Ir al gimnasio ya no es la única forma de cuidar la salud. Actualmente, la búsqueda del bienestar abarca desde la actividad física y la alimentación saludable hasta la atención a la salud mental, el descanso, la fisioterapia, los deportes recreativos y otros hábitos orientados a mejorar la calidad de vida.

Este cambio también se refleja en el mercado. El Instituto Mundial de Bienestar (GWI, siglas en inglés) estima que la economía mundial del bienestar alcanzó los 6.8 billones de dólares en 2024, un crecimiento de 7.9 % respecto al año anterior, y proyecta que llegará a 9.8 billones de dólares en 2029. El organismo señala que el bienestar ya representa más del 6 % del producto interno bruto (PIB) mundial y que su crecimiento supera al de la economía global.

Según el GWI, el bienestar comprende las actividades y servicios que permiten a las personas incorporar hábitos saludables en su vida cotidiana. Entre ellos figuran la actividad física, la nutrición, la salud mental, el cuidado personal, la medicina preventiva y el turismo de bienestar.

Aunque en República Dominicana no existen estadísticas oficiales que cuantifiquen cuánto invierten las personas en este tipo de servicios, basta observar la diversificación de la oferta para notar un cambio en los hábitos de consumo. Además de los gimnasios tradicionales, han ganado espacio disciplinas como yoga, pilates, calistenia, crossfit, artes marciales, pádel, senderismo y clubes de running. A esto se suman consultas con nutricionistas, fisioterapeutas, psicólogos, entrenadores personales y coaches, además de una mayor demanda de suplementos alimenticios y productos vinculados al autocuidado.

En otras palabras, el bienestar ha dejado de entenderse únicamente como la ausencia de enfermedad o la práctica ocasional de ejercicio. Hoy, para muchas personas, implica construir un estilo de vida.

El bienestar va más allá del ejercicio

Esa transformación también se refleja en la forma en que las personas definen qué significa sentirse bien.

Según la coach de vida, Shary Burgos, uno de los principales cambios es que el bienestar ya no puede medirse solo por el estado físico o la comodidad.

"Sentirse bien no es la ausencia de incomodidad. Creemos que significa no sentir nada difícil y por eso pasamos años evitando lo que nos incomoda en nombre del bienestar".
Shary Burgos

Señala que sentirse bien está más relacionado con vivir en coherencia con las decisiones personales que con alcanzar un estado permanente de felicidad.

"Puedes estar atravesando algo doloroso y sentirte bien porque sabes que estás alineada con lo que elegiste. Y, al revés, puedes tener una vida cómoda por fuera y sentirte mal por dentro porque llevas tiempo evitando algo".
Shary Burgos

Burgos asegura que la mayoría de las personas que buscan acompañamiento no llegan únicamente por falta de motivación, sino porque enfrentan decisiones que han postergado durante meses o incluso años.

"Casi siempre dicen que buscan herramientas o motivación, pero en la conversación aparece otra cosa: una decisión que ya conocen y que han evitado enfrentar", afirma.

La especialista considera que el creciente interés por el bienestar responde, en parte, a que hoy existe una mayor apertura para hablar sobre salud mental y a la facilidad para acceder a información a través de internet y las redes sociales. No obstante, advierte que también ha surgido una tendencia a convertir el bienestar en una imagen aspiracional.

"El bienestar se volvió estética. Se volvió algo que se muestra, no necesariamente algo que se vive. Hoy es más fácil publicar sobre bienestar que practicarlo".
Shary Burgos

Desde su experiencia, las personas han comenzado a incorporar hábitos que trascienden el ejercicio físico. Acciones como la escritura personal utilizada como herramienta de autoconocimiento, la construcción de límites saludables, la búsqueda de comunidades con intereses comunes y una mayor intención de alinear las decisiones personales con el estilo de vida que desean construir, son algunos de los ejemplos que menciona.

Por eso insiste en que reducir el bienestar al ejercicio o la alimentación puede ser una visión incompleta.

