Con la corresponsal de RFI en Pekín, Clea Broadhurst.
China considera a Taiwán como una de sus provincias y no descarta recurrir a la fuerza para tomar el control. Aun así, Xi Jinping dijo estar convencido de un futuro compartido entre chinos y taiwaneses.
“El mundo no está en paz, y la paz tiene un valor incalculable. Los compatriotas de ambas orillas del estrecho son todos chinos; como familia, aspiramos a la paz, al desarrollo, al intercambio y a la cooperación. Esa es nuestra voluntad común”, aseguró.
Según el mandatario, el futuro de las relaciones a ambos lados del estrecho de Taiwán debe quedar en manos de los propios chinos, un proceso que considera “inevitable” en la historia común.
Divisiones internas en Taiwán
Por su parte, Cheng Li-wun enfatizó que las miradas del mundo entero están puestas en ellos y que sobre sus hombros recae una responsabilidad histórica.
“La paz es un valor moral compartido por las dos orillas; ambas partes deberían superar la confrontación política para reflexionar juntas y construir una comunidad de destino en la que ambas prosperen, buscando una solución institucional que permita prevenir y evitar la guerra”, declaró la líder del Kuomintang.
Esta retórica de apaciguamiento llega en un contexto de crecientes presiones militares de China sobre la isla y de profundas divisiones internas en Taiwán sobre la estrategia a seguir frente a Pekín.
El Parlamento en Taipéi debate un importante presupuesto de defensa destinado a reforzar sus capacidades militares ante la presión china, mientras Estados Unidos impulsa abiertamente ese esfuerzo.
La visita de Cheng Li-wun alimenta las críticas del partido en el poder, que la acusa de mantener una relación demasiado cercana con Pekín. A pocos meses de las elecciones locales, el desafío es también político para la oposición, dividida entre apostar por la distensión y el riesgo de ser rechazada por la opinión pública.
Una estrategia de influencia bien afinada del lado chino
Más allá del gesto simbólico, estos encuentros se inscriben en una estrategia precisa para Pekín. China busca mantener canales políticos con la oposición taiwanesa para demostrar que el diálogo sigue siendo posible, siempre que se deje de lado a las autoridades actuales, consideradas demasiado independentistas.
Este enfoque se parece a lo que algunos analistas describen como una estrategia de “frente unido”: dar protagonismo a interlocutores vistos como más favorables, con el fin de influir en el debate político en Taiwán. El mensaje implícito es claro: otras opciones políticas en Taipéi podrían contribuir a reducir las tensiones.
Convencer a Washington de que hay una alternativa a la disuasión
El alcance de esta visita va más allá de las relaciones entre Pekín y Taipéi. Se enmarca también en la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos, principal aliado y proveedor de armas de Taiwán.
Al escenificar un diálogo con la oposición taiwanesa, Pekín intenta debilitar el argumento de que solo la disuasión militar puede garantizar la estabilidad.
El objetivo es también convencer a Washington de que una solución política sigue siendo posible y, de forma indirecta, frenar las ventas de armas estadounidenses a la isla.
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