaron la evangelización en lengua eslava, lo que supuso un cambio en la expansión del cristianismo.

A Cirilo se le atribuye la creación del alfabeto glagolítico, base del posterior alfabeto cirílico, lo que permitió traducir textos litúrgicos y facilitar la enseñanza religiosa. Metodio continuó esa tarea como arzobispo. Su canonización respondió a su aporte pastoral y cultural, y en 1980 fueron proclamados copatronos de Europa por el papa Juan Pablo II, en reconocimiento a su influencia en la identidad cristiana del continente.

San Auxencio de Bitinia

Fue un sacerdote y eremita del siglo V nacido en Siria, que ejerció inicialmente funciones administrativas al servicio del Imperio Romano de Oriente. Con el tiempo abandonó la vida pública para dedicarse a la vida ascética en Bitinia, región situada en la actual Turquía, donde se retiró como ermitaño en el monte que posteriormente llevaría su nombre.

Cobró notoriedad tras el Concilio de Calcedonia al defender la doctrina oficial de la Iglesia frente a corrientes consideradas heréticas. Fue reconocido por su vida austera, su firmeza doctrinal y la influencia espiritual que ejerció sobre quienes acudían a él en busca de orientación.

San Juan Bautista de la Concepción

Fue sacerdote de la Orden Trinitaria y, en el siglo XVI, promovió cambios dentro de la congregación para que retomara su estilo de vida original, basado en la sencillez, la disciplina y la ayuda a cristianos que estaban cautivos, que era la misión principal de la orden.

En medio de desacuerdos internos, impulsó una rama reformada llamada los Trinitarios Descalzos. Se destacó por su labor como predicador, guía espiritual y autor de textos religiosos. La Iglesia lo reconoció como santo por su dedicación a la vida religiosa y su influencia dentro del catolicismo en España.

Otros santos recordados el 14 de febrero

  • San Eleucadio de Ravena. Desempeñó un papel crucial en la difusión del cristianismo en la región de Rávena. Aunque no se conocen milagros específicos atribuidos a él, su compromiso con la fe cristiana dejó una marca indeleble en su comunidad.

  • San Nostriano. Fue un influyente obispo de Nápoles en el siglo V. Su vida estuvo dedicada a guiar espiritualmente a su comunidad y fortalecer la fe cristiana en tiempos de desafío. Nostriano es recordado por su piedad y liderazgo, características que le permitieron dejar un legado duradero en la Iglesia de Nápoles.

  • Beato Vicente Vilar David. Es un mártir reconocido por su profundo compromiso con la fe cristiana y su valentía ante la adversidad. Nacido en Manises, España, su vida estuvo marcada por la devoción y el sacrificio.

  • San Zenon de Roma. Era un soldado romano, estimado por su valentía y su fidelidad. Además de su entrega al emperador, era también un ferviente cristiano, y su fe era bien conocida entre sus compañeros de armas. Cuando el emperador Diocleciano, célebre por la dureza de sus persecuciones contra los cristianos, promulgó decretos en su contra, Zenón no dudó en profesar abiertamente su fe.

  • San Antonino de Sorrento. Es conocido por su intercesión en momentos de necesidad, siendo considerado un protector frente a las adversidades. Su legado perdura en Sorrento, donde es recordado como un símbolo de paz y contemplación.

  • Santa Alejandra de Egipto. La tradición la recuerda como una mujer de gran fuerza espiritual, que optó por una vida de retiro en busca de la pureza y la unión con lo divino. Aunque los detalles de su vida son escasos, su legado perdura en la memoria de los fieles que buscan inspiración en su ejemplo de santidad.

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