"He visto personas con rutinas impecables que utilizan esa disciplina física para no mirar otros aspectos de su vida que siguen desalineados. El cuerpo importa, pero si el bienestar se queda ahí, termina siendo un bienestar de vitrina".
Shary Burgos

Para Burgos, construir bienestar no depende exclusivamente del dinero.

"Existen herramientas pagadas que pueden acelerar el proceso, pero el trabajo de fondo no depende de cuánto inviertas, sino del tiempo y la disposición para mirarte con honestidad y buscar un balance personal", señala.

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Shary Burgos, coach de vida.

El movimiento: uno de los pilares del bienestar

Aunque el bienestar abarca distintas dimensiones, el ejercicio continúa siendo una de las principales puertas de entrada para quienes deciden adoptar hábitos más saludables. Más allá de sus beneficios físicos, especialistas coinciden en que mantenerse activo influye en el estado de ánimo, el descanso y la calidad de vida.

Para Michael Medina, entrenador personal, el sedentarismo se ha convertido en uno de los principales desafíos de la actualidad.

"El ejercicio es fundamental para el bienestar físico y emocional de una persona, sobre todo en una era donde el sedentarismo impera de manera generalizada. Cada vez las personas se mueven menos".

A su juicio, el impacto del entrenamiento va mucho más allá de la apariencia física.

"El ejercicio no solo mejora tu apariencia física. El impacto en la salud mental es más poderoso de lo que la gente cree, porque ayuda a regular el sistema nervioso al reducir el cortisol, la hormona relacionada con el estrés, que es una de las grandes pandemias de nuestros días".

Explica que en la práctica quienes incorporan el ejercicio de forma constante suelen experimentar cambios que trascienden el rendimiento físico como mejoras en el estado de ánimo, la autoestima, la calidad del sueño, la energía, el desarrollo de la masa muscular y, en general, en una mejor calidad de vida.

Sin embargo, reconoce que la salud no siempre es la principal motivación para comenzar.

Basado en su experiencia como entrenador, estima que alrededor del 90 % de las personas llegan al gimnasio motivadas por mejorar su imagen física, mientras que un 10 % lo hace principalmente por razones de salud. Aunque aclara que, con el paso del tiempo, muchos terminan descubriendo beneficios que van más allá del aspecto estético.

También considera que la forma de entender el ejercicio ha evolucionado gracias al acceso a información especializada, la mayor oferta de cursos y certificaciones, así como la difusión de contenidos en internet, han contribuido a derribar mitos sobre el entrenamiento.

"Antes existía la idea de que había ejercicios para hombres y otros para mujeres. Hoy se entiende mejor que las rutinas pueden adaptarse a cualquier persona según sus objetivos", explica.

El gimnasio como punto de partida

El gimnasio también ha cambiado, ya que ya no se limita a un espacio con máquinas de pesas y equipos cardiovasculares.

Actualmente, muchos centros incorporan clases grupales y programas especializados como yoga, pilates, zumba, boxeo, crossfit, calistenia y entrenamiento funcional, entre otras disciplinas que buscan ofrecer alternativas para distintos perfiles de usuarios.

Para Medina, esta diversificación responde a que las personas buscan experiencias que les permitan mantenerse activas y, al mismo tiempo, disfrutar del proceso.

"Los entrenamientos son solo una parte del esquema relacionado con el bienestar", señala.

En ese camino, muchos clientes complementan el ejercicio con consultas de nutrición, fisioterapia, atención médica preventiva, suplementación y otros servicios orientados a mejorar su salud.

"Para ver resultados en el gimnasio, los buenos hábitos deben ir de la mano. La alimentación y el descanso son fundamentales", agrega.

¿Cuánto cuesta incorporar estos hábitos?

Adoptar un estilo de vida orientado al bienestar también implica una inversión económica que varía según las actividades y servicios elegidos.

