Por la corresponsal de RFI en Moscú, Anissa El Jabri
No pasa un solo día sin que se escuche el testimonio de algún ciudadano que rechina los dientes. Son numerosos los comentarios y reacciones, espontáneos, y de una magnitud poco habitual. Hasta se expresan arrebatos de ira en las redes sociales.
Cuando consiguen conectarse, los rusos a veces se desahogan allí. Recientemente, una mujer que vive en un pueblo de la región de Nizhni Nóvgorod publicó un video en el que se expresaba sin rodeos: “Ya no soporto lo que nos hacen sufrir estos pequeños tiranos, totalmente desconectados de la realidad. No encuentro otra palabra. No me avergüenza decirlo. Vivo en un pueblo aislado. La única forma de trabajar y estudiar aquí es por internet. Mis hijos llevan una semana sin poder recibir educación”, cuenta.
La lista de sus dificultades se extiende también a su vida profesional y como ciudadana: “Para acceder a la caja registradora donde me pagan mis clientes, a mi banco para pagar mis impuestos, para sacar dinero, para todo eso, tengo que conectarme a una VPN”, enumera. “Para que mis hijos puedan conectarse al colegio, tengo que pagar una VPN… lo cual es imposible sin internet”, prosigue.
El uso de las VPN se está convirtiendo en un verdadero quebradero de cabeza. Desde el bloqueo de Telegram a principios de abril, las compras se han disparado. Según diversas estimaciones, hoy en día más de la mitad de los rusos tendría una. Sin embargo, y esto es algo nuevo desde hace unos días, ahora algunas aplicaciones oficiales, o las de los bancos, muestran un mensaje: “Atención, esta aplicación no se puede utilizar con una VPN activa”, o incluso se desconectan inmediatamente sin previo aviso cuando detectan su uso. Así que hay que pasar el tiempo conectando y desconectando la VPN, y luego conectando y volviendo a conectar otras aplicaciones… y así sucesivamente.
¿Hacia una ley para encarecer el uso de las VPN?
Una situación que pone a todos de los nervios, y esto no ha terminado: las autoridades barajan una ley que permitiría exigir a los operadores que identifiquen a los usuarios de VPN y les apliquen un recargo considerable por su uso. Al ser interrogado de nuevo el martes 14 de abril, el portavoz del Kremlin repitió el mismo mensaje: “Las consideraciones de seguridad imponen la necesidad de tomar ciertas medidas”. El Gobierno alega que estas restricciones están justificadas por los ataques con drones procedentes de Ucrania y que, por lo tanto, son temporales.
Muchos otros recuerdan que, incluso antes de la guerra en Ucrania, ya se hablaba de crear en Rusia un “internet soberano”, un internet 100 % ruso, lo que algunos denominan “un telón de acero digital”. La aplicación de mensajería nacional, Max, a la que las autoridades empujan a los rusos a migrar, no solo tiene fama de ser transparente para los servicios de seguridad: además, solo se puede descargar y utilizar con un número ruso o bielorruso. En otras palabras, es imposible llamar o recibir llamadas fuera de esos países.
Algunas influencers incluso se han pronunciado esta semana sobre el tema. La primera es Victoria Bonya. Tiene 46 años, pero aparenta 10 menos. Esta bloguera lleva unos 15 años afincada en Mónaco, aunque aparece regularmente en la televisión rusa. Hasta ahora, la influencer solía hacer publicidad de maquillaje, cosméticos y productos adelgazantes. Pero este lunes publicó un vídeo de 18 minutos en el que se dirigía al jefe de Estado ruso: “Vladimir Vladimirovich, el pueblo le tiene miedo. Los blogueros le tienen miedo. Los artistas tienen miedo. Los gobernadores tienen miedo. Usted es el presidente de nuestro país. No creo que debamos tener miedo. Creo que hay un muro inmenso y grueso entre usted y nosotros, la gente corriente. Y quiero derribar ese muro”, decía.
Victoria Bonya enumeró los temas de actualidad que preocupan en Rusia, como las graves inundaciones en Daguestán, los numerosos sacrificios de animales con el pretexto oficial del riesgo de epidemia en Siberia, pero también los bloqueos de internet y de aplicaciones de mensajería como Telegram. “Es así como nos apoyamos los unos a los otros dentro del país, nos da la posibilidad de permanecer unidos para no hundirnos”, afirmó.
Un mensaje de protesta que se ha vuelto viral
Su mensaje es muy prudente. No hay ningún ataque directo contra el jefe de Estado ruso ni una sola palabra contra los servicios de seguridad: dos líneas rojas bien conocidas en Rusia. Esta partidaria del régimen, que siempre ha afirmado apoyar a Vladimir Putin y nunca ha dicho una palabra en contra de la guerra en Ucrania, se dirige a un público con un perfil similar al suyo, centrado principalmente en sus preocupaciones cotidianas y sin ningún deseo de cambio de rumbo. Su mensaje de protesta, muy medido, ha recibido, según el último recuento, unos 15 millones de visualizaciones, más de 750.000 “me gusta” y unos 50.000 comentarios.
El miércoles 15 de abril tomó la palabra una personalidad muy afín al Kremlin: Iván Okhlobystin, partidario de la “operación especial” y de las autoridades rusas, a quien incluso se vio en el escenario de la Plaza Roja a finales de septiembre de 2022 durante la velada de celebración de los referéndums de anexión de las regiones de Lugansk, Donetsk, Zaporizhia y Jersón. Este ultraloyalista, comprometido con la reelección de Vladimir Putin en las elecciones presidenciales de 2024, ha criticado públicamente el bloqueo de internet, comparándolo con un retorno a la URSS. “Las restricciones digitales son un enorme error”, declaró, “vivimos en el siglo 21, donde eso no puede limitarse”.
Según el VTSIOM, el instituto oficial de sondeos, la popularidad de Vladimir Putin ha caído este mes al 67,8 %, ocho puntos menos que en enero y, sobre todo, al mismo nivel que en septiembre de 2022, en el momento de la movilización parcial. Cifras que hay que tomar con cautela, evidentemente, en un periodo de conflicto y censura militar.
La publicación de estas cifras y de este video coincide con el momento en que las autoridades rusas aceleran sus preparativos para las elecciones a la Duma del próximo mes de septiembre. Se trata de las primeras desde el inicio de la ofensiva en Ucrania.
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