El santoral del 13 de febrero recuerda principalmente a San Benigno de Todi, sacerdote y mártir del siglo IV en Italia. De acuerdo con la tradición cristiana, fue perseguido durante las represiones contra los cristianos en el Imperio Romano y arrestado por predicar el Evangelio.
Se le honra como mártir por mantenerse firme en su fe hasta la muerte, convirtiéndose en símbolo de valentía y fidelidad religiosa. Soportó valientemente la tortura y la muerte, y fue enterrado por manos piadosas a la orilla de un camino, en donde después se construyó un monasterio benedictino.
Su testimonio forma parte de la memoria histórica de los primeros cristianos que defendieron sus creencias en tiempos de adversidad.
También se recuerda a San Fulcrán de Lodève, obispo francés del siglo X. En una época marcada por conflictos políticos y sociales, se destacó por impulsar la renovación espiritual y disciplinaria del clero en su diócesis.
Fue incansable en sus esfuerzos por conservar la vida moral dentro de su diócesis, especialmente entre el clero y las órdenes religiosas; reconstruyó muchas iglesias y monasterios, entre ellos la Catedral de Lodève , entonces dedicada a San Ginés de Arlés pero ahora al mismo San Fulcrano, y la iglesia de Saint-Sauveur con un monasterio benedictino adjunto.
Los pobres y los enfermos fueron objeto de su especial cuidado; para apoyarlos, fundó hospitales y dotó otros ya existentes.
La Iglesia lo recuerda por su compromiso pastoral, la restauración de templos y su esfuerzo por fortalecer la vida cristiana en el sur de Francia. Su legado está vinculado a la organización eclesial y a la estabilidad religiosa de su tiempo.
Se conmemora, además, al Beato Jordán de Sajonia, sucesor de Santo Domingo al frente de la Orden de Predicadores en el siglo XIII. Fue clave en la consolidación y expansión de la orden dominica en Europa, especialmente en centros universitarios.
Es recordado por su liderazgo, su capacidad organizativa y su impulso a la formación intelectual y espiritual de los frailes dominicos. Su figura ocupa un lugar relevante en la historia de la Iglesia medieval y en el crecimiento de las órdenes religiosas.
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