De acuerdo con Medina, una membresía en un gimnasio que incluya entrenador personal puede oscilar entre RD$6,000 y RD$15,000 mensuales, dependiendo de las instalaciones y los servicios incluidos. A ese monto pueden sumarse otros gastos, como consultas con nutricionistas, entrenamiento personalizado o suplementación, según las metas de cada persona.

En términos generales, estima que una persona que combine varios de estos servicios podría invertir entre RD$10,000 y RD$16,000 al mes. Aun así, considera que ese gasto debe entenderse como una inversión en salud. "Estás cuidando de ti mismo. ¿Qué mayor valor que ese?"

En ese sentido, considera que el ejercicio y los hábitos saludables deben verse como una inversión en salud más que como un gasto.

"Sale más caro cuando tienes que pagarlo en médicos y medicamentos, y en ocasiones ya no es posible revertir la enfermedad. Entonces decides dónde prefieres pagar: en prevenir o cuando ya estás enfermo."

Cuando el bienestar se convierte en un estilo de vida

Para muchos, el bienestar comienza con una decisión personal y termina convirtiéndose en un hábito.

Ese fue el caso de Emil Socías, quien decidió inscribirse en un gimnasio buscando un cambio en su rutina diaria.

"Inicié mi proceso porque deseaba un cambio en mi vida. Entendía que para mi edad podía estar mucho mejor y no estar tan ocioso".

Lo que comenzó como una forma de ocupar su tiempo libre terminó transformándose en una parte importante de su cotidianidad.

"Ahora, lo que comenzó como una forma de matar el ocio se ha convertido en un estilo de vida donde me siento mejor, tengo mejor desempeño y me gusta cómo me veo. Al principio es difícil, pero luego de unos meses, cuando comienzas a ver los resultados, te entusiasmas."

Como ocurre con muchas personas que incorporan estos hábitos, el cambio también implicó una inversión económica.

Actualmente destina RD$1,850 mensuales a la membresía del gimnasio y alrededor de RD$6,750 en suplementación que reponer cada 1 o 2 meses, sin incluir el costo de una alimentación adecuada. En total, invierte aproximadamente RD$8,600, cifra que puede aumentar al sumar otros gastos relacionados con su alimentación y cuidado personal.

Pese al desembolso, considera que el beneficio supera el costo.

"Lo veo como una inversión en mi".

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Cambio físico de Emil Socías.

El bienestar también se construye desde la mente

Si el ejercicio se ha convertido en uno de los hábitos más adoptados por quienes buscan mejorar su calidad de vida, su impacto va más allá de la condición física. La actividad física también influye en la regulación emocional, el manejo del estrés y la percepción que las personas tienen de sí mismas.

El psicólogo deportivo, David Cruz Soto, explica la relación entre el ejercicio y el bienestar emocional está respaldada por procesos biológicos y psicológicos que ocurren durante la práctica de actividad física.

"Cuando hacemos ejercicio no solamente estamos trabajando el cuerpo; también influimos directamente en cómo nos sentimos y en la forma en que manejamos nuestras emociones", explica. Añade que la actividad física favorece la liberación y regulación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, relacionados con el estado de ánimo, la motivación y la sensación de recompensa.

Según el especialista, estos cambios ayudan a reducir el estrés y la ansiedad, además de ofrecer un espacio para desconectarse de las preocupaciones cotidianas.

"Nos permite canalizar momentos de estrés, disminuir la tendencia a quedarnos atrapados en pensamientos repetitivos y desarrollar una rutina que contribuya al equilibrio emocional", señala.

No obstante, subraya que el ejercicio puede convertirse en una herramienta complementaria para el bienestar, pero no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica cuando existe un trastorno de salud mental que requiere tratamiento profesional.

Cuando el bienestar deja de medirse solo por el físico

Cruz Soto advierte que uno de los riesgos del ejercicio es reducir el bienestar únicamente a la apariencia corporal.

"La apariencia física es solo una parte de nuestro bienestar. El problema aparece cuando creemos que solo estamos bien si nos vemos bien", afirma. Explica que esa visión puede llevar a comparaciones constantes, frustración y a minimizar otros beneficios del ejercicio, como una mejor salud cardiovascular, mayor energía, mejor calidad del sueño o una reducción del estrés.

El psicólogo resalta, además, la influencia de las redes sociales, indicando que estas plataformas pueden servir para encontrar información, inspiración o comunidades con intereses similares. Sin embargo, también pueden promover estándares corporales difíciles de alcanzar y generar expectativas poco realistas sobre cómo debería lucir una persona para considerarse saludable.

"Muchas veces olvidamos que el contenido que vemos en redes responde a una producción y a estrategias de mercadeo. Debemos utilizarlas como una fuente de referencia, no como una verdad absoluta", sostiene.

El hábito importa más que la intensidad

Por otro lado, el especialista destaca es que el bienestar no depende de realizar entrenamientos extremos, sino de construir hábitos sostenibles.

"Muchas personas esperan sentirse motivadas para empezar, cuando en realidad suele ocurrir al revés: comienzan con una acción pequeña y, a partir de ahí, aparece la motivación", explica. Por ello recomienda fijar metas realistas y avanzar de manera gradual, en lugar de intentar cambiar todos los hábitos de forma inmediata.

Considera, además, que la constancia suele tener un mayor impacto que la intensidad.

"No necesariamente tenemos que hacer entrenamientos muy intensos para obtener beneficios. Lo importante es encontrar una actividad que podamos integrar a nuestra rutina y mantener en el tiempo", afirma.

Encontrar una actividad que genere disfrute también aumenta las probabilidades de mantener el hábito. Ya sea correr, practicar yoga, asistir al gimnasio, bailar o jugar un deporte recreativo, el especialista sostiene que el ejercicio deja de percibirse como una obligación cuando forma parte del estilo de vida de la persona.

¿Y si el bienestar no se mide en dinero?

Por otro lado, no todas las experiencias relacionadas con el bienestar son iguales. Rosa, nombre ficticio utilizado para proteger su identidad, sostiene que el bienestar no siempre puede medirse por la cantidad de actividades que una persona realiza ni por el dinero que invierte en ellas.

Tras varios años en tratamiento por su salud mental, considera que existe una tendencia a asociar el bienestar con un estilo de vida que, en ocasiones, deja de lado la realidad de quienes enfrentan procesos psicológicos más complejos.

"Estoy muy harta de que la gente crea que estar bien del caco es ir a cafeterías y gastar un riñón en lugares aesthetic o pagar clases con alguien que vende un estilo de vida aspiracional".

Señala que esa visión simplifica una realidad que suele implicar consultas con distintos especialistas, medicamentos y un proceso que demanda tiempo y constancia.

"La salud mental no es un proceso lineal; duele y agota física y mentalmente. Se gasta mucho en médicos porque, mientras intentas mantener la cordura, puedes subir o bajar de peso, los medicamentos te alteran o aparecen otras condiciones de salud. Es un recorrido entre especialistas hasta encontrar qué te hace sentir mejor".
También cuestiona que el bienestar se presente como un estado permanente de equilibrio, cuando muchas personas deben enfrentarse a contextos personales y sociales que dificultan sostenerlo.

"Muchas veces sales de una hora de terapia y tienes que volver a una realidad que no necesariamente favorece el bienestar."

La economía del bienestar continúa creciendo al mismo ritmo que cambia la forma en que las personas entienden el cuidado de su salud. El ejercicio, la alimentación, la salud mental y el autocuidado forman parte de una oferta cada vez más amplia, pero también de una conversación que trasciende el consumo y las tendencias. Para algunos, sentirse bien implica invertir en un gimnasio, una consulta especializada o una disciplina deportiva; para otros, el mayor desafío está en encontrar equilibrio en medio de procesos personales que no siempre son visibles. En ese escenario, el costo de cuidarse puede calcularse en pesos, pero el bienestar sigue siendo una experiencia que va mucho más allá de una cifra.

EN ESTA NOTA

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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